La iniciativa se proponía seguir los pasos de la escuela argentina creada por el crítico teatral argentino y teórico Jorge Dubatti. Esta filial uruguaya, que regularmente opera en un salón de la Fundación Wizo (Gurí 968, esquina 21 de Setiembre), cuenta con cerca de 20 miembros activos. Cada lunes estos se reúnen a debatir en torno a diversas obras teatrales y películas exhibidas en la cartelera montevideana.
“Luego, existe una segunda instancia que consiste en el análisis de la puesta en escena y, finalmente, hay una tercera etapa que propone un diálogo con el director de la misma”, continuó.
La escuela no se rige por un programa fijo, ya que las actividades dependen de los espectáculos que se estén exhibiendo en cartelera.
En lo que va de este año, han trabajado en torno a puestas como Pogled, de Ivan Solarich, Shanghai, de Gabriel Peveroni y María Dodera, y El hábito del Arte, bajo la dirección de Jorge Denevi, entre otras.
Para Braselli, la justificación de la escuela es clara: “Cuando veo un partido de fútbol americano no se me mueve un pelo, porque no tengo los códigos básicos para saber lo que sucede en la cancha. Lo mismo le puede ocurrir a otra persona cuando se enfrenta a una pieza teatral”.
Desde su punto de vista, si bien una persona puede disfrutar de un espectáculo sin tener un marco de referencia previo, no lo hará con la misma intensidad que alguien que se haya preparado para hacerlo.
Simultáneamente, la escuela funciona como un centro de difusión de espectáculos de calidad, que muchas veces no tienen una presencia importante en los medios de comunicación tradicionales. Braselli explicó: “En una cartelera en donde coexisten más de 50 espectáculos al mes, también operamos como una suerte de guía de lo que vale la pena ver”.