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Los hijos de Larrañaga le dan el último adiós

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Está en su tierra: el último adiós al caudillo sanducero

Asombrados e impactados por su repentina muerte, el sábado en Montevideo a causa de un paro cardiorespiratorio a los 64 años, los sanduceros se volcaron este lunes a darle el último adiós a Jorge Larrañaga

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25 de mayo de 2021 a las 05:00

Su tierra le quiso brindar una despedida sentida y emotiva, llena de significados, de gestos, de detalles, de homenajes. Y así sucedió. Asombrados e impactados por la repentina muerte, el sábado en Montevideo a causa de un paro cardiorespiratorio a los 64 años, los sanduceros se volcaron este lunes a darle el último adiós a Jorge Larrañaga, el ministro del Interior y el que fuera intendente del departamento durante dos períodos. 

Familiares, amigos, miembros del gobierno –encabezados por el presidente Luis Lacalle Pou–, allegados políticos, dirigentes del Partido Nacional, y un gran número de ciudadanos que estuvo presente en todos los puntos del itinerario del cortejo fúnebre, manifestaron su emoción por el inesperado deceso del caudillo blanco. 

Las calles de Paysandú comenzaron a rendirle tributo el domingo por la noche cuando arribó el coche fúnebre con sus restos mortales; en el ingreso a la ciudad y en la ruta, cientos de personas aguardaron el paso del vehículo para observarlo en silencio acompañado por respetuosos aplausos. La comitiva tenía como destino la Cochería y Previsora San José, donde otro numeroso grupo de personas esperaba por Larrañaga. “No hay rincón de Paysandú sin una impronta de Jorge”, manifestaba esa fría y nublada noche el intendente Nicolás Olivera. 

La despedida del caudillo blanco en Paysandú

En ese mismo lugar, se inició este lunes por la mañana –esta vez con un día soleado– la etapa final de los homenajes al exintendente Larrañaga, que culminó con su sepelio al mediodía. 

Una caravana de jinetes, de distintas aparcerías y precedidos por ocho blandengues, llegó temprano a la plaza José Pedro Varela, frente a la Cochería San José. Estos hombres y mujeres de campo, vestidos con los atuendos correspondientes, con banderas uruguayas, sanduceras y del Partido Nacional, se unieron a la despedida y le hicieron lugar a un caballo muy especial: el de Larrañaga, sin jinete, pero con el poncho del dirigente blanco sobre el lomo del animal. 

“Era el caudillo de los pagos del interior. No hay otro”, aseguraba una señora de Tres Árboles, cercano al pueblo Morató –ubicado casi en el otro extremo del departamento–, que no quiso perderse ese momento en la plaza Varela sanducera. Al lado del coche fúnebre, mostraba con lágrimas en los ojos y voz quebrada todo su afecto por Larrañaga. 

El presidente Lacalle Pou encabezó el entierro del ministro del Interior en su natal Paysandú

A las 10.15 de este lunes, el Mercedes negro de la empresa Martinelli recibió nuevamente el ataúd con el cuerpo del ministro del Interior para disponerse a salir hacia el cementerio, no sin antes permitir que los familiares y simpatizantes pudieron tocar el cajón coronado con un crucifijo.

En medio de un silencio compungido, se oyó el grito de “hay orden de no aflojar”, de “lo vamos a extrañar”, seguido de aplausos y de una breve entonación de la canción que homenajea a José Artigas, “A don José”. Acto seguido, partió el cortejo a paso de hombre, en sentido contrario a donde se encontraba el cementerio: había que hacer una parada en el edificio del gobierno departamental, a seis cuadras, donde esperaba el intendente Olivera y otros dirigentes, con la intención de colocar una bandera de Paysandú sobre el féretro de su líder. Más personas quisieron tocarlo, más abrazos, más lágrimas, más emociones. “Vamo’ arriba Larrañaga nomá” se escuchó con fuerza. 

A esa altura la fila de autos que seguía el coche fúnebre y a los blandengues, imponentes en sus trajes y solemnidad, era de varias cuadras, además de las personas que se iban sumando a pie, apostadas en cada punto por donde pasaba la comitiva, con banderas de Uruguay, de Paysandú y de diferentes agrupaciones de los blancos –hasta una de la campaña de Vivir sin miedo–, con teléfonos celulares en mano, filmando o sacando fotos. Y aplausos,  muchos aplausos. 

Una vez dejado atrás el Palacio Municipal, el cortejo enfiló hacia el Cementerio Central, en el que la familia Larrañaga tiene un panteón. De calle Zorrilla de San Martín hasta Leandro Gómez, luego una solitaria cuadra por Cerrito, para tomar por avenida España, República Argentina, doblar a la derecha por Joaquín Suárez y, justo en la esquina de la terminal de ómnibus, direccionar por Ituzaingó hasta llegar a la necrópolis a las 11.31. Otra multitud esperaba afuera. 

Los sanduceros despidieron al exintendente en las calles de la ciudad

Y dentro, ya se encontraban el presidente Lacalle, la vicepresidenta Beatriz Argimón, los ministros y hasta el intendente de Canelones, el frenteamplista Yamandú Orsi. El acto protocolar comenzó a las 11.43, cuando se retiró el cajón del coche: los hijos de Larrañaga (Jorge, Aparicio, Juan Francisco y Faustino) y Lacalle Pou se encargaron de portarlo hasta un sitio contiguo al panteón familiar. 

Luego de la entonación del Himno Nacional, el mandatario tomó la palabra y en un discurso de casi 10 minutos enalteció la figura de Larrañaga al que calificó como “bastión” en varios aspectos y de un “defensor de las leyes”. Y, dirigiéndose a los hijos –contenidos en ese momento por Santiago González, director de Convivencia y Seguridad Ciudadana–, dijo que la actividad política es “ensanchar el corazón” y se trata de un “acto de generosidad”. “No es querer menos, en el corazón hay capacidad para casi todo”, y “el corazón de su viejo estaba compartido por tres millones y medio (de personas), por lo que siéntanse honrados”.
Jorge, el hijo mayor del ministro del Interior y embargado por la emoción, también se permitió unas palabras. En el medio de su congoja, remarcó que tanto él como sus hermanos estaban “orgullosos” de su padre y muy agradecidos “por todo” lo que les dio. En un esfuerzo por reprimir el llanto, gritó: “apretar los dientes y para adelante”.

Pasado el mediodía la ceremonia tocaba a su fin con la entrega del pabellón nacional que cubría el ataúd de Larrañaga, por parte del presidente Lacalle a los familiares, con los disparos de salvas, el toque de trompeta y el instante íntimo para sus más próximos a la hora de la colocación del féretro en el panteón. Así, ya descansa en su tierra Jorge Larrañaga, el caudillo blanco del interior. 
 

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