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La historia de la escuela de rugby y merendero que fue robada 34 veces en seis meses

La de Nueva España fue la primera de cuatro escuelas que atienden a unos 200 niños

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06 de enero de 2019 a las 05:00

Se escucha la voz de una mujer quebrada en llanto describir las imágenes que va registrando en un video. En los primeros segundos, lo que se ve es a un perro que camina sobre el piso en un espacio todo revuelto, entre cajones, ropa, cartones y otros objetos difíciles de identificar; una heladera abierta y aparentemente vacía y una parte levantada de un techo de chapa.

Las imágenes son de la escuela Rugby Inclusivo Uruguay y la voz, la de su directora, Cecilia Profumo.

“Van 34 veces con el de ayer”, contó a El Observador este sábado un poco más calmada que cuando grabó el video. Agregó que recuerda con detalle cuál fue el robo número 25 -cuando lloró toda una mañana encerrada en su cuarto-, el 17, el 8 y el primero, que lo atravesó al segundo día de abrir su emprendimiento basado en Rugby para niños de contexto crítico en julio de 2018, en la calle Servidumbre del barrio Nueva España.

“En las fiestas sufrimos pequeños robos casi todos los días”, dijo y señaló que el de este viernes fue “el más grande” y el que “terminó de detonar”. 

En la misma publicación de Twitter, Profumo había pedido ayuda y comentó sobre la falta de respuesta al llamar a la seccional 18, la misma ausencia de respuesta que se obtuvo cuando El Observador llamó el sábado de tarde. 

"Por favor ayúdennos llamamos a las seccionales 18 y 25 y nadie responde. Llamamos a Jefatura no atiende, llamamos al 911 3 veces y no vienen! Ya es demasiado la impunidad! Ayúdennos a hacer esto viral es la número 31 que nos roban! Lamentablemente tendremos que cerrar!", escribió en el tuit. 

Profumo se encontró con la situación en la mañana de este viernes y además de llamar a las seccionales, dijo que al intentar con el 911 le respondieron que no encontraban la calle. "Y vinieron 33 veces", contó.  

A las 5 de la tarde llegó al lugar el jefe de zona 3 y fue ahí cuando llegó también la policía. Contó que una de las tantas veces que robaron, la policía detuvo y soltó a uno de los identificados, que incluso una vez le llegó a avisar a Profumo dónde estaban los objetos robados. 

Una maceta que sus hijos le regalaron por Navidad, canillas, leña, bolsas de cal, todo lo que había en la heladera, unas 300 bolsas donadas de fideos, vajillas, calefón y garrafa fueron algunas de las cosas que se llevaron esta vez y que Profumo cuenta aún sorprendida. Pero la angustia del otro lado del teléfono se hizo más notoria cuando contó que también robaron una huerta que estaban trabajando los niños. “Nuestra idea es formar una huerta grande y que de ahí los padres puedan sacar para comer, para vender en la feria y tener un ingreso para poder mantener a su familia. Porque hay padres que pueden ser delincuentes pero hay otros que realmente no consiguen trabajo”, relató.

Herramienta para la inclusión social

El proyecto, como se describe en su página web, apuesta al rugby “como una herramienta para la educación y la inclusión social” y es solo la base de algo que Profumo quiere llevar mucho más allá. “Mediante este deporte trabajamos los valores y fomentamos la educación. La idea no es solo trabajar el deporte, es sumar padres y niños y sacar el trabajo desde aquí para que esas familias no sigan en ese contexto crítico”, comentó la profesora. Hubo padres que pidieron apoyo escolar y la escuela los alfabetiza de la mano de un maestro voluntario. También hacen mermeladas caseras con naranjas donadas y chismosas con el logo de la escuela, todo para vender. 

Profumo (44) llegó de Barcelona hace cinco años, a donde había emigrado y en donde se formó como entrenadora de rugby, además de haber jugado en varios equipos. Al llegar, inscribió el proyecto de la escuela y comenzó a trabajar con la Fundación Celeste. Estuvo allí tres años encargándose de un proyecto de prevención de violencia en adolescentes y paralelamente trabajó como entrenadora voluntaria en el instituto de rehabilitación de la cárcel de Punta de Rieles y en la Colonia Berro.

Antes de abrir esta primera escuela en un espacio que le donó un pastor evangélico, daba las clases y la merienda a los niños en un predio de la zona. La de Nueva España fue la primera de las cuatro que posteriormente abrió por peticiones de los interesados en distintos barrios. Las otras están en Cruz de Carrasco, Playa Pascual y Marconi.

Según Profumo, los valores del rugby uruguayo no son los mismos que obtuvo cuando se formó en España, y que quiere fomentar en Uruguay. "Del rugby uruguayo no recibí ninguna llamada. Un tema es que hay una mujer trabajando en este deporte que supuestamente es de hombres. Y además hay un tema de elitismo. En nuestro país se considera que el rugby es para gente de dinero, cuando el deporte no tiene clase social, ni religiosa ni política", afirmó.

Las escuelas se sustentan con donaciones y con los ingresos del trabajo de Profumo como educadora deportiva en un refugio de Pando. “Compramos los alimentos y a veces nos dona gente que nos sigue. Me llaman a principios de mes y me preguntan qué me falta, para traerme un surtido”. Cuenta con la ayuda de una coordinadora general y además una empresa les proporciona los equipos cada vez que van a competir.

Profumo, que es madre de tres jóvenes de 24, 20 y 14, tiene un trabajo remunerado pero asegura que las escuelas de rugby inclusivo ocupan la mayor parte de su vida. “Trabajo de noche en el otro trabajo para poder estar acá” dijo, y entre la amargura se le escapó una risa cuando aseguró que duerme “un poquito”. 

La entrenadora contó que la de Nueva España es la escuela principal, donde se hizo la fiesta del día del niño, la de Navidad y donde se preparaba para ver los rostros iluminados de los niños el 6 de enero. A este centro asisten 70 niños de lunes a sábados y llegan a 200 entre las cuatro escuelas. “Teníamos todo preparado: juguetes, ropa, todo para festejar reyes y lamentablemente ahora no podemos”.

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“¿Qué hacer con todo esto? No nos queda otra que cerrar”, decía la profesora de rugby en el video publicado en Twitter. Pero para Profumo irse implica no solo “que ellos -los delincuentes- ganen”, sino que además significa dejar a cada niño sin lo único que los permite salir, al menos por un rato, de su difícil contexto. "Sentarlos a comer una pizza con muzzarella, algo para nosotros tan común y ellos te dicen que nunca comieron eso. Hay niños que no conocen los colores, que no saben lo que es un juguete y te cambian una honda por un autito de juguete".

Por eso y por la petición del presidente de la Federación de Atletismo -quien la llamó para solidarizarse-, pero sobre todo por los “llantos a mares” de los niños cuando los juntó para contarles que cerraba, decidió seguir. “Me vengo a vivir acá al final. No voy a cerrar. Lloraban a mares y los entiendo, porque acá ya no hay nada. Se quiere ir el presidente del club de fútbol del barrio porque está cansado de que le roben, me lo planteó ayer. No me puedo ir”, dijo, y se le volvió a quebrar la voz: “¿Cuál es el futuro que queremos cambiar si nos cansamos y nos vamos?”.

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