El movimiento francés en defensa de la familia, que se consolidó en su lucha contra el casamiento gay, volvió con peso a la calle. El domingo logró otra demostración de fuerza con masivas manifestaciones en París –con estimaciones de 500.000 personas– y en Burdeos. Ahora el principal reclamo de los participantes es contra el recurso a los vientres de alquiler y el reconocimiento de los derechos de filiación de los hijos de parejas de homosexuales que usaron la inseminación artificial.
Familias enteras, matrimonios, abuelos, niños que recién aprenden a caminar y muchos jóvenes tomaron las calles de París este fin de semana. Son todos simpatizantes de La Manif Pour Tous (la manifestación para todos), un conjunto que surgió en contra del “casamiento para todos”, como se difundió la ley promulgada por el gobierno francés.
Si bien la unión legal de personas del mismo sexo fue aprobada pese a las protestas multitudinarias que comenzaron en noviembre de 2012, el grupo tiene ahora otros objetivos. El principal es hacerse escuchar para que los candidatos de 2017 acojan sus principios.
Así, los reclamos han ido variando con el tiempo, en parte debido a la diversidad de personas que integran el grupo que se identifica con los colores celeste y rosado –tradicionalmente asociados al niño y la niña– y las siluetas de una familia compuesta por un padre, una madre, una niña y un niño. En las manifestaciones son protagonistas los católicos pero en parte casi igual a los musulmanes, un colectivo que ha estado especialmente activo en la defensa de la familia, los judíos y los ateos.
“Aceptar es legitimar”
El principal dilema que plantean ahora los manifestantes es el de los niños nacidos por vientre de alquiler. La práctica está prohibida en Francia al igual que en la mayoría de los países de la región y el gobierno francés se ha declarado en contra con insistencia.
“Es una práctica intolerable de comercialización de seres humanos y de mercantilización del cuerpo de las mujeres”, suele repetir el primer ministro Manuel Valls.
Pero el alquiler de vientres plantea el dilema de qué hacer con el niño nacido por ese método en un país donde está permitido pero cuyos padres lo quieren inscribir en otra nación, seguramente su país de origen. Valls declaró el viernes que su gobierno “excluye” la transcripción automática de estas legalizaciones porque “equivaldría a aceptar y normalizar el alquiler de vientres”.
Sin embargo, las autoridades permiten que padres franceses “importen” niños gestados en el extranjero por mujeres que, en caso de tener algún reclamo legal, no acudirían a las cortes galas. Los manifestantes sostienen que el Elíseo se deja estar para luego, dentro de varios años, decidir regular una situación que estará instalada de hecho. Así lo explicó en una entrevista del periódico francés Le Monde la periodista Gaëlle Dupont: “Alegan que aceptar la situación es lo mismo que legitimarla y que ya están legitimando de hecho la adopción de niños gestados por mujeres de alquiler en el extranjero”, sintetizó.
“Familiafobia”
El pasado lunes 29 las autoridades francesas presentaron su plan de presupuesto para 2015 y algunos recortes coinciden con la disminución de las ayudas sociales a las familias, por lo que los manifestantes también denuncian la “familiafobia” de su gobierno.
Según un resumen de Le Monde, en lo que atañe a la célula social básica se sugieren cuatro medidas: reducir la prima por nacimiento que otorga el Estado a los padres a partir del segundo hijo, bajar los aumentos previstos para cuando los hijos cumplen 14 años y más y reducir la ayuda mensual que se da a los padres.
También se anunció que se pretende modificar el sistema de licencias por paternidad, que al día de hoy habilita a que, si se trata del tercer hijo o más, la madre pueda dedicarse a él hasta tres años y le guardan su puesto de trabajo y garantizan cierta ayuda económica. El nuevo proyecto reduce los tiempos a seis meses para la madre y seis para el padre.
El medio millón de personas que el domingo se reunió en París sabe que es muy difícil que el gobierno cambie sus planes ante sus reclamos. Pero aspiran a que su voz siga creciendo y a que los dirigentes del futuro no hagan oídos sordos a sus propuestas.