Espectáculos y Cultura > Repaso de fin de año

Faros, diamantes, monstruos y un montón de amor: diez películas del 2020 que vamos a recordar

Fue un año raro para el cine, que quedó en ascuas por la pandemia, pero aún así nos dejó un puñado de películas memorables que vale la pena repasar

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26 de diciembre de 2020 a las 05:00

Nada se compara a la experiencia de ver una película en una sala. No habrá plataforma de streaming o dispositivo tecnológico que reemplace al estremecimiento que llega cuando se apagan las luces y la realidad queda de lado. El cine siempre va a estar ahí. Y nosotros, en él.

Pero este año tuvimos que acostumbrarnos. Pensar al 2020 como una suerte de paréntesis para revalorizar la instancia de la butaca y la pantalla grande. Incluso en Uruguay, donde las salas sí pudieron estar abiertas durante unos cuantos meses, la cartelera agonizó y la mayoría de las atracciones estaban en el streaming –con la excepción de Cinemateca, que logró mantener una programación estimable a pesar del 2020–. Así, la industria quedó sepultada por su propia estructura y ahora se encuentra en un impasse del que le costará bastante salir. Hubo pocos estrenos de peso, algunos ni siquiera estuvieron en las plataformas que se encuentran disponibles en Uruguay, y encima de ese puñado muchas eran producciones de 2019 que habían quedado pendientes. Con esas coordenadas tuvimos que arreglarnos. Y lo hicimos.

Al final fue un año raro, pero no desastroso. Tuvimos poca sala de cine, sí, pero también algunas películas valiosas que, a través de diferentes vías, llegaron para quedarse en el recuerdo de unos meses peculiares. Estas es una selección muy arbitraria de algunas de ellas.

Retrato de una mujer en llamas

Fue parte del Festival de Cine de José Ignacio en enero, cuando el mundo era "normal". Luego se iba a estrenar de manera oficial, pero no pasó. Sobre el final del año, Cinemateca la estrenó como parte de su festival. Y bienaventurados y suertudos los que lograron verla en pantalla grande: la última obra de la cineasta francesa Céline Sciamma es un hermosísimo relato sobre el deseo y la pasión que se desata en dos mujeres muy diferentes de la Francia del siglo XVIII. Una belleza repleta de secuencias sutiles y memorables, que pide múltiples revisiones y que de seguro ganará fulgor con el paso de los años. Podemos decirlo sin miedo: es una de las obras maestras que nos dejó el 2020.

La vida invisible de Eurídice Gusmão

Dos hermanas son separadas a la fuerza en el Río de Janeiro conservador de los años 50. A partir de esa premisa más bien básica, este potente melodrama brasileño logra hablar con crudeza y emoción sobre las violencias cotidianas, la hermandad, la injusticia, la fidelidad familiar y el amor. La cámara del director Karim Aïnouz nos transmite una historia de pesares y sueños truncos, a la vez que pinta un paisaje que reconocemos pero que se siente inusual, cargado de tonos medidos, sin lugares comunes y con escenas que, no por estridentes, se quedan en la retina durante mucho tiempo. Fue la película que abrió el último Festival de Cinemateca y tiene pinceladas uruguayas: una de las encargadas del guion es Inés Bortagaray y la estupenda dirección de arte es obra de Rodrigo Martirena. Otra de las bellas sorpresas que nos deparó el año pandémico.

Diamantes en bruto

En el cine de los hermanos Josh y Benny Safdie hay muchas expectativas puestas. Y por ahora vienen cumpliendo y con creces. La última película de los neoyorkinos es su proyecto más grande a la fecha, se estrenó en Netflix y tiene a Adam Sandler como protagonista. Pero no se crean que, por eso, abandonarán su estilo: Diamantes en bruto es una película tan sucia y endiablada como sus creaciones anteriores, capaz de mantener un ritmo frenético –en ocasiones inaguantable– durante dos horas y con un protagonista –Sandler– que clava uno de sus mejores papeles en la piel de un ser mezquino, avaro y a veces repulsivo. Diamantes en bruto no es fácil, puede espantar, pero no traiciona lo que se espera de sus directores: la energía de dos tipos que tienen ganas de llevar a la escena del cine independiente estadounidense a un nuevo estado. Y lo están logrando película a película.

Muere monstruo muere

Originalmente se estrenó en 2018, pero llegó a la cartelera uruguaya –antes y después de la cuarentena de marzo-julio– este año. Podríamos decir que se trata de una película de horror argentina en donde un monstruo –al parecer– mata a las mujeres de –al parecer– un remoto pueblo en las laderas de la Cordillera de los Andes. Pero eso sería de un reduccionismo atroz, porque Muere monstruo muere, de Alejandro Fadel, es una propuesta que no tuvo igual este año: hay preguntas sin respuestas, atmósferas extrañísimas, un protagonista inusual, un entorno que se mueve entre el territorio de las pesadillas y la realidad, ecos del cine de Lynch y Cronenberg y las montañas, que le dan al relato un tono ominoso que desconcierta y estremece. No se puede quedar impasible ante Muere monstruo muere. Y en un año como este, eso es un enorme valor agregado.

El faro

Otra que llegó, se estrenó, se guardó y se volvió a estrenar. La segunda película del cineasta estadounidense Robert Eggers (La Bruja, 2015) fue y vino en la cartelera pero siempre dejó el mismo sabor de boca: el de una fábula impactante con gusto a mar, fluidos corporales, homoerotismo y dos protagonistas en la cima de sus capacidades. Eggers mantiene su afán por explorar los demonios internos de la historia de la zona de Nueva Inglaterra y una isla en medio del Atlántico, un faro y dos fareros al borde de la locura –Willem Dafoe y Robert Pattinson– en las postrimerías del siglo XIX son los elementos que utiliza para hacerlo. ¿Qué es real, qué no? No importa. Lo que es real es que es una gran película.

Bacurau

Con Bacurau sucedió como con El faro: tuvo varias instancias en las salas de Cinemateca, lo que permitió que una porción considerable de público –tantas personas como lo permitieron las veinte butacas por función– pasara por esta historia, de nuevo, inclasificable. Mezcla de western sudamericano con cine político y homenaje a las películas de ciencia ficción y aventuras de la década de 1980, en esta película Kleber Mendonça Filho (Aquarius, 2016) vuelve a unir fuerzas con Sonia Braga y comparte la dirección con Juliano Dornelles para presentar al pueblo de Bacurau, un puñado de casas en medio del estado de Pernambuco que recuerdan a Macondo o a Comala y en donde un grupo de extraños visitantes alterará el orden natural de las cosas. Decir más es conspirar contra una trama llena de sorpresas, emociones y disfrute.

El sonido del metal

Llegó en los estertores del 2020 –se acaba de estrenar en Amazon Prime Video– y ya suena fuerte en las pencas de los premios del año que viene. Y todo es gracias al trabajo frente a cámaras del actor inglés Riz Ahmed, que eleva esta película a otra categoría con su interpretación de un baterista de una banda de metal que, de un día para el otro, se queda sordo. Además del monumental despliegue de Ahmed, El sonido del metal pone especial énfasis en el diseño de sonido y en los silencios, que terminan siendo determinantes para que el resultado resulte superlativo. De seguro en el cine la experiencia hubiese sido diez veces más potente, pero debemos contentarnos con lo que se ve en la pantalla de Prime Video y, la verdad, no está para nada mal.

Mala educación

Hugh Jackman es un señor actor. Canta, actúa, baila. Lo mismo te hace un musical, una comedia romántica, una película de magos y una saga sobre un mutante capaz de curarse instantáneamente y hacer crecer garras desde sus nudillos. Este año volvió a dar evidencias de su versatilidad en Mala educación, una comedia negra en la que encarna al consejero estudiantil culpable de uno de los mayores fraudes públicos en la historia de Estados Unidos. Con uno de sus mejores personajes a la fecha –el mitómano, carismático y manipulador Frank Tassone–, Jackman hizo de Mala educación un pequeño gran hito dentro de las producciones de HBO para la televisión y marcó un gol para los espectadores cuando la cuarentena, incluso acá en Uruguay, pasaba por una de sus etapas más cerradas.

Dick Johnson está muerto

Este ha sido un año para sentarse a hablar de la muerte. Para tratar de entenderla, de asimilarla y de aceptar de que, sin importar si nos gusta o no, es parte de la vida. En ese sentido, Dick Johnson está muerto es el documental que llegó para eso: para reconciliar a un padre al borde de la demencia y a su hija documentalista con el hecho de que en poco tiempo la muerte los separará definitivamente. Pero a pesar de la gravedad del asunto, esta producción que se puede ver en Netflix no se lo toma así. Porque lo que hacen Kristen Johnson y su padre es básicamente, filmar una y otra vez diferentes y violentas muertes con el fin de pasar más tiempo juntos y, así, empezar a transitar los últimos trayectos del camino vital. Lúdico, conmovedor y sorpresivamente cómico, Dick Johnson está muerto es un gran documental y, por encima, un bello ejercicio de amor y cariño filial.

Ya no estoy aquí

Esta película del debutante Fernando Frías hizo mucho más ruido en el hemisferio norte que por estos lados, y tiene sentido: es una historia arraigada en una subcultura muy mexicana –una especie de pandilla de Monterrey que baila cumbia modificada, con peinados estrafalarios y ropa extremadamente holgada– que a su vez se trasunta con los golpes que el narcotráfico le propina a esa sociedad un día sí y al otro también. Sin embargo, y cuando la extrañeza ante la tribu urbana bailarina y el curioso personaje que protagoniza la película se disipa, lo que queda es un relato estremecedor de exilio, violencia y resiliencia con el que es difícil no vibrar. Dice Pedro Almodóvar, que la eligió como una de sus películas del 2020, que la ve como una cruza de Los olvidados de Buñuel y La odisea. Cada uno puede sacar sus conclusiones sobre eso –se puede ver en Netflix– pero está claro que entre la brutalidad y la ternura, Ya no estoy aquí tiene las condiciones para integrar esta lista y permanecer en el recuerdo. 

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