23 de agosto de 2013 21:40 hs

La serie de Netflix Orange is The New Black, que cuenta la historia real de una prisión de mujeres desde el punto de vista de una rubia de clase media, ganó lentamente y sin hacer ruido la devoción de la crítica gracias en parte a su elenco diverso en razas y formas.

La “dramedia” –mezcla de drama y comedia– ha sido calificada como “totalmente brillante” por la revista Rolling Stone; un “flujo impredecible de risas y seriedad” por The Hollywood Reporter y “el mejor show de televisión del momento”, e incluso “tal vez un nuevo género”, por Esquire.

Orange Is The New Black, creada por la misma autora de la serie Weeds y basada en una autobiografía del mismo título que está tercera en la lista de más vendidos del New York Times, muestra las interacciones y conflictos raciales de negras, latinas, blancas y asiáticas que son forzadas a convivir en la cárcel.

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En la serie, Piper Chapman (Taylor Schilling) es una privilegiada neoyorquina con una fábrica casera de jabones orgánicos, que es sentenciada a 15 meses de prisión por un error de juventud: 10 años atrás, transportó una maleta de dinero para complacer a la sexy narcotraficante Alex (Laura Prepon), con quien tuvo un pasajero “affaire”.

“Piper fue mi caballo de Troya”, dijo la creadora de la serie, Jenji Kohan, en una entrevista la semana pasada a la radio NPR.

“No vas a un canal a vender una historia fascinante de mujeres negras, latinas, ancianas y criminales. Pero si tomas a esta chica blanca y la sigues (en la cárcel), puedes expandir tu mundo y contar todas las demás historias”, dijo la directora y guionista. “Es un punto fácil de acceso”.

Kohan ha sido elogiada en particular por los “flashbacks”, que sacan la cámara de la prisión para mostrar las historias personales de las internas, y la autenticidad de los personajes: el sobrepeso, las arrugas y las facciones poco renacentistas están admitidas en el elenco mayormente femenino y necesariamente diverso.

La ecología de la serie

Para Piper Kerman, la autora de las memorias publicadas en 2010 en las cuales se basa –muy libremente– la serie, uno de los principales desafíos al ingresar a la cárcel es “entender cuál es tu lugar en la ecología de la prisión”.

“Cuando pones un primer pie en la unidad, en esta extraña nueva comunidad en la que estás viviendo, la raza es un principio organizativo muy poderoso”, dijo Kerman, quien tenía 24 años cuando transportó la maleta de dinero en 1993, a la radio NPR.
“Lo que descubrí fue que, con el tiempo, (la raza) era cada vez menos importante. Cuando me asignaron trabajar haciendo arreglos eléctricos, no había lineamientos raciales. Trabajaba con negras, latinas y asiáticas”, contó la autodefinida exlesbiana, que ingresó en 2004 a la cárcel de baja seguridad en Danbury, Connecticut. Desde entonces, Kerman se ha convertido en una notoria defensora de los derechos de las prisioneras y es parte de la directiva de la Asociación de Mujeres Presas (WPA).

Orange se estrenó el 11 de julio sin las fanfarrias de otras series originales del servicio de videos en línea Netflix, como House of Cards y Arrested Development, que ya contaba con una base de fans sólida gracias a sus temporadas previas. (AFP)

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