Los divorciados que se vuelven a casar no están excomulgados
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Francisco invita a la Iglesia a hacerles sentir a los divorciados que se vuelven a casar "que son parte de la Iglesia" y recuerda claramente que "no están excomulgados".
En la segunda exhortación de su breve pontificado, Francisco acepta las uniones prematrimoniales como un paso adelante "hacia el camino de la plenitud del matrimonio y de la familia" y reconoce las numerosas razones por las que las parejas, según el contexto social y cultural, deciden convivir.
"Estas situaciones exigen un atento discernimiento y un acompañamiento con gran respeto, evitando todo lenguaje y actitud que les haga sentirse discriminados, promoviendo su participación en la vida de la comunidad", escribió el papa.
Dividido en nueve capítulos y 325 párrafos, Francisco reitera su visión de la Iglesia, que "no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas".
"Si bien no se nombra explícitamente la admisión a la eucaristía en el texto, en una nota se hace referencia a los sacramentos. Francisco explica que no es posible fijar reglas canónicas generales, válidas para todos, por lo que el camino es el del discernimiento caso por caso", explicó el vaticanista Andrea Tornielli en su página Vatican Insider.
No al matrimonio homosexual
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Francisco cerró con firmeza la puerta al matrimonio entre homosexuales en la exhortación apostólica. Allí rechaza "los proyectos de equiparación de las uniones entre personas homosexuales con el matrimonio".
En el capítulo en el que aborda las relaciones homosexuales, el papa reitera que toda persona, independientemente de su tendencia sexual, ha de ser "respetada en su dignidad" procurando evitar "toda discriminación injusta".
Sin embargo, considera "inaceptable" la equiparación de las uniones homosexuales con el matrimonio entre un hombre y una mujer, y subraya que "no existe fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas", entre ambas realidades.
Rechazo al aborto y eutanasia
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El papa defendió también el valor de la vida humana y rechazó prácticas como el aborto o la eutanasia, al tiempo que ha recordado al personal sanitario "la obligación moral de la objeción de conciencia".
En el documento, señala que "la Iglesia rechaza con todas sus fuerzas las intervenciones coercitivas del Estado en favor de la anticoncepción, la esterilización e incluso del aborto".
"Estas medidas son inaceptables incluso en lugares con alta tasa de natalidad, pero llama la atención que los políticos las alienten también en algunos países que sufren el drama de una tasa de natalidad muy baja", indica.
En este sentido, anima a las familias que no pueden tener hijos a que adopten y "sean magnánimos y abran su amor matrimonial para recibir a quienes están privados de un adecuado contexto familiar".
"Adoptar es el acto de amor de regalar una familia a quien no la tiene. Es importante insistir en que la legislación pueda facilitar los trámites de adopción, sobre todo en los casos de hijos no deseados, en orden a prevenir el aborto o el abandono", expuso.
Respecto a "la eutanasia y el suicidio asistido", sostiene que "son graves amenazas para las familias de todo el mundo".
"Su práctica es legal en muchos países. La Iglesia, mientras se opone firmemente a estas prácticas, siente el deber de ayudar a las familias que cuidan de sus miembros ancianos y enfermos", sostuvo.
Finalmente, el papa Francisco recuerda "a quienes trabajan en las estructuras sanitarias" "la obligación moral de la objeción de conciencia".
"Del mismo modo, la Iglesia no sólo siente la urgencia de afirmar el derecho a la muerte natural, evitando el ensañamiento terapéutico y la eutanasia, sino también 'rechaza con firmeza la pena de muerte'", expone.
La exhortación, capítulo a capítulo: