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Franny Glass y un disco de canciones de amor por el que le gustaría ser recordado

Canciones de amor para el fin del mundo es el disco más reciente del proyecto de Gonzalo Deniz, y es uno de los discos más destacados del año que acaba de terminar

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11 de enero de 2021 a las 05:00

El Titanic se hundía y su orquesta siguió tocando para que, en el medio de la tragedia y la inminente muerte para muchos de los pasajeros, hubiera calma. La pandemia de coronavirus provocó que los músicos se tiraran en masa a las redes sociales y a internet para tocar, no solo porque perdieron una fuente importante de ingresos y hasta que al menos en Uruguay, pudieron volver –algunos y por un tiempo– a los escenarios, sino también porque era una forma de aportar entretenimiento y distracción en un período de tensión e incertidumbre. Una de las lecciones de 2020 fue que la música, y la cultura toda, tienen el poder de echar algo de luz en los momentos sombríos.

En la recta final de 2020 salió un disco que, si algo tiene, es luz. Es un disco con un espíritu veraniego, que invita a la escucha en la ruta de camino a la costa o en la vuelta a casa. Es cálido, monumental, fuerte pero también emocional, que suena a un pasado mejor que ya no volverá, a un pasado que quizás nunca existió, pero atesoramos igual, como un amor imposible que quedó en el camino. Ese disco se llama Canciones de amor para el fin del mundo, y está firmado por Franny Glass, el proyecto del cantautor Gonzalo Deniz que desde hace dos discos es también una banda cada vez más numerosa. Para este álbum tuvo una expansión de cinco a ocho miembros acompañando una idea del autor, que luego de quince años agarrado a una guitarra la soltó para convertirse en un cantante de esos de los festivales europeos de la década de 1970.

“Mis discos muchas veces responden al anterior”, cuenta Deniz/Glass. “Porque es un camino que voy haciendo, y ningún disco se entiende sin la discografía que viene antes. Uno tiene distintas inquietudes, trata de corregir cosas. Este disco viene de Desastres naturales, que dentro de mi manera de componer era un poco más experimental, en el que probé cosas distintas, nacidas de un hastío con mi manera de componer. Antes de componer las de este disco pegué la vuelta, y volví a escuchar la música que siempre me acompañó. Y me di cuenta de que estaba superlejos lo que estaba buscando hacer con lo que pasaba cuando la música era una necesidad, un refugio o un motor”.

De ahí vino una idea. ¿Y si este fuera su último disco? ¿Por qué disco quisiera ser recordado? De esas preguntas, la conclusión fue que apuntaría a la emoción, porque eso es lo que le da la música. El título del disco, que nada tiene que ver con la pandemia, viene también de esas reflexiones. De qué se haría si supiéramos que el mundo, tal como se lo conoce, se terminara. De que la música sea la forma de combatir la catástrofe, que no necesariamente tiene que ser planetaria o universal, sino que puede ser una pérdida, una derrota, una separación. Un fin del mundo más personal.

“Para eso necesitaba una banda, una orquesta tocando. Una banda que suene grande”, explica el cantautor. “Que no suene como un disco grabado en una habitación, como los primeros, sino como grabado en un lugar amplio. Mi manera de cantar y de interpretar tenía que ser diferente, la manera de grabar los instrumentos también. Me despojé de la guitarra y fui el cantante que tiene atrás a la orquesta. Me gustaba esa ficción, ese personaje del cantante pop con las canciones arregladas, como en los años 70. Y hubo algo de eso. Fue la manera que encontré de empezar a componer y de armar la banda según las necesidades de la banda que ya estaba y venía del disco anterior”.

El recorrido de Canciones de amor para el fin del mundo ante el público fue distinto a lo tradicional. Fue, en cierta forma, a la inversa del camino que suelen recorrer los álbumes en la lógica habitual de la industria musical. Porque todas las canciones, y no solo los adelantos, fueron mostrados en vivo, en el mismo orden que en el disco, un año antes de su publicación. Porque la letra y los acordes de los temas se compartieron antes de que se lanzaran oficialmente para que quienes quisieran, los interpretaran a su manera. Y porque las canciones se publicaron, una a una, semana a semana, hasta completar el álbum y ahí sí, publicarlo completo. La presentación del disco se terminó volviendo parte de la obra para Deniz.

¿Cómo surge la idea de hacer este camino inverso y estrenar las canciones antes que el disco?
Mi manera de componer es en álbum, me gusta ir componiendo las canciones al mismo tiempo. No es que voy haciendo canciones durante dos años y después las junto en un disco. Tengo que saber cómo quiero que sea el disco, de qué van a hablar las letras, que instrumentación va a tener, y voy componiéndolo así. Y ahí empiezan a aparecer muchas preguntas. ¿Alguien escucha así los discos, como son concebidos? Seguramente sí. ¿Cómo escucho yo los discos? ¿Cuando estoy limpiando la casa? ¿Cuando me siento a escuchar? ¿De fondo, mientras leo? Entonces quise abordar la idea de la obra desde distintos ángulos. Generar instancias por fuera del CD o de Spotify que le dieran una relevancia a las canciones y al álbum, al conjunto. Terminaron siendo varias instancias: un ciclo de shows en La Cretina donde se mostraron las canciones con la banda por primera vez; el Mapa incompleto, que fue lo de publicar las letras y los acordes sin la referencia del tema grabado; y lo de los videoclips semanales hasta completar el disco. Pero en principio pensé en eso, en que quería armar una banda y tocar durante un buen tiempo un disco en vivo que solo existe en ese momento en el que lo vas a ver. Después tenés que apelar a tu memoria. Obviamente al celular y a las historias de Instagram, pero no está el disco entero ya desde el principio. Ya hablábamos del nombre del disco, y se tocaban las canciones en el orden de publicación, pero un buen tiempo antes de que pudieras escucharlo en el celular.

El ejercicio de Mapa incompleto empezó durante las primeras semanas de la emergencia sanitaria. ¿Fue una respuesta a la imposibilidad de tocar?
Empezó a haber mucha actividad en las redes de músicos tocando en vivo, algo de lo que me quería tomar un poco de tiempo para pensarlo, no salir como loco a tocar. Si bien tuve una invitación e hice un concierto, si había algo que se necesitaba en ese momento era calma y reflexión. Me pasó también lo opuesto, de pensar que no iba a poder grabar el disco, y a pensar en sacar la grabación en vivo de La Cretina. Pensé cómo mantener el proyecto, decía “va a pasar la pandemia y voy a salir con un disco que se llama Canciones de amor para el fin del mundo, y ahora todo se llama fin del mundo, entonces ¿cómo hacer para mantener un proyecto que ya venía de 2019, el nombre tenía un año, si no tengo las canciones grabadas como las quiero mostrar, y no quiero mostrarlas acústicas, porque no es la idea? Con el ejercicio se hizo real lo de apropiarse de las canciones. Fue increíble ver cómo se transformaban según quién las hacía.

Después vino la publicación semanal de las canciones en YouTube, en cuyos videos se utilizan rostros en planos fijos. ¿Cómo surgió eso?
Se está usando lo de publicar varias canciones antes de sacar el disco. Y cuando escuchás un disco y ya conocés algunos temas hay algo distinto. No las recordás del todo pero hay una familiaridad, y quería lograr eso. Tiene algo también de "si no vas a escuchar el disco de manera atenta, te lo voy dando de a poquito, para que puedas ir escuchándolo así". Y lo de los retratos es quedarte mirando a alguien durante tres minutos, que es algo que no hacemos generalmente (risas) y que no tiene que ver con el lenguaje de videoclip, que tiene montaje y mantiene un ritmo. En este caso es casi un antivideo. Invita a escuchar la canción. A veces me pasa que veo un video y después escucho la canción sola y son dos experiencias completamente distintas. Quería adaptar lo visual al lenguaje de la música, que no te distrajera.

Para este disco, Franny Glass es una banda con ocho integrantes, pero se sigue presentando como “el proyecto solista de Gonzalo Deniz”. ¿Por qué?
Me interesa que no haya una definición. Es mi proyecto musical, y la única condición es que esté yo (risas). Porque a veces, hasta por subsistencia y trabajo, tengo que tocar solo; tocar con toda la banda y la infraestructura es caro. Si fuera por mí, tocaría siempre con la banda, También porque la guitarra es el instrumento en el que compongo las canciones, disfruto mucho hacerlo y se genera otra cosa con el público. Me gusta que no sea tan estricto. Digo que es mi proyecto solista porque de alguna manera, el rumbo de los discos lo decido yo, y si bien hay instancias colectivas, con los músicos desarrollando sus arreglos y aportando cosas a las canciones, siempre tengo la última palabra, por eso no es una banda, porque no es tan democrático. Sí lo pienso como algo colectivo, y en este disco se logró más que nunca.

¿Cómo fue dejar la guitarra y salir al escenario sin ella?
Tenía la experiencia de que cuando empecé con Mersey, la banda que integro desde la adolescencia, donde solo cantaba y tenía otra presencia escénica. Si bien para la gente que conoce Franny Glass o que me ha visto en vivo es difícil separarme de la guitarra, no era algo nuevo para mí, pero sí es algo que no hacía hace quince años. Fue algo que trabajé desde los ensayos, ya pensando en no enfrentarme por primera vez a eso en vivo. Pensé mucho qué tipo de gestualidad y qué movimientos iba a hacer, pero quería sentirlos propios, no jugar a ser otra persona.

¿Cómo es tu relación con las canciones de amor?
Siempre me doy cuenta de que las canciones que más me llegan son las que hablan de eso. Entonces, ya le escapé a la idea de hablar de otras cosas. A veces lo hago, pero al final todo vuelve a eso. Afecta el humor de las personas. La falta de amor es uno de los peores males que tenemos. Aunque dicho eso, también me gustan las canciones de amor como un invento, como una ficción. Porque hay canciones de amor que me pueden llegar profundamente sin tener que estar con el corazón roto para hacerlas. No todas las canciones del disco hablan del amor de pareja –hay canciones sobre la falta de amor o la necesidad del amor, o la idea de un amor insustancial–, y me divierte mucho hacerlas. Es una búsqueda estética.

¿Qué tiene que tener una buena canción de amor?
Tiene que emocionarte, levantarte el ánimo, hacerte bailar o lo que sea. Cambiar algo adentro tuyo. Tenía ganas de que estas canciones te hicieran pensar en un tiempo pasado que fue dorado y que nunca existió. No es nostálgico, porque nunca existió, y podría venir en algún punto como un recuerdo feliz inexistente. Y un recuerdo feliz tiene mucha carga de melancolía. Las buenas canciones se sienten como tu hogar. Te traen un recuerdo feliz que puede estar cargado de tristeza. O te puede dar ganas de ver a alguien que no ves hace mucho tiempo. La temporalidad se mezcla un poco. Y la dicotomía felicidad/tristeza también. Es como que te agarra y te revuelve. Y mezcla todas esas cosas. El pasado, el futuro, la tristeza, la alegría, el amor, el odio. Las buenas canciones, y las buenas canciones de amor, tienen eso.

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