4 de agosto 2014 - 20:50hs

Hay un mundo del cannabis, en Uruguay –lejano a las bocas de los “ladrillos” paraguayos– que es un mundo de agricultores y degustadores del producto de una planta que es, de alguna manera, venerada y compartida en el marco de una cultura milenaria. Desde hace unos pocos años, el arte de ese cultivo en Uruguay se ha sofisticado hasta lograr productos extraordinarios, degustados por una comunidad de gourmets creciente, que celebra copas cannábicas y disfruta de una manera similar a como se hace en los clubes del vino.

Esa comunidad tenía cinco mil cultivadores según una encuesta de 2013 y se estima que ese número se duplicó durante el último año. Desde que el gobierno anunció que impulsaría una ley de regulación de la marihuana, los consumidores empezaron a soñar con un mundo distinto, de puertas afuera.

Primero fue una gran expectativa, que después se convirtió en euforia, cuando el Parlamento aprobó la ley. A partir de entonces empezó una tensa espera que, para quienes quieran comprar en las farmacias, se mantiene hasta hoy, por saber cuándo y cómo la ley se traducirá en la realidad.

Las conversaciones entre legisladores de todos los partidos y activistas del tema –previas al anuncio del gobierno que derivó en la ley aprobada por el bloque legislativo oficialista– se centraban en despenalizar el autocultivo y permitir la creación de clubes cannábicos, en tanto que la ley impulsada por el gobierno agrega, además, la producción y distribución por parte del Estado, destinada a los usuarios que se registren debidamente.

La implementación de la ley es un camino empedrado. Los plazos se han ido estirando. En mayo se reglamentó la ley y se preveía por parte del Ejecutivo un lapso de dos semanas para llamar a licitación a productores para proveer de marihuana a las farmacias donde se expenderá. El viernes 1º de agosto el instituto de Regulación y Control del Cannabis (IRCCA) publicó en su página web el llamado a interesados en cultivar la marihuana, para luego llamar a licitación.

Problemas ahora

Una bandera que defendió el gobierno casi desde el principio fue que el costo de la marihuana suministrada por el Estado se igualara con el que tenía en la calle la marihuana ilegal y se llegó al “un gramo, un dólar”. Pero la producción de marihuana de calidad no es viable a ese precio.

Así lo explica uno de los activistas más antiguos y representativos del movimiento de la despenalización del cannabis, Juan Vaz: “Lo que no se tuvo en cuenta es que la marihuana que se vende por ese precio en la calle no tiene nada que ver con la de verdad. A ese precio quedan afuera todos los productores de calidad a gran escala que hay en el mundo, que necesitan vender a un precio de mayorista de entre unos US$ 3 y US$ 5, para vender al menudeo a un precio entre US$ 5 y US$ 8”, explicó.

Vaz entiende que después de haber salido a la prensa durante un año y medio con la bandera “un gramo, un dólar”, ya no hay marcha atrás: “Hay que apechugar”. Él cree que la solución es dar algún tipo de incentivo a los productores, como la licencia para los productos medicinales basados en el cannabis, para que el negocio sea viable.

Mientras tanto, el tiempo apremia, y si no se llegara a cumplirse que se presenten los interesados en cultivar para vender a ese precio, planten, cosechen, empaquen y distribuyan antes de que asuma el próximo gobierno, aparece la sombra del “no planten nada, porque la vamos a derogar” que arengaba el precandidato por el Partido Nacional, Jorge Larrañaga, hoy candidato a vicepresidente en la fórmula con Luis Lacalle Pou. Este último, sin embargo, estaba, en su momento, a favor del autocultivo y los clubes. El candidato Tabaré Vázquez, por su parte, anunció que si es electo permitirá que la experiencia continúe.

Mundos posibles

Ese tiempo, y la ansiedad que provoca, habilita a la especulación y la queja de parte de otros actores en el mundo del cannabis en Uruguay, en el que se calcula que debe haber unos 10 mil cultivadores.

Juan Guano, quien está al frente de Urugrow, un local de insumos para cultivadores y que provee asesoramiento a los cientos que lo consultan cada semana, entiende que lo importante es que “se dio el puntapié inicial” pero él preferiría un sistema más libre: “El problema está en la fachada que le pusieron. ‘No al narcotráfico. Vamos a regular’. Eso no es legalizar la planta y sus derivados, sino regularla, controlarla. Te dicen: ‘no más de seis plantas’. ¿Por qué no puedo tener más de seis plantas, si yo quiero variedad? ¿Por qué no puedo vender, con la reglamentación que tiene cualquier tipo de comercio, como haría con una planta de tomate?”

Guano dice que el hecho de tener que inscribirse, tanto los consumidores como los cultivadores, es algo que va a traer problemas y a dejar gente afuera: “Hay muchos que no quieren inscribirse; ¿por qué tengo que inscribirme para fumar cannabis y no para tomar alcohol”, se pregunta.

Vaz lo ve de una manera más conciliadora: “No es el camino que yo hubiera tomado pero es un camino posible, cuyo éxito dependerá de cómo se gestione”. En ese respecto es optimista. “Las cosas van lentas pero van. Yo estoy en esto desde hace muchos años. Asesoro legisladores, converso con la Junta de Drogas y con el IRCCA y rescato lo sano del proceso. La buena voluntad a veces no alcanza pero me enorgullece que sea así y no como en otros países, donde aparecen las presiones de alguna multinacional que tuercen los proyectos”, dice.

En cuanto al asunto de los registros, no le preocupa para nada: “A mí tener un carné que dice que soy un autocultivador me legitima. Si hay algún problema, saco el carné. Es sensacional, lo que siempre soñé, tipo James Bond, con licencia para cultivar”.

Hay algo que Vaz cree que es importante entender, y es que esta ley va a afectar a muy poca gente: “Le afecta a los consumidores, que son el 8% de la población. Si vos no conocías al vendedor de la esquina, que ya no va a estar, no te afecta para nada”.

¿Y los turistas?

“Nosotros recibimos muchos extranjeros, que fueron a la farmacia y les dijeron que todavía no, y entonces vienen a preguntarnos a nosotros y también les decimos que no, que esto es para consumo interno. Vienen con una idea diferente. Es algo que han leído en la prensa de su país.”, narra Vaz.

“Pero ni nosotros ni el Estado queremos que la gente se tome el avión para acá porque es el país de la marihuana libre. Si quieren turismo cannábico van a tener que ir a Holanda”, sentencia. “Además, el turismo cannábico ya existe, desde que en Uruguay se pueden fumar un porro sin que los moleste la Policía”.

NdeR: La versión original de esta nota fue modificada ya que informaba erróneamente que la ley de la marihuana no estaba reglamentada cuando sí lo está desde mayo de este año.

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