Dólar
Compra 37,20 Venta 39,70
20 de julio de 2011 1:36 hs

Argentina no puede disfrutar la felicidad completa. Cuando no es una es otra. Mire que sucedieron cosas en la Copa América. Empezó con los aspectos organizativos y termina con los campos de juego.

En la primera fecha el lío lo padecieron los periodistas. La entrega de los boletos terminó en un escandalete con colegas protestando porque los tuvieron dos horas y media aguardando. Y luego el lugar que les tocó a los uruguayos fue insoportable para trabajar.

En la segunda, Mendoza salvó el examen sin inconvenientes al margen de que en la ciudad no había nafta y los chilenos desbordaron todo.

En la tercera jornada la celeste vino a La Plata donde todo fue normal. Sin dudas, de los vistos hasta ahora, el mejor estadio. Pero la trampa estaba a la vuelta de la esquina…

Luego fue tiempo de viajar a Santa Fe donde los argentinos ya habían sido silbados e insultados a coro. Y la maldición se apoderó de los locales porque el Cementerio volvió a ser de los elefantes. Argentina eliminada por la selección charrúa.

Y Uruguay volvió a La Plata. Escenario modelo. Techado, pantalla gigante, cancha desmontable. Pero con un peligroso antecedente. Los penales marrados por Brasil dejaron abierta una herida que la celeste no llegó a provocar pese a que se notó, cuando jugó con México, que había mucha arena en el campo. Entonces el terreno fue tema de debate y polémica.

En la conferencia previa al juego el entrenador Óscar Washington Tabárez adelantó: “Es un estadio hermoso, pero la cancha está mal y no está acorde a la hermosura del escenario. El problema se genera para el pie de apoyo del jugador porque no es firme”.
Por si las dudas no fueran suficientes el lunes a la noche La Plata fue un infierno bajo agua. Llovió sin parar todo el día. Y la cancha pagó las consecuencias.

La preocupación invadió a los encargados del mantenimiento del terreno. La primera imagen fue la desesperación por tapar baches. Levantaban panes y tiraban arena.

Hasta que el rumor llegó a los pupitres de prensa. En alguna cadena de televisión argentina se tiró que Uruguay pedía la suspensión del partido por el mal estado del campo de juego. Cuando el equipo de Tabárez estaba arribando al Único se dijo que Uruguay había pedido la postergarción. “No, nada que ver, lo que sí vamos a ver cómo se encuentra la cancha durante el partido y vamos a presentar una queja”, expresó el presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol, Sebastián Bauzá, a El Observador.

Minutos antes de la hora 20 salió la terna arbitral a caminar y reconocer el terreno. Y luego se mandaron los dirigentes. Primero Eugenio Figueredo acompañado por autoridades de la Conmebol. Minutos después entró Bauzá con los neutrales Fernando Sobral y Migue Sejas. Hablaron con Figueredo y el tema generó hasta un ámbito de debate. Como habrá sido la cosa que hasta el propio Tabárez acompañó a sus jugadores al terreno de juego e intercambió ideas con Donato Rivas. La preocupación era latente.

El calentamiento permitió comprobar que jugar se transformaría en un problema serio.

Y el temor se convirtió en realidad. Lo que se programó como un partido semifinal de Copa América se transformó en un partido de fútbol playa.

Más noticias de Referí

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos