7 de junio de 2013 20:02 hs

"Miraste Game of Thrones ayer?”. La exclamación resonó en incontables bocas el lunes pasado. Los lectores de la saga de novelas en que se basa la serie de fantasía medieval de HBO progresaron en su nerviosismo a medida que avanzaba el capítulo del domingo pasado, porque anticipaban qué sucedería en el noveno y penúltimo episodio de la tercera temporada de GOT. A pesar de los cambios introducidos por los productores en su adaptación de los libros de George R. R. Martin a la pantalla, los lectores sabían que solo un evento en particular podía marcar una temporada cubierta de sucesos espectaculares. Pero para los espectadores a secas, la vuelta de tuerca fue todavía peor. Incluso circulan videos con las reacciones de horror que el episodio generó en la gente. Hoy a las 22:00 horas, HBO emitirá el final del tercer año de GOT, y es un buen momento para repasar qué pasó y qué puede pasar.

La revista Rolling Stone definió el capítulo anterior como “horroroso”, y no porque su calidad fuera mala. Todo lo contrario: el trágico evento, que marcó el final de las historias de dos personajes principales de la serie, fue llevado a cabo con maestría cinematográfica. En la novela en que se basa esta temporada, Tormenta de espadas, el suceso es antecedido por una sensación de pánico creciente, además de la sorpresa y el impacto que se vieron en la serie, pero aun así fue devastador.

Entertainment Weekly (EW), uno de los medios más importantes dentro de la cultura pop estadounidense, lo caracterizó como “una de las secuencias más chocantes, brutales y perturbadoras secuencias jamás puestas en televisión”. El fanatismo de culto que despierta el show fue desafiado por primera vez desde el shock del final del primer año, y aquel fue uno mucho menor.

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Este fue un punto de inflexión, uno que llevará a Game of Thrones a otro nivel: quizá algunos espectadores se rindan ante las inclemencias del show con sus personajes y dejen de mirarlo, pero si la calidad se mantiene, los que se queden probablemente la recordarán como una de las series más crueles y realistas de la historia. Una que no le miente a sus fanáticos sobre lo que se pueden encontrar en el mundo salvo, por supuesto, los dragones. Por ahora eso sigue siendo mentira.

En una entrevista con EW, Martin afirmó que él no escribe para la gente que busca escapismo. Dice que respeta esa sensación, pero que su saga no va por ese lado: “Tiene alegría, pero también dolor y miedo. Considero que la mejor ficción es la que captura la vida en toda su luz y oscuridad”. De cualquier manera, los productores de la serie no buscan crear un programa tan deprimente, por lo que –al igual que el surgimiento de Daenerys Targaryen y sus dragones al final de la primera temporada- probablemente el capítulo de esta noche culmine con un aire de esperanza.

¿Cómo quedaron las cosas? Los Lannister, la familia que se lleva por aplaste el título de maligna en una serie de moralidades ambiguas, terminaron la escalada que comenzaron hace dos años y se situaron como los más poderosos del reino de Poniente, la tierra ficticia de Martin. De ellos resta saber qué ocurrirá con el complicado Jaime y el enano Tyrion, dos de los personajes más atractivos de la serie. Los Stark, que desde el principio se ubicaron como los mayores defensores de la justicia, tocaron fondo y se encuentran divididos y prácticamente derrotados. Mientras tanto, el otro gran personaje, Daenerys, continúa su ascenso imparable del otro lado del mundo.

Es difícil establecer en qué punto de la novela se ubicará el final de esta noche. Se anticipan revelaciones en la historia de Jon, uno de los Stark que queda. Pero lo único seguro es que será un final amargo, como el propio autor anticipa que será el de la saga (hay publicadas cinco de las siete novelas planeadas). Es que GOT es televisión como la literatura de Martin, o la de otros autores del estilo de Cormac McCarthy: sin finales felices. Nadie quiere recibir esos golpes todos los días, pero bien realizadas, estas obras son difíciles de alcanzar en su capacidad de atracción e intensidad. Hay una explicación simple para esto: este tipo de series emulan la realidad hasta tal punto que desafían la concepción del arte como mentira, lo que sacude al consumidor. No puede hablarse de realismo cuando hay dragones y magia involucrados. Sin embargo, esto es realismo fantástico, o fantasía realista. Seguro que mañana la pregunta volverá a hacerse en casas, liceos, facultades y oficinas: “¿Miraste Game of Thrones?”.

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