Hay momentos en el fútbol que una lesión o una expulsión le mejoran el equipo al técnico. Sucedió muchas veces en el proceso, y ahora también. Diego Lugano, el capitán y símbolo de esta selección, no pudo jugar los últimos dos partidos por una lesión en la rodilla. Por él entró José María Giménez, un botija de 19 años con todas las ganas de comerse el mundo, y la zona defensiva de los celestes mejoró rotundamente. Ayer en Natal, Giménez y Godín, ambos con G de gigantes, exterminaron las intenciones de Balotelli, de Parolo, de Cassano y de cualquier italiano que osó pisar el área charrúa.
Pero esto no fue todo. Porque Uruguay tenía que ganar. Lo único que le servía era vencer a Italia para clasificar a octavos de final del mundial brasileño. Entonces allá fue Godín, como tantas veces lo hizo en Atlético de Madrid. Cruzó todo el campo y buscó el centro de Gastón Ramírez. Con la cabeza, con el hombro, de espaldas al arco de Buffón... que importa. Lo importante es que la pelota entró y fue la vida de los celestes en el grupo de la muerte.
Godín fue el héroe de una tarde increíble para el fútbol uruguayo. La cinta de capitán le queda pintada. Un futbolista extraordinario, uno de los mejores defensores del mundo.
A su lado, Giménez. Un gurí que todavía tiene edad para jugar en la selección sub 20. Todos recuerdan su debut triunfal con la selección mayor, frente a Colombia. Al otro día se tatuó la fecha en el brazo. Ayer lloró para las cámaras de televisión. Le ganó la emoción, como no pudieron hacerlo los delanteros italianos durante los 90 minutos de juego.
El mismo que le habló permanentemente a Radamel Falcao en aquel partido contra Colombia, el que trancó con fiereza a Balotelli, es también el que se puso rojo de vergüenza cuando unos días antes de partir a Brasil los periodistas le preguntaron sobre las relaciones sexuales en la concentración.
Lejos de ponerse colorado contra Balotelli, lo anuló. Llegó siempre antes, y en la primera que pechó fuerte con Inmobile, el tano se quedó mirando con cara de '¿quién es este botija?'. Giménez le sostuvo la mirada, y desde ahí dejó en claro que no lo iban a pasar por ningún lado. Después ya no perdió, y dio la tranquilidad necesaria para, en el segundo tiempo, empezar a buscar el arco contrario hasta que Godín llegó al gol cuando el partido se moría.
El traspaso
Giménez y Godín son compañeros en Atlético de Madrid. El primero no es titular, el segundo es insustituible en el equipo sensación de Europa. Son compañeros y amigos. Un ejemplo notable para el joven futbolista que surgió en Danubio.
Pasó en la Copa América de Argentina 2011. Cuando Godín se lesionó apareció Sebastián Coates, quien se transformó en figura de la zona defensiva de la selección que luego ganó el título. Coates fue elegido el Mejor Jugador Joven del torneo. Después sufrió una grave lesión (rotura de ligamentos) y su inclusión en la lista de 23 para Brasil estuvo en duda. Reapareció un tiempo antes en Nacional y esos partidos le valieron la nominación, pero lo postergaron con relación a Giménez.
Nadie puede discutir la clase de Diego Lugano, pero su inactividad de los últimos años no le ha permitido tener el ritmo y la distancias necesarias para jugar un partido de trascendencia mundial. Contra Costa Rica se notó y Uruguay recibió tres goles. En los últimos dos juegos, sin Lugano, el rendimiento defensivo mejor.
Las reacciones
Godín dijo ayer después del partido que Uruguay está haciendo historia en Brasil. Qué lindo que suena esa frase. Hacer historia en Brasil es algo que está grabado en el ADN de todos los nacidos en la tierra de Obdulio. Y también está en el de los brasileños, que sufren aún hoy aquella hazaña de los celestes de 1950. El fantasma del 50, más allá de ser una pieza publicitaria, camina por las calles de Brasil y se asoma en cada estadio donde juega la celeste.
“Se lo dedicamos a la gente”, agregó Godín porque “en todo momento demostró la confianza, la fe y el deseo como para merecer esta victoria”. El público que ayer paralizó el país para vibrar con el partido.
Con el gran Godín y con Josema, que ayer destilaba emoción: “Es increíble, por el calor y el rival que teníamos enfrente, hay que disfrutar esto”, dijo.
Reconoció que “Godín siempre está ordenando y a veces se la agarra conmigo o con el Pelado (Cáceres)”, y dejó un mensaje para lo que viene: “El uruguayo nunca tiene que dejar de soñar. Hoy fue increíble cómo Uruguay metió atrás a un rival como Italia”. Si lo hizo, en buena medida, fue por los dos gigantes del fondo.