7 de mayo 2021 - 10:39hs

El 13 de marzo de 2020, los vestidos de fiesta de la casa Gladys T quedaron planchados y guardados en bolsas de nailon. Fue duro. Para esta empresa, especializada en vestimenta para eventos, marzo y abril es una época de zafra –por la cantidad de casamientos y cumpleaños de quince–, así como Navidad o el Día de la Madre lo son para otro tipo de comercios.

Con 30 años de trayectoria en el rubro, para su propietaria, Gladys Turniansky, fue como empezar de cero. Se dedicó a confeccionar otro tipo de colecciones y en febrero pasado estrenó su página de ecommerce.

Cuenta que tuvo que tomar medidas drásticas de achique y cambiar estrategias. Apeló a su característica de autodidacta (“Desde hace más de 30 años vivo haciendo cursos y descubriendo cosas. Eso me ha hecho estar más alerta y tener más cintura y capacidad de adaptación”) y también pidió ayuda a asesores.

Hoy entiende que se debe brindar apoyo a los empresarios del rubro de fiestas y eventos; y apela a que los uruguayos compren a empresas locales para generar una virtuosa “cadena de favores”.

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¿Qué fue lo primero que hizo tras el cierre comercial al inicio de la pandemia?

Lo primero que pensé fue hacer cubrebocas con diseño. Parte de lo vendido va para el espacio Ombijam, con el que trabajo y con el que armamos un taller para mujeres que salen de la cárcel.

Enseguida busqué cosas que me ayudasen a seguir adelante. Me metí en veinte mil cursos. Miraba lo que pasaba en otros países, los caminos que tomaban otras empresas.

Siempre me gustó hacer tejidos: me puse a buscar gente, comprar lanas y sacamos la primera colección para que las mujeres estuviéramos lindas y cómodas en la casa, no en jogging o pijama.

Que lo que se pusieran tuviera un poco más de glamur y de onda. La vestimenta no es algo superfluo. Es parte de uno, no es un agregado. Es lo que siento que pude darle a las mujeres este año. Empecé a venderlos por las redes.

¿Y cómo le fue?

Eso me fue salvando, entre comillas. Lo que vendíamos no daba ni para pagar los gastos mensuales.

Me tuve que poner en empresaria, como yo digo, y en números, que es algo que no me gusta, con el contador. Era números, números, números. Ver cómo podíamos mejorar y achicarnos, borrarnos de determinadas cosas, cerrar otras. Malabares que tuvimos que hacer, que hasta hoy en día seguimos. Esto no se solucionó, si bien el ecommerce nos ayudó mucho en cuanto a organizarnos y tratar de mantener el contacto cercano con el cliente. Porque el ecommerce es algo muy frío. Nosotros le buscamos una vuelta para no perder el contacto y que el pedido llegue en el día en Montevideo.

¿Qué le ha significado el ecommerce?

Abrimos en febrero. Y en abril triplicamos las ventas. Estamos en un crecimiento muy importante. Me generó el armar una colección limitada. No quiero llevar la marca a la masificación. Quiero seguir con prendas exclusivas. En el local sigo teniendo prendas diferenciales que no están en la página. Por videos muestro prendas para que, sin venir, las clientas puedan comprar. Les mandamos fotos. Hay mucha venta a través del Whatsapp.

El ecommerce fue un trabajo muy grande. Armamos un buen equipo. Requirió mucha inversión.

Me di cuenta también de que en este momento tenía que invertir. Si no se invierte en grandes cambios, tampoco se va a lograr tomarlos.

Hoy por hoy la tecnología es fundamental. Yo soy de una escuela que no es la tecnológica. Por eso hago cursos más bien para entender estas cosas y saber qué pedir. Lo que yo sé de mi experiencia lo estoy volcando en la parte tecnológica.

Un gran tema a trabajar es cómo los emprendedores jóvenes pueden ser acompañados por gente que tiene experiencia de años de ser empresaria.

Aunque no se entienda de determinadas cosas, sí se sabe de un mundo que ya pasó muchos momentos; no una pandemia como esta pero sí muy malos momentos económicos.

Leonardo Carreño Gladys Turniansky en su atelier de la calle bulevar España

En lo personal, ¿qué aprendió en este tiempo de pandemia?

Una de las que cosas que siempre me impuse fue tener proyectos. Lo que aprendí desde marzo de 2020 es a armar proyectos chiquitos. Para mí los proyectos nunca eran chicos.

Me di cuenta de que es fundamental, porque los proyectos grandes son muy difíciles de armar en este momento.

Usted ha dicho que fue como empezar de nuevo después de 30 años. ¿Cómo lo hizo?

Primero poniendo actitud para el cambio. Me convertí en una pyme chica. Me achiqué a tal punto que recurrí hasta a un grupo de asesores de pymes. A pedir cierta ayuda.

Siempre digo que es como que se armen las fichas de dominó y venga un viento y tire todo. Hay que volver a levantar las fichas y empezar a jugar otra vez. Esa es la vida.

La gente a veces piensa “ah, Gladys T es una empresa que está más allá del bien y del mal”. No entienden que la carga y los problemas los tenemos como todo el mundo. Nadie tiene todo solucionado y nadie te regala nada.

Los golpes fueron fuertes. Hay días que trabajo 14 horas y más.

Esta pandemia hizo que muchos nos diéramos cuenta de que siempre hay que tener varios planes: plan A, plan B, plan C. Y no de repente hacer nichos como solo importar. Siempre armar canastas de distintas cosas para que no pase que algo te vuelque totalmente.

¿Qué otra gran lección obtuvo a nivel empresarial?

Que hay que armar sinergias, agruparse, trabajar en conjunto. Nadie puede en este momento salir adelante solo. Me reúno y hablo con muchos emprendedores. Intercambiamos ideas. Es fundamental. No hay superman ni superwoman. El que se cree eso perdió.

Hay que mirar la empresa con la cabeza muy fría. Si bien la intuición me ha ayudado mucho a tener aciertos, hoy por hoy tengo que ver el bosque y no el árbol. Ver más allá de un local, mirar a un tiempo más adelante. No hay experiencias de esto. Lo único que vemos es que los locales cierran. Y se ponen en un cuartito con la computadora y desde allí venden.

La gran incógnita es qué es lo que va a querer la gente. Pero no hay que olvidarse de cuál es la misión.

 Desde hace muchos años apoyamos a emprendedoras y fundaciones. Visibilizar a otras mujeres tenemos que seguir haciéndolo.

¿Cómo se proyecta en este momento?

Ahora nos está pasando que vienen algunas novias que se casan en el exterior y ya se llevan el vestido. Gente del año pasado que se termina casando ahora en alguna fecha. Estamos trabajando a media máquina presencialmente y multiplicando las ventas en ecommerce.

Pero ya hay que prepararse por si a partir de setiembre se puede empezar.

Que el gobierno nos tenga un poco en cuenta porque ha sido muy duro. Mucha gente va a salir con muchas heridas. Hay que ver cómo vamos a salir de esta historia.

En este momento, creo que el público tiene que apoyar a las empresas nacionales. Si bien hay cantidad de cosas del exterior que nos encantan, tenemos que apoyar lo que se hace acá y comprar acá.

Una cosa es lo que se habla y otra lo que se hace. Todo el mundo habla de apoyo pero en las cifras generales no se ve tanto.

Con esa compra se está ayudando a un hermano, a alguien que está trabajando para cantidad de gente que está atrás. Es la famosa cadena de favores, como en la película.

Entre todos tenemos que armar una gran red de ayuda. Eso es lo que nos puede sacar adelante.

El secreto para perdurar
¿Qué hubo para que Gladys T perdurara durante 30 años? Según Turniansky fue una combinación de pasión, amor, actitud, propósito y responsabilidad.
Recuerda que hace 30 años ella ya hablaba de sustentabilidad pero sin usar esa palabra: "Decíamos de comprar con responsabilidad. Siempre aconsejé no comprar mucho, si no dos o tres prendas cada temporada e incorporar ropa buena que perdure en el tiempo.Siempre fui partidaria de comprar ropa de buena calidad. Lo que hoy se llama slow fashion. Siempre estuve en contra de esas modas que duran dos meses y se van y te quedas con la prenda que no sabés que hacer. Lo importante es que la ropa pueda perdurar en el tiempo"
 
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