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Gobierno realiza investigación científica para conocer efectos de los agroquímicos

El gobierno desarrolla investigación científica para conocer los efectos de la utilización de agroquímicos y adoptar políticas que regulen su uso

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04 de noviembre de 2017 a las 05:00

El vecino de Trinidad hablaba sobre las dificultades para el acceso a la vivienda y la tierra cuando, en un giro inesperado, pasó a otro tema que según él resulta especialmente problemático para quienes viven en el departamento de Flores.

"Hablaron de la salud y de la lucha al tabaquismo por las enfermedades que produce y estamos viendo como se amontonan los envases de glifosato en lugares que tenemos en el departamento para reciclar envases y sabemos lo dañoso para la salud que es el glifosato, por lo menos personalmente lo he sabido", le dijo el hombre al presidente Tabaré Vázquez durante el último Consejo de Ministros abierto en Flores.

"Esto es una cosa muy importante que puede perjudicar la salud más que el tabaquismo", agregó el vecino y pidió al Ejecutivo normas para regular el uso del producto.

En su respuesta, Vázquez se refirió a los asuntos sobre vivienda pero nada dijo sobre los efectos de la utilización de químicos en la producción agrícola. Sin embargo, el silencio del presidente no debe ser interpretado como omisión. Aunque no lo diga de forma pública para evitar presiones, el gobierno está investigando con determinación los efectos derivados del uso de agroquímicos en los suelos uruguayos, dijeron a El Observador fuentes oficiales.

¿Cuál es la mejor técnica analítica para detectar la presencia de glifosato en la miel? ¿Cuál es el motivo o los motivos por los que el glifosato llega a la miel? ¿Cuáles son las mejores tecnologías de aplicación de los agroquímicos? ¿A cuántos metros de cauces fluviales se deben aplicar los productos? ¿En qué medida el uso de agroquímicos constituye un problema para la salud humana? ¿Cómo deberían ser utilizados?

Todas estas preguntas están en la agenda del gobierno y pretende contestarlas a través de la ejecución de varias líneas de investigación científica que se están desarrollando con la participación de múltiples agentes estatales y con la importante cooperación de institutos alemanes que están especializados en el tema.

Para el gobierno era fundamental mantener, hasta ahora, este tema en reserva para evitar las presiones de grupos de interés que buscan influir en un sentido u otro. Tanto los opositores a los producto (principalmente ambientalistas y productores orgánicos) como los que los usan (grandes productores que forman parte de la industria alimenticia) recurren a argumentos que se posicionan en los contornos de la evidencia empírica y crean una mitología que se repite como ley.

Para desterrar o confirmar algunos de esos mitos con datos certeros que deriven de la experiencia científica es que el Ejecutivo se embarcó en esta tarea, explicó a El Observador el director de Servicios Agrícolas del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, Federico Montes. El objetivo fundamental es elaborar conocimiento para poder discutir con fundamento y adoptar decisiones políticas con orientación.

El segundo motivo para estudiar el uso de agroquímicos, tan importante como el anterior, se vincula con los cambios profundos que sufrió la realidad agrícola del país en los últimos 25 años.

"Ante un importante crecimiento agrícola es importante volver a realizar trabajos que ya llevan unos cuantos años y que en estos nuevos contextos vale la pena profundizar", señaló Montes.

Uruguay pasó de tener 693 mil hectáreas dedicas a la agricultura en 1990 a un millón y medio en veinte años. Eso trajo cambios en materia de las condiciones de los suelos y de otras variables que pueden afectar la forma en que se usan los productos químicos en los cultivos.

"Estamos hablando de realidades diferentes. No podemos seguir trabajando con los ojos cerrados", subrayó el jerarca.

Por último, esta decisión también responde a la proliferación de denuncias por mal uso de agroquímicos. Según datos del MGAP, en 2016 hubo 107 denuncias mientras que en 2011 se habían presentado 40 (ver recuadro).

Cooperación alemana

Los piropos entre uruguayos y alemanes habían tomado un camino de ida y vuelta en la fría noche de Berlín de febrero de este año en la que el presidente Tabaré Vázquez y el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Tabaré Aguerre, visitaron el Ministerio Federal de Alimentación y Agricultura alemán (BMEL) para participar del evento La calidad y seguridad alimentaria como objetivo compartido entre Uruguay y Alemania.

Vázquez elogió la coincidencia en las políticas de ambos ministerios, así como el apoyo del gobierno alemán a lo largo de la historia. "Como hombre de ciencias también debo reconocer el aporte que hemos recibido desde Alemania, no solo en el terreno de la agricultura, sino también en la medicina", enfatizó.

A su turno, Aguerre se refirió al concepto de sostenibilidad y seguridad alimentaria que fundamentan las políticas públicas para la producción de Uruguay. Por su parte, el ministro alemán, Christian Schmidt, destacó los esfuerzos de Uruguay en las política pública de cuidado del suelo y del agua.

En esa visita oficial a Alemania, Aguerre también firmó la renovación de un convenio con el Instituto Federal Alemán de Evaluación de Riesgos (BfR), uno de los centros más prestigiosos del mundo en el estudio de la inocuidad y seguridad alimentaria.

Una delegación de técnicos uruguayos –principalmente del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA)– ya fue en dos ocasiones a ese país y los alemanes también visitarán Uruguay en febrero.

Los científicos del BfR ayudarán a capacitar a los técnicos uruguayos en el área de la inocuidad, concretamente en las técnicas analíticas para la detección del glifosato en la producción de miel.

En los últimos años hubo acusaciones de apicultores hacia productores rurales por hacer un uso abusivo de este herbicida. Los niveles de contaminación de la miel se convirtieron en un obstáculo para la exportación hacia mercados exigentes como el europeo.

El país no tiene la capacidad de hacer ese examen, dijo Montes. "Al ser un país exportador necesitamos estar a la par de los laboratorios mundiales", agregó.

El gobierno también firmó un convenio con el Instituto Leibniz de Genética Vegetal y de Investigación de Plantas de Cultivos (IPK) que es un referente a nivel global en materia de tecnologías de aplicación. El 5 de diciembre llegará a Uruguay una delegación de este centro de investigación para asesorar en este asunto que también está sujeto a estudio.

Está claro cuál es el camino: "alimentación saludable y sostenible", resumió Montes. Eso implica el cuidado de los suelos, el agua y las personas y significa un "uso responsable" de los químicos. Pero es posible aventurar que esa ruta no estará libre de polémica.

Líneas de investigación

Aplicación de agroquímicos
Un avión fumigador en Guichón que volaba a una distancia cercana del suelo pasó por arriba de una planta potabilizadora de agua y provocó un problema severo en el lugar en el 2012.

Aunque con el tiempo se ha logrado disminuir el número de incidencias, cuando se cometen errores con el uso de aviones como plataforma de fumigación, por lo general, esas equivocaciones derivan en complicaciones importantes.

¿Cuál es la herramienta más efectiva para el uso de agroquímicos? El objetivo fundamental de esta línea de investigación es estudiar cómo se pueden utilizar estos productos disminuyendo las derivaciones indeseadas –como la contaminación a vecinos o a cursos de agua– a su mínima expresión.

La sustitución de la fumigación aérea llegó de la mano de la máquina denominada mosquito. El instituto alemán IPK contribuirá a que se mejore la aplicación de los productos químicos.

Los agroquímicos y las distancias
Cuando el director de servicios agrícolas del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, Federico Montes, escucha que los europeos usan agroquímicos a metros de hospitales se pregunta cuál es el camino que Uruguay debería seguir.

La legislación nacional prohíbe las fumigaciones terrestres a menos de 300 metros de centros poblados y a menos de 300 o 500 metros de centros educativos, según se haga terrestre o aérea.

En el año 2000 investigadores japoneses determinaron que, dadas las características de Uruguay, los agroquímicos podían aplicarse a 10 metros de cursos de agua y debía hacerse a 30 metros desde el aire. Pero la realidad cambió desde entonces.

Por eso ahora se intenta determinar, con la ayuda del instituto alemán IPK, a cuántos metros de distancia del agua se deba hacer uso de estos productos. ¿La zona buffer debe ser de 5, 10, 20, 30 o 50 metros?, es la pregunta que se intenta contestar.

En esta revisión de la distancia hay dos elementos relevantes. Por un lado se intenta analizar el tema sin adoptar "políticas precautorias" que lleven a la inmovilidad. Por otro lado, la idea del MGAP es avanzar desde la academia pero con las organizaciones de productores y con la sociedad civil para evitar que después aparezcan quienes busquen desacreditar los datos.

Efectos sobre la salud
Que "el glifosato es cancerígeno" es una de las frases más repetidas para describir los efectos nocivos de los agroquímicos sobre la salud. Por este motivo, otra de las líneas de investigación apunta específicamente a conocer la incidencia de estos productos sobre los seres humanos.

En la localidad de Guichón (departamento de Paysandú), en donde la población está expuesta al glifosato, se hará un observatorio y monitoreo de salud para saber el grado de contaminación en sangre que tiene la población de ese lugar.

El estudio se gestó en un ámbito de intercambio entre el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, la Universidad de la República (Udelar) y el Centro de Información y Asesoramiento Toxicológico (CIAT) que es el organismo encargado de categorizar los agroquímicos.

Existe un antecedente de este tipo de estudios en Uruguay desarrollado por académicos de la regional norte de la Udelar que estudiaron la contaminación de agroquímicos en personas que trabajaban en invernáculos. Ese estudio demostró los efectos nocivos que acarrean el mal uso de estos productos. Sin embargo, el trabajo que ahora se plantea en Guichón es inédito y novedoso.

Mal uso
Como sucede con los medicamentos, todo agroquímico tiene una etiqueta en la que se establece la finalidad del uso, la dosis, las contraindicaciones y las precauciones que se deben tomar entorno a las condiciones de temperatura, humedad y el momento de reentrada a la zona de cultivo para la cosecha (tiempo de espera entre que se aplica el producto y se puede cosechar).

Las autoridades del MGAP han constatado que siempre se respetan las indicaciones, lo cual puede ocasionar problemas de salud. En algunos casos también se observó que los trabajadores hacían su tarea sin guantes o incluso fumando adentro de invernaderos.

Por ley está establecido que todos los que trabajan con agroquímicos deben hacerse un examen para medir el nivel de colinesterasa (una encima que baja ante altos niveles de insecticida). Pero el examen no siempre se hace.

El camino a seguir
En el gobierno tienen claro que producir alimentos para 50 millones de personas –las autoridades repiten que Uruguay tiene esa capacidad– no va de la mano de intensificar el uso de agroquímicos.

Lo que se procura es que haya un equilibrio entre el uso de estas sustancias y otros insumos de carácter orgánico como biofertilizantes y agentes de control biológico. Montes reconoció que se requerirá la utilización de químicos pero que debe ir acompasada con el uso de otro tipo de productos. El jerarca también señaló que se debe respetar a los productores orgánicos.

Los números

  • En 2016 hubo 107 denuncias por mal uso de agroquímicos. Los departamentos en donde hubo más reclamos fueron Canelones (21), Colonia (19) y San José (16)
  • Hubo 23 casos de denuncias por afectación a la salud (22% del total)
  • Desde 2011 creció el número de denuncias vinculadas al uso de agroquímicos por afectar cauces de agua (25% del total en 2016), centros poblados (24% del total en 2016) y centros educativos (11% del total en 2016).
  • En 2014 y en 2016 hubo picos de denuncias por fumigación aérea (13 casos en cada uno), mientras que en 2017 se registraron 8 casos.
  • La proyección es que se cerrará el 2017 con 160-180 reclamos.

Prohibición

En diciembre de 2016, el Ministerio de Ganadería prohibió la importación de tracina, un químico altamente tóxico para el ser humano (categoría 1), y que tiene un nivel de permanencia en el agua muy importante. En el país quedó un pequeño volumen que se utiliza de forma altamente controlada y que ya no se podrá utilizar más a partir de marzo de 2018.

¿Qué es el glisofato?

Es un herbicida de baja categoría y de amplio uso. Dentro de los agroquímicos es el más utilizado. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos​ y la Organización Mundial de la Salud clasificaron en 1993 los herbicidas con glifosato como de baja toxicidad. El riesgo para el ser humano es una consecuencia del alto volumen de uso. En Alemania, los ministerios de Agricultura y de Medio Ambiente difieren en torno a la posición país que se debe adoptar en la Unión Europea

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