1 de junio de 2011 21:45 hs

Eran las cuatro y media de la mañana del miércoles en Minas y Alfredo Villalba se revolvía en la cama, sin poder conciliar el sueño. Hacía poco más de 48 horas que había sido designado intendente de Lavalleja in absentia, ya que la titular Adriana Peña, antes de irse a Europa en misión oficial, había firmado el acto de traspaso de mando sin siquiera avisarle a su sucesor. Peña retoma el mando recién el 10 de junio. En teoría, ese período parece breve, pero puede ser una eternidad en manos de Villalba, un político hiperactivo que en dos días dio vuelta como una media la comuna minuana con varias decisiones polémicas.

La primera fue el relevo de la mayor parte de los directores municipales (ver recuadro). La segunda fue redactar un decreto por el que los automóviles en la ciudad de Minas deben estacionar del lado derecho, cambiando la histórica costumbre local de estacionar a la izquierda. Luego mandó construir rampas para discapacitados, aprobó una pista de patín en una plaza y quiere nombrar una calle con el nombre “Beato Juan Pablo II”. Y va por más.

En la noche del miércoles, acostado pero despierto, Villalba sentía que estaba perdiendo el tiempo. “En vez de estar boludeando acá, dije, me voy a la intendencia”, confiesa a El Observador, detrás del despacho que hasta el lunes ocupó Peña. Se vistió y salió en su camioneta hacia el edificio comunal. “La noche estaba helada y había mucha niebla. Pero a las cinco de la mañana ya estaba laburando”, agrega.

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Sobre la mesa del despacho hay una pequeña bandera de Lavalleja. Colgado en la pared, un serio retrato de Aparicio Saravia contempla con asombro la madrugadora hiperactividad de Villalba. Cuando amanece el segundo sol del nuevo gobierno, el intendente ya lleva varias horas craneando acciones departamentales. La primera del día fue una reunión con los inspectores de tránsito, para que comiencen a explicarle a los conductores la nueva regla de estacionar a la derecha.

A medida que pasan las horas, o sea que se consume minuto a minuto la administración Villalba, los vecinos van llegando hasta su despacho con distintos tipos de reclamos: una docente que no cobra las horas como debe, una madre que reclama por su hijo municipal y mil historias más; a todos escucha Villalba y les da indicaciones de con qué director hablar. “Hay que dar la cara en todo momento”, dice el intendente.

Municipales & skaters

Una de las obras en que la flamante gestión Villalba se concentra por estas horas es la ampliación de una pista de skate en la rambla minuana. Una cuadrilla municipal arreglaba ayer una explanada junto a la pista. Entre viernes y sábado, funcionarios y skaters van a colaborar en la colocación del cemento. “Esperemos que seque para el domingo, fecha del campeonato nacional de skate acá en Minas”, explica Villalba.

Mientras habla con los skaters pasan vecinos que lo saludan y niños de escuela que gritan su nombre. Su celular explota de llamadas: habla con Carve, habla con Océano, bromea con Petinatti en la radio, que lo conecta unos segundos con Peña, directamente desde Madrid.

Villalba recorre las calles de Minas y no para de saludar gente. Frente a la catedral habla con tres mendigos, a los que les consigue un refugio para la noche. En el barrio Escriú, discute con vecinos a construcción de un puente sobre una cañada. Como si fuera por momentos un Jesús haciendo milagros o un Hércules, realizando grandes tareas, Villalba le pone una energía a la tarea política que ni siquiera sus colaboradores más cercanos pueden seguir.

Villalba le está tomando el gusto a la función ejecutiva, pero a la vez, sus nuevos subalternos le toman la mano a su ritmo. Machín, uno de los secretarios, está aprendiendo a manejar el celular de Villalba, que echa humo de tanta actividad. No hay momento en que no suene.

Político nato, no pierde oportunidad de saludar potenciales votantes. En un almuerzo en el parador Parque Rodó, saluda a una reciente madre y hasta le pregunta si tenía leche para su recién nacido. Ya se hizo amigo de la policía que realiza el servicio 222 en la madrugada en la intendencia. ¡Si hasta descubrió que es hija de una de sus votantes!

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