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Marcelo es un ejemplo del ida y vuelta entre Uruguay y España.

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Hay más uruguayos viviendo en España que en diez departamentos de Uruguay

Crece la emigración al país ibérico y alcanza los niveles de hace una década

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02 de octubre de 2022 a las 05:03

La mitad de la vida de Marcelo Monteblanco transcurre con cambios de paraderos a uno y otro lado del Atlántico. Nació en Uruguay, cuando comenzó el siglo XXI se mudó a España, retornó a Uruguay, regresó a España y otra vez a Uruguay. Y cada una de esas aventuras las planificó como si fuera la última vez. Pero no. Nadie más que él puede aferrarse a aquel viejo concepto filosófico de que la vida es como un viaje, eso que acontece mientras nos movemos.

Ahora —tras dos décadas de cabalgar entre Montevideo y Barcelona— llegó por fin a una conclusión: “Uruguay es Peñarol y España es el Barcelona F.C.: en España todo pasa a mayor velocidad, es más ordenado y de mayor categoría… pero al final no vibrás. Cuando se disgustan con un fallo del árbitro, la hinchada saca un pañuelo blanco y grita: ‘Referí, tú eres malo’. Acá, en Uruguay, todo es más lento, se juega mal, las oportunidades son menores, pero corre sangre por las venas, el choripán es insano y delicioso a la vez, los niños ríen y lloran… se vibra”.

Marcelo Monteblanco —42 años, doble nacionalidad y dos hijos nacidos en Barcelona que ahora viven en Uruguay como él— es la prueba vívida de los flujos migratorios que unen a España y Uruguay. Porque hubo un éxodo tras la crisis de 2002, un retorno desde 2009 hasta 2017, un nuevo éxodo en la desaceleración económica previo a la pandemia, una meseta durante la emergencia sanitaria y un nuevo repunte emigratorio tras la reapertura de fronteras.

“Desde los inicios del siglo XXI España se ha constituido en el principal país receptor de los flujos emigratorios de población uruguaya”, dice el demógrafo Martín Koolhaas, del Programa de Población de la Universidad de la República. En una investigación que resume un capítulo de su tesis doctoral, y que publicó esta semana en el repositorio de documentos abiertos de la Udelar, muestra con evidencia cómo fue creciendo el número de nacidos en Uruguay que habitan en el país ibérico, al punto de superar este año las 83.000 personas. Dicho de otro modo: en España hay hoy más nacidos en Uruguay que en departamentos como Artigas, Cerro Largo, Durazno, Flores, Florida, Lavalleja, Río Negro, Rocha, Soriano, o Treinta y Tres.

Uruguay es un país expulsor de su población: desde la década de 1950, cuando se dejó de “descender de los barcos”, el irse “se convirtió en un fenómeno estructural de la sociedad uruguaya”, dice Koolhaas. Argentina, por su cercanía y parecido, era el lugar predilecto como destino. Y tras la crisis de 2002 —en que el país vecino también estaba sumido en la crisis y el presidente del momento renunció a vuelo de helicóptero— España fue quien empezó a captar la mayor fuga de uruguayos (a veces más de 10.000 por año).

A Monteblanco no lo expulsó la crisis, al menos no la económica. Tenía 20 años, cursaba con rezago el bachillerato “sin tener claro qué quería ser” y trabajaba con un tío hasta que una discusión los distanció. Fue entonces que la casualidad le ganó a las ganas: un viejo amigo de su liceo se había ido a vivir a Barcelona y lo tentó. ¿Por qué no irse? Con el dinero que reunió tras el despido en la empresa de su tío, se subió a un avión, sorteó el puesto inmigratorio español pese a no contar con documentación española (el entonces presidente José María Aznar no había reformado la ley de Extranjería que agilizó la expulsión de inmigrantes) y dio comienzo a la primera de sus aventura migratorias.

En Barcelona —donde Marcelo fue mozo, cocinero de comida mexicana, donde tuvo a sus hijos, donde vio al tridente Messi-Neymar-Suárez— viven más personas nacidas en Uruguay que la suma de todos los habitantes de Ciudad Vieja o Barrio Sur. Es la ciudad predilecta de la emigración uruguaya a la que, si se le suma Girona y Tarragona, convierten a Cataluña en “la comunidad autónoma más charrúa”.

Tras la crisis financiera de 2002, y siempre dejando de lado a Cataluña, Tenerife y Valencia fueron las otras localidades de mayor crecimiento de población uruguaya. Por lo cual puede decirse que “se observa una evidente preferencia de la población uruguaya por residir en zonas urbanas costeras”, explica Koolhaas. De hecho, en Madrid, la capital española, habitan menos nacidos en Uruguay que en la Islas Baleares o en Galicia.

 “La verdad es que no pensaba regresar a Uruguay. En España estaba tranquilo, mi entonces esposa (y madre de los hijos) tenía un buen trabajo como arquitecta, pero la familia pesó a la hora de decidirse volver”, reconoce Marcelo. Unos familiares en Uruguay habían tenido unos “percances de salud”, los niños de visita a Montevideo se hicieron muy compinches de sus primos uruguayos, la final de la Libertadores a la que llegó Peñarol le demostró que “a la distancia se sufre el doble” y por eso en 2012 retornó a Uruguay.

Entre 2009 y 2015 fueron más los nacidos en Uruguay que se dieron de baja del padrón español que aquellos que ingresaron al sistema. Coincide con un proceso de retorno que, según Koolhaas, estuvo motivado por al menos dos fenómenos: la crisis en Europa al tiempo del “viento de cola” en Sudamérica, y la ley que les permitió a los retornados la exoneración de impuestos.

“Sin esa ley, no me hubiese vuelto. Porque como tenía ciertas dudas, me traje el auto que había comprado en España y para eso necesité la exoneración fiscal”, dice Monteblanco.

En esa etapa de retorno, el demógrafo Koolhaas descubrió que hubo un regreso de más hombres que mujeres. ¿Por qué? “La mayor parte de las personas que deciden irse de España lo hacen en edad económicamente activa y en el contexto del deterioro de trabajo español debe considerarse que los varones en términos generales han resultado más afectados por la crisis (muchos trabajaban en la construcción)”.

En Uruguay Monteblanco y los suyos tuvieron una buena experiencia: otra vez buen trabajo, sus hijos se adaptaron bien a la escuela… pero en 2016 volvieron las dudas. “Mi señora estaba en un trabajo que le pedían hacer de todo a la vez, muy a la uruguaya, yo había estudiado informática y estaba dispuesto a seguir estudiando en Barcelona, así que nos fuimos otra vez. Vendimos todo y nos subimos al avión sabiendo que teníamos todos los documentos porque ya éramos españoles. Aclaro que nos fuimos con la intensión de no regresar más, salvo de visita”.

Pero ese retorno a España no fue lo imaginado. “A los niños los notábamos apagados, tristes. Siempre fueron gurises activos, y los primeros meses en Barcelona estaba irreconocibles. Fuimos a ver a Suárez al estadio de Barcelona y mi hijo me pidió para irse en el entre tiempo. Le dije que a pocos metros tenía todos los jugadores de la play (la Playstation), pero él prefería los churros del Estadio Centenario”, comenta entre risas.

Así que no  importaron los buenos trabajos ni su ingreso al equipo informático de uno de los bancos más relevantes de Cataluña. Como dice el dicho: no hay dos sin tres. Otra vez pegaron la vuelta.

Y acá está, en Uruguay, en un país al que solo separa el océano Atlántico de su otra casa. Como miles de uruguayos

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