3 de diciembre de 2020 15:00 hs

Por Andrew Hill

La llegada de una vacuna contra el coronavirus debería restaurar un sinnúmero de derechos: viajar libremente, abrazarse, reunirse en grandes grupos.

El control de la pandemia también debería permitirles a los empleadores y a los empleados elegir dónde y cómo se realizan determinadas tareas. Ésa pudiera ser la diferencia entre una rigidez ineficiente y una flexibilidad productiva.

Las compañías deben tomar estas decisiones cuidadosamente. A pesar de todas las palabras dedicadas a los pros y los contras de trabajar desde la casa por los analistas de ese tipo de trabajo, por economistas y por periodistas, la mayoría de los trabajadores todavía, en mayor o menor medida, no están trabajando desde la casa.

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Un nuevo informe del Instituto Global McKinsey (MGI, por sus siglas en inglés) reveló que la mayoría de los trabajadores en las seis economías avanzadas y las tres emergentes estudiadas podrían trabajar menos de un día a la semana fuera de su lugar de trabajo físico. En el Reino Unido, los trabajadores podrían pasar un máximo teórico del 46 por ciento de su tiempo trabajando de forma remota; en EEUU el 39 por ciento; y en India, sólo el 16 por ciento. Pero alcanzar ese límite superior significa perder productividad. Cuando el MGI evaluó el potencial de un trabajo remoto eficaz, la proporción de tiempo que los trabajadores podrían pasar fuera del lugar de trabajo se redujo al 33, 29 y 12 por ciento en el Reino Unido, en EEUU y en India, respectivamente.

Algunos miembros del personal que no están trabajando desde la casa actualmente tendrán pocas horas de trabajo, estarán suspendidos temporalmente sin sueldo, o bajo alguna torpe versión temporal del trabajo remoto, si es que no han perdido sus trabajos por completo. Pero muchos de esos roles — manipulador de carga, plomero, bombero, investigador de vacunas — no se pueden realizar de forma remota. La ansiada salida del ‘túnel del confinamiento’ es una oportunidad para poner fin a las suposiciones casuales de que nuestro puesto de trabajo determina dónde, e incluso cómo, lo desempeñamos.

En un artículo del Financial Times de la semana pasada, Theo Nicolaou, quien dirige una empresa de servicios de seguridad, señaló el costo humano de algunos trabajos que no se están haciendo desde la casa. Él indicó que el 40 por ciento de los guardias de seguridad con licencia del Reino Unido habían mostrado síntomas de trastorno de estrés postraumático (TEPT), incluso antes de que su papel de primera línea desproporcionadamente los expusiera al Covid-19.

Algunos trabajos no se pueden hacer, por naturaleza, desde la casa: el del policía de tráfico, el del barbero; algunos dependen de una ubicación específica, como el del guardia de seguridad; algunos trabajos están vinculados a una tecnología particular, ya sea una máquina de rayos X o una cocina industrial. Las economías emergentes y las áreas rurales son menos favorables para el trabajo remoto. Pero las categorías pueden conducir a la confusión. El informe del MGI ha señalado que el “análisis de datos e información” cubre a los estadísticos y a los investigadores de la escena del crimen. Los primeros casi todos están trabajando desde la casa; los segundos definitivamente no lo están.

El confinamiento le ha dado al personal que no está trabajando desde la casa la oportunidad de desarrollar algunas habilidades útiles aplicables al trabajo desde la casa. La semana pasada, yo llevé a mi madre a su primera consulta hospitalaria en persona desde marzo. Algunas pruebas sólo se podían realizar en el lugar, pero una enfermera se unió a nosotros por medio de un enlace de vídeo desde su casa, donde ella se podía concentrar en analizar los registros de mi madre, mientras que la consultora realizaba la entrevista necesaria en persona.

Cuando el Instituto para el Futuro del Trabajo (IFOW, por sus siglas en inglés) habló con la gente sobre el trabajo remoto, entrevistó a una enfermera especialista que había aprendido a “hacer explícito” su conocimiento implícito e intuitivo. El confinamiento le había “permitido analizar lo que estaba haciendo”, articulando y registrando información importante que había acumulado durante años de práctica en persona, señaló Anna Thomas, cofundadora del IFOW.

La pandemia hace que tal “división y reagrupación de tareas” sea más probable, según Anu Madgavkar del MGI. Así como los economistas han estado reevaluando las tareas más susceptibles a la automatización, debería ser posible calcular la combinación óptima de trabajo desde y fuera de la casa, basándose en el conocimiento de que al menos una parte de la mayoría de las tareas se puede manejar remotamente.

Esto pudiera tener profundas implicaciones para el diseño del trabajo. Algunos trabajos pudieran desmantelarse para que un grupo de especialistas realice las tareas presencialmente, mientras que otro grupo asuma los elementos que se pueden realizar desde la casa, en un horario flexible. Eso puede ser adecuado para algunos trabajadores con, digamos, responsabilidades de cuidado de niños.

Por otro lado, una empresa inteligente podría reorganizar las tareas desde y fuera de la casa en nuevos paquetes, posiblemente adaptados a las necesidades de los individuos. Es posible que este enfoque alivie el constante estrés de los guardias de seguridad ofreciéndoles algunas tareas para realizar de forma remota. De manera similar, esto pudiera beneficiar a los trabajadores administrativos que están trabajando desde la casa con la esperanza de mitigar la monotonía con reuniones en persona donde se puedan discutir ideas con colegas.

Algunas compañías afirmarán que no se pueden dar el lujo de tener opciones, dadas las presiones comerciales que actualmente enfrentan. Existe una fuerte tentación de volver a las antiguas descripciones de los puestos o, en las economías avanzadas, simplemente de subcontratar o automatizar algunas tareas del trabajo desde la casa. Pero las empresas que le permitan al personal aprovechar la flexibilidad que pronto recuperarán, prosperarán. Aquellos que regresen a los antiguos y rígidos límites laborales, no lo harán.

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