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Hermano de Gomensoro: Gavazzo "no pudo haber sido el único asesino"

Arnaldo Gomensoro afirmó que entre militares "continúa una dinámica de falsedades para protegerse"

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02 de abril de 2019 a las 12:19

Arnaldo Gomensoro, hermano de Roberto, está convencido de que José Nino Gavazzo volvió a mentir. "Ya había mentido cuando había sido llevado al juzgado de Paso de los Toros. Ahora, ante el Tribunal Militar, dice parte de la verdad pero vuelve a mentir: él no pudo haber sido el único asesino”, manifestó este lunes a El País.  “Continúa una dinámica de falsedades para protegerse entre ellos. Esto no se trata de Gavazzo y diez loquitos sueltos; es algo mucho más grande y que engloba a unos cuantos”, añadió.

Gavazzo admitió ante el Tribunal de Honor del Ejercitó que en 1973 arrojó el cadáver de Gomensoro al río Negro. “Yo lo cargué al vehículo, yo manejé al vehículo, lo llevé al lugar, lo bajé, lo puse en un bote y lo tiré del bote. Yo solo”, sostuvo. Sin embargo, Jorge “Pajarito” Silveira, su subordinado, fue más allá y afirmó, también en el tribunal, que las torturas que le aplicó Gavazzo a Gomensoro ocasionaron su muerte. 

Según el relato de Gavazzo, luego de que Gomensoro fuera detenido, como el Ejército supuestamente ya sabía la información que podía proveer, el teniente dio la orden de que no se lo interrogara y de que solo lo dejaran esposado en una silla. A la mañana siguiente, Gomensoro apareció muerto. Por orden del general Esteban Cristi, Gavazzo desapareció el cuerpo: “Quien tuvo que hacer eso fui yo”, dijo el represor. “Por temas de desprestigio del Ejército no podía darse a conocer que había fallecido alguien en un cuartel”, agregó, recordando que aún no había ocurrido el golpe de Estado. 

Roberto Gomensoro Josman fue el primer desaparecido. Nació en 1949 y creció en Malvín. Le decían Tito y se hizo tupamaro. En 1972 era de los que habían comenzado a descreer de la lucha armada y querían apostar a la política. No obstante, el 12 de marzo de 1973 una patrulla del Ejército se lo llevara de su casa. Seis días después un cadáver apareció flotando en el río Negro. Estaba envuelto en una malla de alambre y tenía atadas tres grandes piedras. 

El cadáver fue sometido a autopsia y le tomaron fotos, pero no pudo ser identificado. El Ejército nunca admitió que aquel cuerpo era el de Gomensoro: decían que Tito se había fugado y no se sabía nada de él. La orden de captura se mantuvo hasta 1985. En 2002, como el forense que había analizado el cadáver guardó su cráneo, se confirmó que ese cuerpo era el de Roberto. Tres años después, por orden del presidente Vázquez, el Ejército reconoció por primera vez que Gomensoro había muerto en 1973 “por problemas cardíacos”, en el Grupo de Artillería 1. 

A raíz de esto, en Tacuarembó avanzó un juicio por su muerte, explica el periodista Leonardo Haberkorn en el libro "Gavazzo sin piedad". Las pruebas recabadas señalaban en dirección a Rubio y Gavazzo, los dos jefes de ese grupo de artillería. Sin embargo, apareció un testigo que cambió el rumbo del proceso: Valerio Blanco, un tupamaro que aseguró que había visto al coronel Juan Carlos Gómez castrando y asesinando a Gomensoro. Además, dijo que el homicidio había sido en Paso de Los Toros, no en La Paloma. 

Todo el testimonio de Blanco fue inverosimil: el lugar donde estuvo preso, los años que estuvo detenido, la descripción que dio de Gomensoro. Incluso que se refiriera a una castración, cuando las fotos del cadáver ponían de manifiesto la mentira. Pese a ello, la jueza Lilián Elhorriburu mandó a Gómez a la cárcel. Su fallo fue ratificado por un tribunal de apelaciones integrado por los jueces Daniel Tapié, José Balcaldi y William Corujo. Gómez fue enviado a la cárcel y estuvo tres años y medio preso.

En 2006, el exmayor Enrique Debat, exiliado en Brasil, se presentó en el Ministerio de Defensa y pidió que le otorgaran los beneficios que se le dan a los militares expulsados del Ejército en la dictadura por motivos ideológicos. Manifestó que pidió la baja tras observar un hecho criminal “gravísimo” en el cuartel de La Paloma en 1973. No le concedieron la reparación pedida, pero su declaración quedó en el Ministerio de Defensa, se explica en "Gavazzo sin piedad". 

En 2013, Debat vino desde Brasil y declaró en el juicio por la muerte de Gomensoro. Según su relato, en 1973 había visto “al mayor Gavazzo sentado al lado de una persona que estaba colgada, amarrada de un caballete”. “El cuerpo estaba sin ropas, aparentemente mojado, húmedo, con brillo, amarrado con las manos en la espalda y la cabeza gacha. Era una persona aparentemente masculino, sin senos, cabellos oscuros mojados. Al lado de ese caballete, un teléfono de campaña y varios cables. Al pasar por ahí vi el rostro del mayor Gavazzo, porque giró de la posición (en) que estaba para ver que estaba pasando una persona. No hablamos, y hubo sí un gesto de cierta sorpresa de parte de él”, afirmó. 

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