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Imágenes que perduran

A los 30 años, Matías Bergara es uno de los ilustradores más relevantes de Uruguay. Trabajó para Fox dibujando la serie de cómics Sons of Anarchy, fue parte de la novela gráfica American Vampire, editada por Vértigo DC Comics, y también del exitoso videojuego uruguayo Kingdom Rush. Su serie de cabecera es Game of Thrones y le gustaría vivir en la película Blade Runner, porque asegura que estéticamente es inagotable

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27 de octubre de 2015 a las 05:10

Por Tania de Tomas

Si le pidiera a Matías que comenzara a relatar su vida, lo haría a partir de los 19 años, porque dice que es a partir de ese momento que tiene cosas interesantes para contar. No empezó a dibujar de niño y tampoco tenía su colección propia de historietas. Leía algunas, sí, pero no demasiadas. Astérix, Tintín, Condorito y Mafalda eran sus preferidas. "No era un pibe consumidor de cómics aunque sí de la imagen. Miraba todo lo que hubiera en la tele, absolutamente todo".

Y sigo, casi que caprichosamente, con la presentación. Es hincha de Peñarol, no muy fanático, y tiene un hermano (Ismael Bergara) que actualmente hace fondo de animación y diseño conceptual para Cartoon Network. Su papá es músico (toca el clarinete y el saxo en la Banda Sinfónica) y su mamá es psicóloga. En su casa se escuchaba mucha música, principalmente jazz y había "millones de libros".

De adolescente tardío empezó a ir al taller de caricatura e historietas de Tunda y Ombú. Ahí descubrió que "tenía cierta habilidad". ¿Nunca la habías explorado? "No, no y además no me interesaba. Fui casi que por descarte y me di cuenta de que me gustaba. En ese momento me cambió la cabeza", dice con soltura quien es hoy uno de los principales ilustradores independientes de Uruguay. De los 20 a los 25 años tampoco dibujó, porque se dedicó a estudiar la licenciatura en letras, carrera que cursó y terminó. Pero al tiempo de recibirse advirtió que quería dedicarse a la ilustración. Y eso fue lo que hizo. "Hasta los 25 años no hubo un intento serio de ser dibujante", asegura mientras se acomoda la camisa a cuadros que lleva puesta.

Primeras líneas

Siempre le gustó el cine. Cree que "hay un punto de la vida en el que vas creciendo y dejás de pensar en jugar a la pelota. Te empieza a gustar la música, tenés una banda favorita y ves al cine con otros ojos". O al menos eso le pasó a él. Empezó viendo Kubrick, después a Kurosawa y descubrió que entre el cine y el cómic hay una distancia muy corta.

Sus primeros trabajos fueron para publicidad cuando tenía 20 años y uno de los más visibles de aquel momento fue cuando hizo la tapa del disco de Bufón, una banda de rock uruguaya que ya no existe. Luego trabajó como ilustrador pero aún no de historietas sino en una empresa que hacía animación 3D y videojuegos. "Fundé con dos amigos una empresa que se llamaba Estudio Egg, bah se llama, todavía existe. Ahí trabajaba como ilustrador y director de arte. Empezamos haciendo videojuegos educativos para venderlos y luego nos convertimos en emprendedores". Alquilaron una oficina y empezaron a tener clientes. Más tarde pasaron al LATU, apoyados por la incubadora de empresas Ingenio. Tuvieron clientes internacionales, hicieron viajes como emprendedores pero a Matías el trabajo lo estresó. "Trabajaba mucho más de ocho horas. Cuando sos emprendedor no existe la paz. Un emprendedor que está tranquilo es... no sé, un 'poser', no es la realidad. Estar detrás de un emprendimiento es como estar detrás de un hijo o peor. Por lo menos el hijo te dice 'te quiero' de vez en cuando". La cuestión es que se estaba frustrando, necesitaba dejar de trabajar en equipo y empezar a hacerlo como dibujante, como autor.
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Paralelamente a su trabajo en el estudio conoció al escritor y guionista Rodolfo Santullo. Con él hizo sus primeras historietas y sigue haciéndolas al día de hoy. "Lo primero que hice con Santullo fue la novela gráfica Los últimos días del Graf Spee. En ese momento tenía 23 años y había dibujado cuatro páginas de historietas en lo que iba de mi vida. Era mi primer libro, mi primera historieta larga, mi primer muchas cosas". El libro salió al mercado y fue un éxito. Hasta ese momento en Uruguay no se publicaban novelas gráficas y menos de temas locales. "Fue un punto de partida para una cantidad de libros que vinieron después, no solo acá sino también en todo el continente. Gracias a este libro me invitaron a una cantidad de festivales, viajé muchísimo". Demoró cuatro meses en dibujarlo, hacía una página por día. "Fue delirante porque hice todo el proceso; lo dibujaba, lo entintaba y lo rotulaba", cuenta y aclara que no volvería a ocuparse de todas las etapas.

Otra cosa que no volvería a hacer es trabajar para publicidad. "Generalmente es un trabajo ingrato. Los tiempos son demasiado acelerados para los procesos artísticos serios y usualmente son mal pagados, salvo rarísimas excepciones. Además, las temáticas y las consignas no son de uno, y no están buenas".


Trama en movimiento

"Muchas veces me inspira lo que veo en la tele. Si veo una obra de teatro o una película y está muy buena voy a sentir ganas de dibujar lo que vi, de hacerlo mío. Lo mismo si leo un libro o una historieta. Las temáticas personales que dibujo van variando. Desde hace un tiempo dibujo mucho mujeres". ¿Qué mujeres? "Mujeres que veo por la calle, es un ejercicio visual. También dibujo fantasía medieval, por eso me copa tanto la serie Game of Thrones. Son algunos berretines, quizá dentro de unos años tenga ganas de dibujar máquinas". La técnica también varía y se adecua al proyecto en el que esté trabajando. Últimamente elige pentel brush, un pincel con tinta pero portátil que es muy bueno para dibujar rápido. Dibuja en digital, pero prefiere hacerlo en papel. No porque uno sea mejor que otro, sino porque para él tiene cierto encanto. "Prefiero mantener esa calidez y trabajar con tinta, con acuarela o con materiales maleables. Además es un objeto de arte físico, que puedo guardarlo para mí". Antes dibujaba al son de old hits, todo el día, sin pausa. Ahora escucha radio, "gente hablando, todo el día, sin pausa". Empieza a trabajar a las 8 de la mañana y termina de tardecita. "No dibujo de noche, si cae el sol ya no estoy dibujando".

Matías era más bien tímido, "poco virtuoso de la ingeniería social", define y explica que el trabajo lo fue obligando "a conectar". Cuando empezó no tenía idea de por dónde ir. "En el 2005 no existían las redes sociales y no era tan fácil conseguir el mail de alguien".

El primer trabajo internacional lo hizo para la revista argentina Fierro y luego colaboró en ilustraciones puntuales para España. Le pregunto cómo se hace para acceder al mercado internacional y la respuesta que me da es bastante sencilla. "Lo más importante fue tener mi trabajo expuesto en una galería online y después mandar mails a los editores de diferentes publicaciones a lo red de pesca. Hoy basta con tener una buena galería con tus laburos e insertarlas bien en las redes, que la gente vea lo que hacés. Si tus ilustraciones están buenas, si de verdad elegiste bien el material y lo mantenés todos los días activo, el contenido puede viralizarse y llegar a muchas personas, incluso a los editores. Hoy se consigue más trabajo a través de las redes sociales que mediante el viejo sistema del mail o de la tarjeta personal. La presencia web en este tipo de trabajos es muy importante". Y esta nueva era también supone otro tipo de conexión dentro del mercado laboral. "Las editoras y editores en Estados Unidos generalmente son más chicos que yo, y vienen formateados diferente. Prefieren hacer las cosas a través de la red, no quieren verte la cara o darte la mano. No es mala onda, pero les resulta más cómodo hablarte tres palabras a través de Twitter. Ya hace algunos años que la mayoría de las ofertas interesantes de trabajo me llegan por Facebook".

Crear mundos

A principios del año pasado lo contactaron para ilustrar un número de la novela gráfica American Vampire, editada por Vértigo DC Comics y escrita por el reconocido escritor estadounidense Scott Snyder. "Hace un tiempo que quería dejar de trabajar en muchos proyectos y concentrarme en algunos. Principalmente apuntaba al mercado estadounidense porque es en donde pagan mejor. Me acuerdo que me contactó la editora, me dijo que le gustaba lo que hacía y me ofreció formar parte de un número. La experiencia de trabajar con Snyder estuvo muy buena y acceder a él, a diferencia de lo que se cree, fue superfácil. Estos tipos no son actores, vedetes de Tinelli o jugadores de fútbol, nuestra industria no tiene esas pretensiones, o si las tenía las perdió. Si son editores o guionistas de Estados Unidos generalmente son tipos superbenévolos, con tus mismos problemas, es decir que están trabajando contra reloj y que no quieren complicarse la vida. Quieren sacar lo mejor de vos y confían en lo que hacés".

Otras de las ofertas que trajo consigo el 2014 fue la que le hizo la editorial independiente Boom! Lo llamaron para firmar un contrato de un año, el más largo en lo que va de su carrera. La propuesta: dibujar para la serie de cómics Sons of Anarchy, inspirada en la serie televisiva homónima que se transmite por el canal Fox. "Se pusieron en contacto conmigo, me comentaron cuál era la idea y las características del proyecto y empecé a trabajar".

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¿Cómo decidís qué propuestas aceptar?, ¿lo conversás con alguien? "Lo hablo con el techo, pienso un rato y hago un balance, que siempre es muy delicado", explica y mira para arriba mientras pone sus manos sobre la cabeza simulando ese momento. "Al principio te estresa esa modalidad de trabajo, pero después te acostumbrás. Al tiempo de hacerlo no vivís el pánico de que un día se caiga un proyecto y te quedes sin trabajo. Sabés que si se cae un trabajo, a las semanas tenés uno nuevo". Te tenés confianza..., deslizo. "Sí, claro. En mi caso no pasan más de cinco semanas sin tener un mail con una oferta laboral distinta, incluso puedo adivinar en qué momento del mes van a llegar. Vas acumulando años, el trabajo no es efímero; se va apilando y va llegando cada vez a más público".

Le pregunto por la serie de videojuegos Dragon Age en la que estuvo trabajando hace un tiempo. "Ah, lo de los videojuegos fue un fracaso", contesta. "Entré a dibujar para la serie y luego decidieron que querían cambiarme, que no querían mi estilo de dibujo. Me pagaron todo lo que me tenían que pagar y me cambiaron por otro. Esa fue la primera vez que me echaron de un laburo", relata con la misma calma con la que describe los éxitos. ¿Y cómo lo tomaste? "Al principio me jodió, pero a los pocos días me llamaron para ilustrar un libro de Neil Gaiman y pensé: 'Mejor, tengo más tiempo para ilustrar este libro'".

Lo contrataron para hacer las ilustraciones de la versión en español del libro infantil Odd y los gigantes de hielo, un libro que se publicará en Argentina en el mes de noviembre a través de la editorial Pictus. "Para mí es un orgullo gigantesco. Trabajar para un texto escrito por Neil Gaiman es como si fueras músico y trabajaras con David Gilmour". Ilustrar para niños es para él una forma de salir de la zona de confort. "Todos los días trabajo dibujando historietas para adultos, esa es mi realidad, y una ilustración infantil es un mundo radicalmente distinto. Es una experiencia que disfruto mucho".

Sinestesia

Para él la ilustración tiene algo de sinestésico, hay un vínculo muy cercano entre los sentidos. El juego es un elemento que también está presente en sus creaciones y su mirada deja entrever un poco de eso.

Habla de series, de contratos de trabajo, de la industria del cómic, de libros, del cine y, en esa cantidad de información que me ofrece con claridad y rapidez, confiesa que lee muy poco cómic, algo que le parece muy racional al considerar que vive de hacerlos, y que va poco al cine. "Jamás iría a ver una película de (Ricardo) Darín. Prefiero la ciencia ficción". Es un consumidor adicto a las tendencias. No tanto porque le gusten o porque le diviertan sino porque son parte de su trabajo. Consume imágenes, como cuando era chico aunque ahora el asunto se volvió principalmente laboral.

"Décadas atrás, en un sistema más industrial de la historieta, los dibujantes solo dibujaban, no tenían ningún otro interés, no llevaban las cuentas de su propio trabajo, y eso era muy bueno para el trabajo artístico pero difícil para el artista. Hoy el ilustrador es su propio mánager", dice y deja entrever que encontró la forma de dosificar los proyectos, de administrarlos.

Hace pocas semanas empezó a trabajar en una miniserie llamada Cannibal. La idea no es suya pero la estética sí. Va a salir por Image Comics, una editorial independiente estadounidense. ¿Cuánta libertad tenés para crear? "Este proyecto puedo dibujarlo como se me cante, en ese sentido es más libre que dibujar historietas muy masivas, como Batman o Superman. Ahí no hay libertad creativa".

¿Te imaginabas llegar hasta donde estás hoy? "Sí. No quiero que suene frío pero fue una cuestión de planificación. La única diferencia entre lo que craneaba y lo que terminó pasando fue que llevó un poco más de tiempo. En este medio generalmente los ilustradores comienzan a tener un lugar sólido en la industria sobre los 30 años".

¿Tenés un estilo ahora? "Eso me dicen. Aunque no dibujo siempre igual porque me aburre, voy cambiando. La gente que conoce mi laburo desde hace mucho tiempo me dice que se distingue instantáneamente, y yo con eso ya me quedo contento".

¿Sos autocritico con tus trabajos? "Soy absolutamente autocrítico. Odio el 98% de todo lo que hago y me gusta solo durante 48 horas". ¿Entonces no los mirás de nuevo? "No, no los miro. Los libros que hice los tengo guardados en una caja y no los miro nunca más. Esa es mi forma de trabajar. No sé si es muy alegre para compartir pero es la realidad" (risas).

De todas formas es plenamente consciente de que, aunque haya ilustraciones que detesta, a la gente le gustan, generan algo en el otro. "Me pasa con Dengue (la novela gráfica que editó junto a Santullo). Es un libro que me cuesta sentirlo propio porque no lo dibujaría como lo dibujé ni lo colorearía como lo hice. Pero es como una alegría porque está vivo y está generando cosas". Tantas que la editorial Humanoides decidió publicarla.

"Es un libro 100% uruguayo que se editó gracias a los Fondos Concursables del MEC. Y ahora, como Humanoides tiene sedes en Estados Unidos, Francia y Japón, se publicó en inglés, francés y en diciembre sale la versión japonesa. Es la primera vez que compran los derechos de un libro realizado enteramente en Uruguay y por cómo va la cosa en algún momento van a querer adaptarlo al cine o a la televisión. Ya hemos tenido alguna oferta", adelanta.

Vive con su pareja, que es profesora de dibujo, y actualmente está en plena mudanza porque necesitaba separar su vida laboral de la personal.

Aunque muestra su trabajo, no busca la aprobación. "Tengo mis editores y con ellos converso acerca de temas laborales. Al principio hay como un encanto pero enseguida se va convirtiendo en rutina. Es muy difícil estar divirtiéndose todo el tiempo. Por eso es importante alterar la rutina, para que gane otra vez un poco de magia".

"Vivo de la ilustración, más precisamente del cómic", sentencia ya al final de la charla. "En esta industria podés ganar entre 100 y 300 dólares la página, dependiendo del proyecto. Un dibujante que trabaja para la industria internacional, de Estados Unidos o Europa por ejemplo, trabajando todos los meses puede ganar como un intendente, o sea, mucha guita". ¿Vos ganás eso? "Sí. Fijate, si te pagan 200 dólares por página, por mes podés llegar a ganar muy bien. Pero si dejo de trabajar, la plata deja de entrar. En este trabajo no tenemos seguro, si te cancelan la serie o te enfermás, marchás".

La película Blade Runner es el mundo de ficción en el que le gustaría vivir. "Es de las cosas que descubrí tarde en la vida y cada vez que la veo descubro cosas nuevas. En dos minutos de esta película hay más que en 15 años de trabajo de arte plástico de muchos cánones internacionales. Ridley Scott es una explosión de todo lo que había para dar". ¿Qué personaje de cómic serías? "Cuando era niño quería ser Batman o el Pato Darkwing. Pero cuando te hacés grande es más lindo ser uno mismo que vivir en la fantasía de ser un personaje, es más real trabajar para eso".

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En el tintero

"Tengo varias cosas en el tintero. Aunque no soy escritor, y me es más fácil pensar en imágenes que en palabras, me gustaría publicar un libro enteramente mío. También quiero trabajar con Alan Moore, que es mi supremo ídolo. No quiero morirme sin haber trabajado con él. Y me gustaría ganar algún premio internacional, el Eisner, por ejemplo, que es como el Oscar (risas). Ya sé que es muy choto... O el posta posta, que es el Gran Premio de Angouleme, es el Cannes de los cómics".

Montevideo Comics + cómic local

"Desde el año 2005 en el Río de la Plata han aparecido una cantidad de autores jóvenes, entre los que me incluyo. El estímulo de los fondos concursables, de las instituciones públicas, de la prensa ha provocado una especie de renacimiento de la historieta. Hoy se la considera un objeto legítimo de cultura. En términos comerciales y económicos creció muy poquito. Hay un número limitado de lectores. En Uruguay entre 5.000 y 8.000 personas compran cómics cada vez que hay un título nuevo e interesante. El público es reincidente, se renueva muy poco. Montevideo Comics es un evento que también ha ayudado mucho a que la historieta sea más masiva. Y eso está buenísimo".

Kingdom Rush

"Ilustrar para el juego uruguayo Kingdom Rush fue de los trabajos más lindos que he tenido. No solo porque trabajar con sus creadores fue alucinante sino porque el material de trabajo era muy estimulante. Es un fenómeno increíble de la industria cultural. Tuvo más éxito que cualquier película, disco o libro uruguayo. Es de los pocos trabajos por fuera de mis laburos individuales que he hecho, y lo disfruté mucho".

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