La degradación natural de la basura enterrada, más el agua de lluvia que puede absorber un relleno sanitario, producen un líquido que se conoce como lixiviado, de color negro y fétido olor, que de ninguna forma debe alcanzar los cursos de agua. Pero lo cierto es que ese líquido putrefacto encontraba su camino fuera del basurero de la ciudad.
Antes de que se colocara un sistema de impermeabilización en las últimas cuatro celdas construidas de la usina de Felipe Cardozo, el lixiviado escurría hacia la Cañadas de las Canteras en su viaje hacia el arroyo Malvín y al Río de la Plata. Hasta ayer se capturaba mediante cañerías pero era vertido “en crudo” a la red de saneamiento; ahora será tratado en una planta por la que la Intendencia de Montevideo (IMM) invirtió $ 73.000.000.
Juan Canessa, director de Desarrollo Ambiental, afirmó que ya “no habrá riesgo de que se drene, o que se vierta en cañadas, o que sea bombeado al sistema de saneamiento”.
El problema con el lixiviado es que está compuesto en su mayor parte por materiales orgánicos y ciertos minerales como calcio, hierro y manganeso, con una alta concentración de demanda bioquímica de oxígeno (DBO5): 9.200 miligramos por litro, según análisis de la IMM. Esto es 920 veces más que el nivel máximo que se permite en el agua. Si se vierte allí, se transforma en un asesino en serie de la vida acuática. Cuanta más alta es la DBO5, más alto es el número de bacterias. Una comparación hace más fácil su comprensión: equivale a la carga orgánica contaminante que generan 145.000 personas todos los días. Es un poco más que la población de Punta Carretas, Pocitos, Buceo, Parque Batlle y Villa Dolores; o el 70% de la población del Municipio F, es decir, la zona que sufre la influencia directa del sitio de disposición final Felipe Cardozo.
Cañerías y lagunas La nueva planta de tratamiento de lixiviado tiene dos pozos de bombeo. Uno hace circular el líquido a tratar dentro de la planta; mientras que el otro conduce el producto tratado a la red de saneamiento. El caudal medio total es de 10 litros por segundo. El líquido recorre una tubería de 2.869 metros de largo hasta un colector en camino Carrasco.
Canessa señaló que el producto final es agua bruta “con mejor calidad que los cursos de agua” de Montevideo. Eso es posible porque el líquido pasa, primero, por un desarenador para el retiro de las partículas sólidas; luego pasa por dos lagunas de tratamiento biológico (una anóxica de 3.000 metros cúbicos y una anaerobia de 4.400 metros cúbicos). El proceso se completa con la extracción de lodos. Julio Horta, director de Servicio de Obras de Saneamiento, explicó que el lodo resultante, ya deshidratado, es llevado al sitio de disposición final.
La previsión de la IMM es que Montevideo tiene asegurada la disposición final de sus residuos durante los próximos ocho años.