7 de octubre 2023 - 5:02hs

China atraviesa una fase complicada en la que se mezclan la crisis inmobiliaria, las tensiones geopolíticas con Estados Unidos y una tardía salida del covid-19. La suma de esos factores generó un desequilibrio de la demanda que tuvo repercusiones en sus compras externas. Eso se evidenció en una caída de las exportaciones de bienes uruguayos al país asiático, golpeadas además por el impacto de la sequía. La interrogante es qué pasara con su economía y cuál será el impacto a nivel local.

Un informe reciente del Banco Mundial indicó que los resultados económicos actuales de China dependen de cómo ha crecido en el pasado y de cómo pretende hacerlo en el futuro. En ese escenario, el país busca nuevos motores de crecimiento basados en el consumo y la innovación que eviten los problemas inherentes al viejo modelo de crecimiento, pero esa transición está resultando difícil.

Añadió que la pérdida de confianza, atribuible en parte a la caída de los precios de la vivienda, el aumento del endeudamiento y las implicaciones de la crisis económica ha provocado un aumento de la incertidumbre entre los consumidores y los inversores.

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El organismo internacional prevé un crecimiento de la economía de 5% para este año pero ya recortó la estimación para 2024 llevándola de 4,8% a 4,4%.

El sector inmobiliario y de la construcción ha sido un pilar de crecimiento de China, con un fuerte auge en las últimas décadas. Pero el endeudamiento masivo que contrajeron sus principales empresas pasó a considerarse como un riego inaceptable para su economía, consignó días atrás la agencia de noticias AFP.

La crisis de la compañía Evergrande agravó la desaceleración mayor de la economía. A ella se sumó otra gran empresa inmobiliaria, Country Garden, que se encuentra al borde de la quiebra.

Pero no solo la crisis de ese sector juega en la incertidumbre.

Ignacio Bartesaghi, experto en relaciones internacionales, dijo a El Observador que China está “atravesando por varias cosas el mismo tiempo”.

Uno de los elementos que impactó en la economía fue la lenta salida de la pandemia. La fuerte política de covid cero que aplicó el gobierno generó que el país atravesara un proceso de aislamiento más extenso que el resto del mundo.

AFP Xi Jinping

China terminó saliendo de esa fase recién sobre fines de 2022. Y eso hizo resentir el consumo.

Bartesaghi expuso que las políticas impuestas generaron un parate de la economía con efecto directo en los stocks y baja de precios de compra. La previsión es que en el segundo semestre de este año se vean algunos cambios y recién en 2024 se observe el retorno a un consumo regular y progresivo en China.

Una vuelta a la normalidad entre comillas, porque no tuvo el mismo comportamiento que el resto del mundo. Además, con la política sanitaria tan agresiva, el mensaje que se dio fue de cierta inseguridad para viajar al país”, sostuvo.

Otra situación que complica a China es la tensión que atraviesa con Estados Unidos. “No es solo geopolítica; hay una cantidad de restricciones económicas y comerciales muy fuertes”, afirmó Bartesaghi.

Por otro lado se encuentra en un período de cambio, en la que busca una menor intervención estatal y convertirse más en una economía de consumo que de exportación.

Igualmente recordó que tendrá una expansión de 5% este año. “El crecimiento se va estabilizando. China ya no va a crecerá tasas de 10%. Las transformaciones que se dan en los cambios de patrones de consumo también se van a ir moderando”, explicó.

Efecto en Uruguay

Las ventas a China cayeron 48% en los primeros nueve meses del año en comparación con igual período de 2022. Los tres principales productos tuvieron un desempeño negativo. Las exportaciones de carne descendieron 39%, la soja 76% y los despojos y subproductos cárnicos 25%. El gigante asiático, que en gran parte de la última década fue el principal comprador de bienes uruguayos, pasó a un segundo lugar por detrás de Brasil.

Solo entre la carne vacuna y la soja se perdieron US$ 2.400 millones en esos nueves meses en comparación con igual período de 2022. 

La sequía se hizo sentir en la producción y eso tuvo un resultado obvio en las ventas externas. Pero también pesó la incertidumbre de la economía asiática que se hizo sentir en el consumo.  

¿Hay elementos para pensar que China va a dejar de consumir carne o comprar soja? No hay por el momento una señal de ese tipo”, dijo Bartesaghi.

Lo que sí puede resultar es que esa demanda no sea tan fuerte como años atrás y que también se traslade hacia otros productos, como el vino, los alimentos preparados o las frutas.

Por eso cobra importancia que Uruguay logre cerrar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con el gobierno de Xi Jinping. La menor demanda que provocó la baja de precios hace que los productos uruguayos deban competir con mercadería de países que tienen firmados acuerdos comerciales con China.

Exportaciones de carne a China

El país no tiene actualmente condiciones para entrar en un reshoring (proceso de sustituir  localmente los productos que compra en el exterior). Y por eso continuará demandando alimentos.

“Cuando la relación comercial madura y se exporta más es el punto clave para firmar un TLC. Es el momento justo”, afirmó el experto.

Esa percepción quizás la tenga también el gobierno uruguayo. El presidente Luis Lacalle Pou, junto a una comitiva oficial, tiene confirmado un viaje a China. La visita será entre el lunes 20 y el jueves 23 de noviembre.

“Estamos acostumbrados a que la demanda china es de dos dígitos, cuando ya no está en condiciones de hacerlo. Entonces hay que adecuarse a tasas más moderadas, pero estructuralmente necesita demandar los productos que Uruguay exporta”, concluyó.

 

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