6 de enero 2022 - 17:03hs

Gideon Rachman

"Quien controla el pasado controla el futuro; quien controla el presente controla el pasado". George Orwell estaba escribiendo a finales de la década de 1940, pero ese extracto de "1984" es una guía perfecta de cómo Vladimir Putin y Xi Jinping, los líderes de Rusia y China, tratan la historia.

Durante los últimos días de 2021, los gobiernos ruso y chino tomaron drásticas medidas para censurar la discusión acerca de la historia de sus respectivos países. En ambos casos, la decisión de "controlar el pasado" envía una sombría señal en cuanto al futuro.

El Tribunal Supremo de Rusia cerró Memorial, una organización fundada en los últimos años de la Unión Soviética para registrar y preservar la memoria de las víctimas del estalinismo. En Hong Kong, las universidades locales cedieron ante el gobierno central de China, retirando de los campus las estatuas que conmemoraban la masacre de la plaza de Tiananmén de 1989. En las décadas posteriores a la descolonización, en 1997, Hong Kong fue un bastión de la libertad de expresión dentro de la República Popular China. Pero esa era definitivamente ha llegado a su fin.

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Natalia KOLESNIKOVA / AFP Jueza de la Suprema Corte de Rusia ordena el cierre de Memorial, el 28 de diciembre de 2021.

El cierre de Memorial parece representar un punto de inflexión para toda Rusia. A pesar de toda la brutalidad del régimen de Putin, Rusia, hasta hace poco, estuvo permitiendo un margen de libertad considerablemente mayor para la disidencia política que China. Los opositores de Putin se manifestaron en grandes cantidades en las calles en 2012, 2019 y 2021. Ese tipo de crítica abierta a Xi ha parecido, durante mucho tiempo, inconcebible en la China continental.

El tratamiento de la historia en cada país también ha sido diferente. Un retrato de Mao Zedong, el líder de la revolución comunista china, domina la plaza de Tiananmén, y sus estatuas se alzan en los campus de Beijing y de Shanghái. Pero para ver una estatua de Yósif Stalin en Moscú yo tuve que visitar el parque del Monumento a los Caídos, donde encontré una cabeza cortada de piedra del exdictador soviético.

En 2017, el propio Putin inauguró un monumento a las víctimas del estalinismo en Moscú y depositó flores en su base. En aquel momento, el jefe de operaciones de Memorial celebró ese gesto. Pero ahora, el fiscal del caso que ha ilegalizado Memorial se queja de que la organización "nos hace arrepentirnos del pasado soviético, en lugar de recordar su gloriosa historia".

Los observadores en Rusia ven el cierre de Memorial como un deliberado avance hacia niveles de censura y de control chinos. Alexander Baunov, del Centro Carnegie de Moscú, declaró al New York Times: "éste en un verdadero cambio hacia un enfoque chino de la historia", en el cual se reconocen los "errores" de Mao o de Stalin, pero se tratan como imperfecciones menores en un historial por lo demás glorioso. Grigory Yavlinsky, el veterano político de la oposición, ha sostenido que esto marca el punto de inflexión entre un Estado autoritario y uno totalitario.

El presidente Xi seguramente aprobará la decisión de Putin de reprimir las críticas al estalinismo. El líder chino lleva mucho tiempo preocupado por el colapso de la Unión Soviética, y él está decidido a evitar que ocurra algo similar en China. En un discurso ante el Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh), pronunciado justo después de su llegada al poder, Xi preguntó: "¿Por qué se derrumbó la Unión Soviética?" Su respuesta fue que "la historia de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y del Partido Comunista de la Unión Soviética había sido completamente negada. Lenin había sido rechazado, al igual que Stalin. La confusión ideológica estaba por doquier. La Unión Soviética, la cual había sido un gran país socialista, se derrumbó".

Controlar la discusión acerca del pasado sigue siendo fundamental para el estilo de gobierno de Xi. El año pasado, su gobierno aprobó una ley para convertir en delito el burlarse de los héroes nacionales del país.

Tanto en Rusia como en China, las medidas para acallar el debate histórico van de la mano de una intensificación de la actual represión. En la misma semana en que se cerró Memorial, el gobierno ruso detuvo a varios partidarios de Alexei Navalny, el líder de la oposición encarcelado. En Hong Kong, días después de la retirada de las estatuas que conmemoraban Tiananmén, el gobierno clausuró Stand News, el mayor medio de comunicación prodemocrático que quedaba, y detuvo a varios de sus funcionarios de más alto rango.

La supresión de la historia está vinculada a la agresión en el extranjero. Una señal de la inminente represión de Memorial se produjo el pasado mes de octubre, cuando a la organización se le hizo una redada durante la proyección de una película sobre la hambruna de la década de 1930 en la Ucrania soviética. Ese tipo de memoria histórica es inaceptable en un momento en el que el gobierno ruso abiertamente se está preparando para invadir Ucrania.

En una línea similar, el año pasado Beijing tomó medidas para frenar las insinuaciones de que la participación de China en la guerra de Corea en la década de 1950 era algo más que una defensa contra una posible invasión estadounidense. Ese debate también tiene un significado contemporáneo, en un momento en el que la amenaza de una guerra entre EEUU y China está nuevamente aumentando.

Para completar el círculo de represión, los críticos internos de los gobiernos de Putin y de Xi habitualmente son acusados de trabajar para potencias extranjeras hostiles, al igual que lo fueron los opositores de Stalin y de Mao. El argumento de que las potencias extranjeras están aliadas con los críticos internos del régimen se utiliza entonces para justificar la represión por motivos patrióticos y para apoyar el caso de un liderazgo "fuerte".

Tanto Putin como Xi han introducido cambios en las constituciones de sus países que les permitirán gobernar, sin oposición, durante un largo tiempo. Si Putin permanece en el Kremlin hasta 2036, lo cual ahora parece definitivamente posible, él habrá gobernado durante más tiempo que el mismo Stalin. Si tienes la intención de emular a Stalin, ¿por qué permitirías que lo criticaran?

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