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Irrazabal, de quedar varado en Misiones y no tener para comer, al sueño de volver a la selección y construir su casa

El dolor de la salida de Defensor, vivir una semana teniendo para comer solo el desayuno y llegar como tercer golero a Cerro no fueron golpes suficientes para hacer rendir al golero de Rentistas que, 13 años después, se reencontró con Suárez, Cáceres y Cavani en la selección

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29 de noviembre de 2020 a las 05:02

El mundo parecía que se derrumbaba a sus pies. La puerta se cerraba. Atrás quedaban 16 años en el club que lo vio crecer. Se fue llorando. Consideraba Defensor Sporting su casa. Sin equipo, no encontraba club y a las apuradas partió a la provincia argentina de Misiones para defender a Guaraní Antonio Franco. Las promesas que le habían hecho, jamás las cumplieron. Llegó a pasar mal, porque no tenía para comer. En ese momento le pidió a su señora que lo fuera a buscar porque no tenía plata para regresar. Y volvió a empezar en 2016. De cero. De la nada. Al punto que el técnico de Cerro le dijo que iba a alternar con otro golero para ocupar un lugar en el banco de suplentes.

No tenía casa. Se fue a vivir a lo de su cuñado hasta que vendió el auto para comprar un terrenito. Nadie se la cuenta. La sufrió. Por eso la citación a la selección fue una caricia al alma. Aquella mañana, cuando cortó la llamada de teléfono, abrazó a su señora Valeria Sosa y lloraron. De felicidad. Sintieron que valió la pena.

Yonatan Irrazabal se transformó en golero por una situación insólita. La primera vez que lo llevaron al baby fútbol, en la cancha del Niágara, miró todo con atención. Cuando su padre le preguntó de qué quería jugar se percató de que al único jugador que el técnico no le gritaba era al golero. “Lo miré a mi viejo y le dije: 'Quiero ser golero'. Me preguntó si estaba seguro y le dije que sí”. No salió más del arco.

Cuando tenía 11 años lo reclutaron para la escuelita de Defensor Sporting donde tomó contacto con el profesor César Santos. Eran tiempos donde sus padres hacían un esfuerzo para comprar zapatos y guantes. “Mi padre estuvo siempre en el transporte, ómnibus o taxi, y mi mamá limpiadora en un supermercado”, contó Irrazabal en charla con Referí.

Recién cuando llegó a la Séptima división de lo violetas aparecieron los primeros pesitos para el boleto.

“Era solo para boletos, nada más, era poco. Estaba todo contadito. El profe Santos era muy estricto y muy educador porque cuando llevabas el carné del liceo con más de tres bajas no te permitía entrenar. A mí no me pasó nunca pero había dos materias que me costaban y que al final las terminaba salvando”, rememoró el golero de Rentistas.

De aquella generación con la que inició el camino llegó a Primera junto con Damián Suárez. Luego se sumó Martín Díaz, con quienes comenzó a compartir el proceso de selecciones juveniles Sub 17 y Sub 20.

En el año 2012 el Mono Irrazabal tocó el cielo con las manos al ganar el Clausura con los violetas bajo la conducción de Gustavo "Chavo" Díaz como entrenador. Aquel equipo terminó perdiendo las finales del Uruguayo a manos de Nacional.

De cara al inicio de la siguiente temporada Yonatan arrancó como titular hasta que en la tercera fecha sufrió un esguince de rodilla. Lo sustituyó Martín Campaña que jugó tres partidos consecutivos. Cuando el Mono estaba pronto, Campaña se mandó tremenda actuación contra Danubio y no salió más del arco de la viola.

Pasó tres años a la sombra de Campaña hasta que en 2016, cuando empezaba a jugar, los dirigentes del club le comunicaron que no estaban dispuestos a renovarle el contrato que llegaba a su finalización. “Yo me quería quedar seis meses más. Pero no hubo caso. Me fui con un dolor en el alma de Defensor. Estuve 16 años”, expresó.

Pasar hambre en Misiones

Irrazabal quedó libre. El tiempo comenzó a pasar y no aparecían ofertas. Le ganó la desesperación hasta que la persona que manejaba su pase le habló de una posibilidad de Guaraní Antonio Franco de Argentina.

“Me voy desesperado porque no encontraba equipo y cuando llegué empecé a encontrar cosas extrañas. Me dijeron un salario, pero resulta que después me salieron con que era complicado darme ese dinero. No me conseguían casa, fue todo complicado y había firmado solo el contrato del club, no en la AFA, entonces no tenía derecho a reclamar nada”, reveló Irrazabal en la charla con Referí.

La realidad es que el tema se complicó más de la cuenta. La persona que lo llevó, lo dejó en el club y se volvió. Yonatan llamaba a los dirigentes y nadie lo atendía. Un día se le apareció uno con un cuento…

“Me dijo que yo no era lo que esperaba el técnico y le respondí: 'Yo sé qué clase de jugador y qué clase de persona soy, trae el contrato que lo vamos a romper'. Me di media vuelta y me fui”, recordó el Mono.

Pero el tema es que los días pasaban y el dinero se agotaba. Irrazabal se empezó a quedar sin fondos. Las complicaciones llegaron al punto de no tener para comer.

“La realidad es que llegó un momento que no tenía para comer. Tenía solo el desayuno en el hotel y estuve una semana así hasta que llamé a mi señora y le pedí que me viniera a buscar porque no tenía forma de salir de Misiones”, narró el jugador.

La señora de Yonatan, acompañada de su mamá y su hermano, se subieron al auto y recorrieron los 1.087 kilómetros en auto. Más de 13 horas arriba del vehículo.

En ese momento la situación era compleja para Irrazabal. No tenía dinero ni donde vivir porque debía entregar el apartamento que le había dado Defensor. Hasta tuvo que vender algunas cosas.

Allí encontró la solidaridad de su cuñado que le abrió la puerta de su casa y le permitió quedarse. Fueron dos años viviendo en lo de su cuñado hasta que un día vendieron el auto para comprar un terrenito en Colonia Nicolich, a medias con su suegra, con el sueño de empezar a levantar la casita propia.

A pelearla en Cerro

Al volver a Uruguay surgió una posibilidad para firmar contrato con Cerro pero justo en ese momento se realizaba el acto eleccionario que terminó en un incidente donde renunció el presidente electo, tras ser agredido, y el mando pasó a manos de Alfredo Jaureguiverry, el candidato que había perdido.

Irrazabal debió esperar que se resolviera el tema y se sumó al plantel jugadas cuatro fechas.

“Cuando me sumé al grupo el técnico Nito Puente me dijo que no me conocía mucho que me iba a tener en cuenta con el otro golero suplente un partido cada uno en el banco. Yo le dije que no importaba y empecé a entrenar con todo”.

Pero resulta que el equipo perdió tres partidos seguidos y Puente habló con Irrazabal y le dijo que iba a empezar a ser el titular. Se venían tres juegos de esos que marcan. Nacional en el Tróccoli, Peñarol en el Campeón del Siglo y Rampla como locales.

Yonatan parecía maldecido. Cinco minutos de partido con Nacional y roja para el Flaco Rodrigo Canosa. Pero Cerro logró aguantar y sacó un empate 0 a 0 con buena actuación del golero. Al partido siguiente le ganaron a Peñarol 2-1 en el CDS y se consolidó en el arco.

Claro que no todo era color de rosa. Los problemas económicos empezaron a golpear al club de la Villa.

“Era un momento difícil, estaba Richard Pellejero como capitán y estaba muy solo para ir a confrontar con la directiva por los salarios y me junté con él y le dije que estaba a la orden para acompañarlo”.

El tema es debido a los inconvenientes económicos, Irrazabal tenía el terrenito de Colonia Nicolich pelado. Sin nada construido.

“En momentos como esos uno encuentra respaldo en la compañera que tiene al lado. Mi señora ha sido un pilar fundamental porque cuando uno parece caerse, el otro lo levanta. Pasa en la vida”, expresó el golero.

Aquel equipo de Cerro se metió dos años seguidos en Copa Sudamericana y en una de ella pasó de fase, por lo que entraron algunos dólares.

El llamado de México

Fue entonces cuando, debido a las campañas en Cerro, el teléfono de Irrazabal sonó con un número desconocido. El grupo empresarial Once Sport lo terminó llevando al Tampico de la liga de ascenso de México.

Fue lo que le permitió levantar los cimientos de la casita.

En Tampico jugó toda la temporada 2019. Los últimos tres meses fue al banco porque el club llevó un golero de Chivas.

“Se terminó el contrato y ellos querían renovar pero allá son empresas las que manejan a los clubes y esta empresa tenía a Santos Lagua, Atlas y Tampico. Fui a hablar y me dijeron que si me quedaba tenía que bajarme el sueldo y cuando me dijeron la cantidad les dije que no, que esa plata la cobraba en Uruguay y estaba cerca de mi familia, por lo que me volví”.

Haciendo historia

El Mono volvió a Montevideo y se puso a entrenar. Estuve a punto de arreglar con Universidad de Concepción. Lo llamaron de Wanderers, Defensor y Fénix, hasta que apareció Nacho Bordad con el cual había trabajado en Cerro. “Me habló del proyecto de Rentistas, de la seriedad de la gente que manejaba el club y de la idea del técnico Cappuccio de jugar bien. Querían tener otro líder y un golero que manejara bien la pelota con los pies. Firmé”.

La tarea no era sencilla. Había que salvar al cuadro del descenso. Pero de la noche a la mañana se encontraron trepando y trepando hasta llegar a la cima. Y cuando quisieron acordar estaban en la definición. Y al poco tiempo jugando una final. Y en un abrir y cerrar de ojos jugando y ganando la final contra Nacional para grabar una página de oro en la historia de Rentistas como campeones del Apertura.

Finalizado el torneo, los rojos se metieron en el Intermedio sin pausas. El calendario no brindaba respiro. La pandemia de covid-19 tampoco. Y el virus se metió en la selección atacando al golero Rodrigo Muñoz.

El lunes 9 de noviembre Irrazabal se encontraba armando la mochila para ir a concentrar con Rentistas que tenía que jugar contra Progreso por el Intermedio cuando le sonó el teléfono. Era Flavio Perchman, representante e integrante de la SAD de los rojos.

“Mono, mañana no vas a jugar”. El golero no entendía nada y preguntó: “¿Qué macana me mandé?”. Fue cuando el empresario le dijo: “mañana te vas con Alexis Rolín a la selección”.

“La verdad que al principio yo no caía con la noticia hasta que me la repitió dos o tres veces y me di cuenta de que me hablaba en serio”, dijo el golero a Referí.

En ese momento estaba con su señora. Cuando cortó la llamada se dieron un abrazo interminable y lloraron. “Claro que lloramos, por todas las que pasamos. Siempre nos decimos que los logros personales son los logros de nuestro matrimonio y ese día nos emocionamos”, rememoró Yonatan.

Y allá se fue, a reencontrarse con viejos conocidos que no compartía vestuario desde hacía 13 años como Luis Suárez, Edinson Cavani, Martín Cáceres, Damián Suárez y el kinesiólogo Richard López. Y al margen de que la celeste se vio sacudida por el foco de covid-19 que la invadió, e Irrazabal fue uno de los que contrajo el virus, nada le quita la felicidad del regreso a la selección.

“Pah, fue impresionante, increíble, luego de 13 años reencontrarnos, volver a recordar anécdotas, disfrutar cada momento, cada charla y sentir que nada ha cambiado, que siguen siendo las mismas personas humanas y sanas de siempre. Ppara mí fue impagable”.

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