Opinión > EDITORIAL

Irresuelta crisis migratoria

La crisis creada en Europa y Estados Unidos por la creciente llegada masiva de inmigrantes que huyen de la pobreza en sus países se ha convertido en un problema mundial complicado por controversias y desavenencias sobre como solucionarlo.

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30 de junio de 2018 a las 05:00

Este fenómeno, que incluso se vive en Uruguay, se ha multiplicado aceleradamente. Naciones Unidas ha informado que desde el año 2000 casi 50 millones han ingresado a diferentes países, en gran proporción en forma ilegal. Los países de acogida se debaten entre la obligación humanitaria de aliviar las penurias de esta enorme masa humana y, por otro lado, evitar el impacto económico de ayudar a gente con escasa formación laboral y defender sus propias identidades.

La situación tiene aristas diferentes en la Unión Europea (UE) y Estados Unidos. La UE debate fórmulas para controlar la inmigración pero está lejos de un acuerdo. La canciller alemana Angela Merkel, que defiende una política amigable hacia los inmigrantes, advirtió antes de partir a la cumbre en Bruselas sobre el tema, que el futuro de la comunidad europea depende de que se encuentre una salida. Pero sus socios en la coalición gobernante le exigen ponerle coto a la inmigración bajo amenaza de coartar hasta el libre tránsito interno en la UE. Varios países comparten esta posición, extremo liderado por Italia, donde unos 500.000 africanos llegaron desde 2015 en riesgosas travesías por el Mediterráneo que han provocado la muerte de miles de personas por hundimiento de sus embarcaciones. El gobierno italiano, que incluye partidos de ultraderecha, exige que todos los países de la UE se comprometan a recibir a los inmigrantes, posición rechazada por muchas naciones. La salida aparentemente más viable para el caso europeo es la propuesta alemana de establecer en países europeos o africanos centros de internación con buenas condiciones de vida y donde se procesen en forma responsable y ordenada las solicitudes de asilo.

En Estados Unidos el presidente Donald Trump impuso primero una tolerancia cero al ingreso de inmigrantes ilegales, procedentes mayoritariamente de México, y la expulsión de decenas de miles de indocumentados. Aunque oficialmente esa política se mantiene, Trump, enfrentado a una ola de protestas, ha tenido que dar marcha atrás en algunas de sus medidas más drásticas incluyendo la separación de niños de sus padres. Lo complica adicionalmente que algunos estados fronterizos con México se muestran más dispuestos a recibir clandestina mano de obra barata.
Uruguay no es ajeno al tema, aunque en grado mucho menor. El derrumbe económico y las persecuciones políticas de la dictadura chavista en Venezuela han aumentado notoriamente la emigración de ciudadanos de ese país así como, en grado menor, de Cuba y otros estados caribeños. Los venezolanos escapan principalmente a Colombia y Brasil, pero llegan también a nuestro país. En su gran mayoría han encontrado trabajo y se les reconoce su diligencia laboral, pero constituyen igualmente un problema en momentos en que el desempleo golpea a Uruguay, con la pérdida de más de 40.000 puestos de trabajo en los últimos años. Un mundo sin fronteras es imposible. Pero la crisis migratoria mundial impone encontrar una solución que respete por igual los derechos de los inmigrantes a buscar una vida mejor y los intereses y realidades de los países a los que ingresan.
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