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El expresidente Tabaré Vázquez firmó en 2018 el ingreso de la Isla de Flores al Sistema Nacional de Áreas Protegidas

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Isla de Flores: memoria en ruinas que impulsan para Patrimonio de la Humanidad

Fue cuarentenario, hospital, centro de reclusión y guía para evitar los naufragios en el Banco Inglés; hoy es un área protegida, aunque sus construcciones se desmembran día a día

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19 de septiembre de 2021 a las 05:00

"¡Ahí se divisa!", se oyó apenas la embarcación de la Armada pasó la bahía de Punta Carretas. A medio trecho de los 30 kilómetros que la separan del Puerto de Montevideo, se alzaban —algo difusos a la vista— los tres islotes y el emblemático faro que corona a la Isla de Flores

El ROU 11-Río Negro, como cada quincena, había partido temprano en la mañana del jueves para el recambio de fareros y abastecimientos. Tardó en el entorno de hora y media antes de tender sus amarras sobre el muelle, desnudado en su mayor parte por las marejadas. Cuando se apagaron los motores, a kilómetros de la costa citadina, volvió a reinar el estruendo impoluto del oleaje y los graznidos de gaviotas.

La Isla de Flores integra desde 2015 la lista indicativa que el Estado uruguayo presenta ante la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) como antecedente a cualquier postulación ulterior. En ese catálogo figuran otros íconos nacionales como la rambla montevideana y el Palacio Legislativo.

La Isla de Flores consta de tres islotes; cada uno de ellos cumplió una función específica en los tiempos de cuarentenas

Con esa etapa previa, la Comisión de Patrimonio —dependiente del Ministerio de Educación y Cultura— pone sus fichas en la Isla de Flores para consagrarse como el cuarto bien material reconocido en el mundo como Patrimonio de la Humanidad. "La idea es trabajar una candidatura a dos años", declaró el director general del organismo, William Rey, a El Observador

El jerarca sostuvo que el sitio cumple “con el valor universal excepcional” contemplado por la Unesco para tal reconocimiento mundial. Primero por su vínculo con los procesos migratorios — que según Rey son “parte fundamental de lo humano”— en el Río de la Plata. “Por otro lado es necesario mostrar la excepcionalidad. A pesar de que hay otras islas en el mundo que fueron lugar de cuarentena, ninguna es hoy Patrimonio de la Humanidad. Ahí hay una oportunidad”, decretó.

El arquitecto planteó que a pesar de un “muy mal estado de conservación” en las estructuras isleñas, hay “un grado considerable de integridad”. “Hoy podemos entender cómo era el proceso de llegada de los inmigrantes, dónde se alojaban, a dónde iban si estaban enfermos, qué pasaba si morían. Hay toda una cadena que uno puede leer perfectamente”, afirmó Rey. Así, el jerarca añadió que hay un nivel “muy alto” de “autenticidad”. “Allí no han habido procesos de recolonización o de cambios de funciones”, dijo. 

El expresidente Tabaré Vázquez firmó en 2018 el ingreso de la Isla de Flores al Sistema Nacional de Áreas Protegidas

Lejos de casa

Todas las estructuras en la isla de Flores siguen en pie, aunque desde hace años se desmembran poco a poco. Cuando Juan Antonio Pérez Sparano hizo los primeros contactos con el sitio para iniciar el Proyecto Isla de Flores (PIF), las imágenes eran distintas. “Yo a esto lo vi entero”, lamenta ahora a cada rato. “¿No se podrá poner algo acá para aguantarlo?¿Es poco? Es poco. Pero salvarás una pieza más”, se pregunta. 

Sparano es el referente del Instituto de Investigaciones Históricas y Sociales del Plata (IIHSP), que consiguió su personería jurídica en 2009. Desde entonces es la única organización no gubernamental que se desempeña en el sitio, cuya iniciativa por la conservación y la reconstrucción histórica fue declarada de interés nacional diez años atrás.

Hoy tienen un convenio con la Armada por el que embarcan en cada viaje de recambio de fareros, lo que les da algunas horas para recorrer las ruinas mientras los marinos se surten para la quincena y aprovechan la pausa para el reencuentro. 

El faro visto desde el segundo islote

El muelle conduce al primer islote, el más elevado y visible desde la costa. Ahí está el faro, una construcción impecable de muros gruesos y pintados que contrastan con el deterioro vecino. La luz se prende con cada ocaso y se apaga a cada amanecer. El sistema consta de motores que fuerzan la constante rotación, y una alarma que se enciende ante cualquier imprevisto para avisar a la dupla de fareros que se turna en la guardia. 

La amenaza del Banco Inglés para las embarcaciones tiene tan larga data que incluso en 1792 motivó la improvisada instalación del farol de la recién naufragada Nuestra Señora de Loreto en la parte más alta de la isla, aunque seis años más tarde fuera trasladado al Cerro de Montevideo, según recopiló Sparano en su detallado trabajo Lazareto Isla de Flores: SOSFue a través del Tratado de la Farola en 1819 en que la Banda Oriental cede a Portugal las Misiones Orientales para hacerse de la isla, y allí comienza a proyectarse la construcción de un faro.

Historia de a pedazos

La excapitanía, la comandancia, un recinto para correos y despacho de valijas, y galpones. Todo a los pies del faro hoy se cae poco a poco a pedazos. Ningún techo resistió el paso del tiempo. Entre las vigas y escombros derrumbados corretean  los conejos.

A un costado se alza el ex lazareto, una especie de hotel de paso para los viajeros cuyos barcos habían tocado puertos “contaminados” por enfermedades. Su construcción se aceleró en 1868 ante la expansión del cólera y el cierre forzado de las instalaciones en la Isla de Ratas por sus pésimas condiciones. 

Primer cuerpo del lazareto; al segundo piso iban los huéspedes de primera clase, y los de segunda iban a la planta baja

En el centro del exhotel hay un patio amplio, donde se elevan palmeras que crecen de forma desproporcionada a la altura de los muros. En el piso de arriba, con un ostentoso balcón con vista a Montevideo, se hospedaban los visitantes de primera clase. Al primer piso iban los de segunda. Así lo definía el pasaje que habían comprado en sus puertos de origen. En algún momento hubo galpones contiguos para los de tercera clase, suprimidos ante un informe lapidario del médico Antonio Galindo para el Consejo Nacional de Higiene. Hoy está en pie el pabellón reconstruido en 1914. 

El primer cuerpo del lazareto guarda sin embargo cicatrices más recientes. En un rincón hay una sala con un gancho en el techo. Un pasillo contiguo lleva a compartimentos fríos de menos de un metro de ancho: los calabozos. Primero José Batlle y Ordóñez (1904) con algunos insurgentes saravistas, después Gabriel Terra (1933) en el marco de su dictadura y al final Jorge Pacheco Areco (1968) con el respaldo de las Medidas Prontas de Seguridad, distintos gobiernos usaron la Isla de Flores para empujar sus problemas a varios kilómetros de tierra firme. 

En una misiva redactada por presos en 1935 —entre ellos connotados opositores como José Pedro Cardoso, Emilio Frugoni, Andrés Martínez Trueba y Julio César Grauert—, se denunciaba la "condición de 'prisioneros de guerra'", la disponibilidad de "un solo baño rebosante de inmundicias para más de 150 personas", la "bazofia execrable" para las comidas, la falta de agua potable y la incomunicación "hasta el morboso extremo de prohibir toda correspondencia"

Área verde del segundo islote, sobre el que vuelan cientos de gaviotas y corretean los conejos

Frente al lazareto estaba apostado el desinfectorio, junto al que reposan pesados calentadores oxidados que supieron esterilizar las prendas de los huéspedes. 

A partir de ahí se ingresa al segundo islote, delimitado en algún momento por cercos cuyos pilares persisten hasta hoy. "¡Ay de nosotras si abarcáramos el confín y cruzáramos los límites señalados con alambre de hierro!", rezaba un fragmento de la correspondencia que unas monjas salesianas remitieron Italia en 1877. "Nos redoblarían la cuarentena a nuestra parte", agregaban las religiosas.

Y es que, cuanto más lejos del faro, más grave la salud de los pacientes. El lazareto del primer islote era llamado "limpio" o de "observación". En un extremo del segundo levantaron el "hospital de observación", para huéspedes con síntomas aún no confirmatorios de una enfermedad epidémica. Para llegar hay que cruzar un extenso campo verde, bordeado por un puente de piedras despedazado y envuelto por las sombras de los cientos de gaviotas que surcan como fuego cruzado el entorno.  

Junto al hospital derruido, como un patio lateral, estaba el cementerio. En su informe al Consejo de Higiene, Galindo pidió incluso —sin éxito— que se trasladara la necrópolis, en el entendido de que "no puede menos que afectar hondamente la imaginación del enfermo", a quien le parecería "estar viendo la fosa donde quizás más tarde se ha de verificar su inhumación". 

Tercer islote de la Isla de Flores coronada por el crematorio y la chimenea

Al fondo de la isla, tras caminar casi dos kilómetros, asoma el tercer islote. Alcanzarlo sin mojarse es casi imposible, y hay que contar con el beneplácito de la marea. La restinga de 280 metros piedra filosa, relamida por las olas, atenta contra cualquier intento de cruce. Con la resignación de contemplarla desde lejos, se observa la colina coronada por el hospital para terminales, la casa para el médico, el crematorio y la chimenea. Si el paciente llegaba hasta allí, esa estructura cilíndrica era probablemente su puerta de salida. 

Ruta de trabajo

El director de Patrimonio explica que los bienes aspirantes al patrimonio mundial "pueden ser culturales, naturales, o mixtos". "En estos momentos empezamos a discutir la posibilidad de que este sea mixto", comentó Rey. Para ello habrá que demostrar el "grado de excepcionalidad que haya en materia natural", por lo que se debe estudiar la fauna y la flora de la isla. 

La postulación a dos años va a implicar la confección de un dossier técnico, que según Rey es "de mucho mayor porte" que el que exigió aquel que hubo que elaborar para ingresar en 2015 a la lista indicativa. El trabajo debe seguir las guías prácticas de Unesco. "Hay que comprobar todo lo que se dice. Yo siempre digo que se parece bastante a una tesis doctoral. Hay un tiempo enorme de búsqueda de documentos, firma de convenios, trabajos de recuperación", describió el jerarca. 

La Isla de Flores es uno de los 17 parques que integran el Sistema Nacional de Áreas Protegidas

Para ello la Comisión de Patrimonio está iniciando los "contactos" con distintas instituciones, desde estatales —como los ministerios de Ambiente, Salud Pública, Transporte, y la Armada— hasta no gubernamentales, en un diálogo estrecho con el PIF. 

"Por otra parte hay que presentar un plan de manejo", señaló Rey. "Si hablamos de que se podría tratar de un bien mixto, los cambios en los niveles del mar podrían hacer perder parte de la fauna de tierra", expuso como ejemplo. Otra acción será enumerar "medidas concretas para frenar el proceso de deterioro de las infraestructuras". 

Según el jerarca será necesaria una propuesta de turismo cultural. "No se trata de congelar un sitio. Pero tiene que ser un turismo razonable, con un control sobre el impacto que pueda haber en el área", sostuvo. Hoy la única propuesta vigente consiste en viajes contratados a la iniciativa Nautitour, que parte los fines de semana desde el puerto del Buceo. 

Sparano tiene fe en que la postulación ante la Unesco dé frutos para asegurar la conservación de la isla tras tantos años de trabajo. "Si me dicen: '¿Noche en el Conrad o acá?' ¡Dejame acá tranquilo!", exclama. De a ratos mira a su alrededor y suspira: "Qué belleza. No me canso de verla".

El Patrimonio Mundial uruguayo

De consagrarse la isla de Flores como Patrimonio de la Humanidad reconocido por la Unesco, se incorporaría a una lista selecta de bienes uruguayos: En 1995 abrió la nómina el casco histórico de Colonia del Sacramento; en 2015 se sumó el paisaje cultural industrial Fray Bentos, un patrimonio de varias hectáreas en cuyo territorio alberga al histórico frigorífico Anglo; en 2021 se incorporó la Iglesia Cristo Obrero en Atlántida, obra del connotado ingeniero civil Eladio Dieste. 
Asimismo, cabe considerar al tango y al candombe en su espacio sociocultural, ambos declarados en 2009 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.
Tener otro bien incorporado, para un país pequeño como Uruguay, tiene un valor muy significativo si lo comparamos con la región. Es muy importante para lo que será el Uruguay de las rutas turísticas. Siempre nos honra y nos da un lugar importantísimo en el conjunto de bienes con alta significación para la humanidad, pero también nos genera obligaciones económicas, de gestión y también respetar la conservación”, sostuvo el director de la Comisión de Patrimonio.

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