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15 de septiembre 2022 - 12:24hs

Primero se escuchan los pájaros. Después, todo se oscurece, y un sonido electrónico abre paso a una voz femenina, con acento venezolano, que explica el nacimiento del amor desde una perspectiva científica. El amor como herramienta de supervivencia, como logro de la evolución. Como fuerza natural y vital. Los mensajes que va enviando esa voz están destinados a un "primo". Y ese primo en cuestión es Jorge Drexler, que después de esos audios sale a escena con su banda para cantar sobre el amor. 

El cantautor uruguayo volvió a casa este miércoles, para presentar su disco más reciente, Tinta y tiempo, en el que fue su primer show en el Antel Arena, que lo recibió con localidades agotadas y un público que cumplió a pesar del cambio de fecha obligado por el paro general de este jueves, el día señalado originalmente para esta presentación. 

Drexler volvió a casa, y se notó el entusiasmo particular que le genera presentarse en su tierra. Se notó también el estatus que tiene a esta altura de su carrera el músico, que fue recibido ya de entrada con una ovación de pie, que lo puso de rodillas ante la audiencia de más de 5.000 personas.

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@DamianCejasDelgue Drexler en el Antel Arena

Durante las dos horas y media siguientes, Drexler mostró lo que ya se sabe que puede hacer, pero también levantó su propia vara en cuanto al manejo escénico, a la puesta del show y a su control total de las atmósferas, los climas, y por extensión, el ánimo de los espectadores. Cada vez más suelto en escena, Drexler saltó, bailó, se tiró al piso, corrió, tocó, cantó, de todo.

Y encima, ¿cómo no querer a Jorge Drexler, cuando cuenta las historias de sus canciones, cuando muestra cómo se le rompió el pantalón en uno de sus bailoteos, cuando se emociona por el reencuentro con los escenarios de su país después de más de dos años, con sus movimientos que son torpes y elegantes al mismo tiempo?

El cantautor fue el centro de un espectáculo que no cuenta con grandes apoyos –ni distracciones– visuales, y que se sostiene sobre el talento de la banda, el liderazgo de Drexler, y un magistral manejo de las luces y de los desplazamientos de los artistas por el escenario. Y fue también una propuesta escénica diferente a lo habitual, la confirmación del nivel al que juega Drexler a nivel artístico y que no siempre sus compatriotas tienen en cuenta.

@DamianCejasDelgue Drexler en el Antel Arena

De alguna forma, sus visitas son algo comparable a tener a lo que está pasando ahora con Luis Suárez en el campeonato local: es cuando uno los tiene cerca que se notan esas cosas. 

Un escenario minimalista, entonces, como un lienzo en blanco que facilitó la libertad de movimiento al estilo del show American Utopia de David Byrne, que contrastó con el maximalismo musical del show, y con el espíritu de lo que había sido su presentación anterior en Uruguay, con el espectáculo Silente, en el que Drexler estaba solo en escena, a guitarra y voz. 

El de Tinta y tiempo es un espectáculo pensado para un mundo pospandémico, en el que las ganas de bailar desbordan los cuerpos. Tampoco es casual que en el repertorio hayan aparecido algunas canciones de Bailar en la cueva, otro disco hecho con la danza en mente. No faltaron los clásicos, como Me haces bien, Todo se transforma e Inoportuna. Hubo un guiño a Gustavo Cerati, con una cita a la canción Puente. También sonó la mayor parte del nuevo álbum, pero algunos de los puntos altos fueron las rarezas que Drexler incluyó en el setlist

@DamianCejasDelgue Drexler en el Antel Arena

Las ventajas de jugar en cancha local: aparecen algunas de esas canciones que quizás no se escuchan en otras tierras, porque sus destinatarios están en la audiencia. Drexler dedicó temas a sus hermanos, a sus sobrinos, a su padre, a quién le cantó Bolivia, la canción destinada al país que recibió a su familia paterna cuando escapaban de la Alemania nazi en 1939.

También ofreció una bonita versión de El tiempo está después, de Fernando Cabrera, a pedido de la audiencia, se dio el gusto de cantar con Martín Buscaglia la canción que hicieron juntos para Tinta y tiempo, Bendito desconcierto, y dio un espaldarazo al cantautor Facundo Balta, una de las voces más interesantes de la música uruguaya reciente, y el continuador, con el filtro y la estética de un artista del siglo XXI, de la herencia que viene de Drexler y que este a su vez tomó de otros como Jaime Roos y que es uno de los puntales de la música uruguaya: la fusión de la tradición local con la sonoridad que viene del resto del mundo.

@DamianCejasDelgue Drexler en el Antel Arena

Y hablando de tradiciones, el momento apoteósico de la noche fue la aparición de La melaza, la comparsa integrada únicamente por mujeres (toda una declaración de principios en sí misma), que tuvo como pico de su participación una versión magistral de Tocarte, y que luego volvió para cerrar el show con Bailar en la cueva, antes de seguir su toque en los camarines, como mostró el propio músico en su cuenta de Instagram.

Sobre el cierre del espectáculo, antes de cantar Luna de rasquí, Drexler recordó el origen de la canción y su noción de que la pena es omnipresente, pero hay lugares del mundo que son puntos ciegos donde no se puede meter. Y que esa era su intención para el espectáculo: ofrecer un espacio donde por unas horas, no hubiera llantos ni pena. Y fue exactamente eso lo que logró. 

@DamianCejasDelgue Drexler en el Antel Arena

Jorge Drexler reafirmó su conexión con su público uruguayo, en un show consagratorio y sublime. 

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