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Jubilaciones: reforma inminente en Brasil y en Uruguay

La población de América Latina ganó 16 años de vida en medio siglo

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20 de febrero de 2019 a las 05:03

La edad de jubilación promedio en Brasil puede dar un gran salto: tanto como 65 años para los hombres y 62 para las mujeres, según el proyecto que el presidente Jair Bolsonaro presentará en estos días al Congreso. El nuevo tope se introducirá gradualmente.

Hasta ahora no hay una edad mínima para jubilarse en Brasil, y los años de aportes que se exigen son relativamente escasos. Los más ricos se jubilan a una edad promedio de 55 años (56 los hombres, 53 las mujeres), en tanto los más pobres lo hacen en torno a los 62. 

El sistema de seguridad social es extraordinariamente benigno con algunos sectores de funcionarios públicos: parlamentarios, jueces y militares de alto nivel, y muy injusto con la gran mayoría de los trabajadores de Brasil. Las pensiones incluso son heredables por los cónyuges supérstites.

“En gran parte del mundo, a los trabajadores les sería difícil imaginar que podrían jubilarse a los 55 años y recibir el 70% de su último salario durante el resto de su vida. Sin embargo, en Brasil, esa ha sido la regla durante décadas, lo que ayuda a explicar la abundancia de corredores de cabello cano a lo largo de la playa Copacabana en Río de Janeiro a las once de la mañana de un día entre semana”, escribió Shasta Darlington en The New York Times en marzo pasado.

Pero la pirámide ya no se sostiene: tolera mal las nuevas realidades demográficas y económicas. Desde los años ’60 al presente, la esperanza de vida en el país pasó de poco más de 50 años a más de 75.

El déficit fiscal de Brasil llegó al 10% del producto bruto en la era final de Dilma Rousseff, una cifra catastrófica. Su sustituto, Michel Temer, intentó una serie de ajustes que apenas rozaron la epidermis. El déficit cayó a poco más de 7% en 2018, todavía un enorme agujero, que se cubre con una creciente deuda pública, que ronda el 77% del PBI.   

Si no corrige el rumbo, el país termina en una crisis de deuda y en algún tipo de colapso del sector público.

El déficit de la seguridad social brasileña se agudizó en los últimos años: pasó de 2,1% del PBI en 2011 a 4,25% en 2018.

¿Capitalización individual en Brasil?

El nuevo gobierno derechista de Brasil ha mantenido hasta ahora una gran reserva sobre los detalles de su plan. 

En noviembre el diario económico Valor sostuvo que el proyecto, elaborado por especialistas bajo coordinación del ex presidente del Banco Central, Arminio Fraga, propone la adopción gradual de un régimen de capitalización individual, inspirado en las afaps que hace décadas introdujeron Uruguay, Chile o Argentina (que lo eliminó en 2008). 

Las reformas como las que ahora tocan a Brasil suelen ser profundamente impopulares. Nadie desea decirles a los votantes que tendrán que trabajar más tiempo, aportar más y cobrar menos dinero luego de su retiro. El ex presidente Michel Temer, jubilado como fiscal desde los 58 años, renunció a su propio proyecto de reforma después de comprobar que los parlamentarios no lo votarían en un año electoral. 

Bolsonaro, quien asumió el mes pasado y aún conserva un gran crédito político, tendrá que vérselas con el Congreso, que está dividido en un sinfín de partidos. Las mayorías dependen de una compleja ingeniería política, y el nuevo gobierno aún no ha demostrado habilidad ni coherencia.

Además, modificar el sistema previsional (Previdência) requiere una reforma de la Constitución, con mayorías especiales muy altas: de tres quintos de votos tanto en Diputados como en el Senado.

Envejecimiento de la población

Como muchas otras regiones del mundo, Brasil experimentó cambios drásticos durante la segunda mitad del siglo XX. En el último medio siglo la población migró masivamente del campo a las ciudades y envejeció notablemente.

La población de América Latina ganó 16 años de vida como promedio en los últimos 45 años, según un informe de la Organización Mundial de la Salud.

La expectativa de vida en Uruguay supera los 77 años, solo por detrás de países como Costa Rica o Chile. En Brasil la esperanza de vida ya pasa los 75 años. Además, la tasa de natalidad cayó a la mitad en el último medio siglo.

Uruguay tiene una población más envejecida que Brasil, y un porcentaje más alto de pasivos: son unos 900.000 jubilados y pensionistas, más del 26% de la población total. (En Brasil se pagan más de 30 millones de jubilaciones y pensiones cada mes, lo que equivale a casi el 15% de la población).

“En toda América Latina (la población) está envejeciendo”, pero esto ocurre particularmente en Chile y Uruguay, en donde “se espera que las tasas de dependencia —la población de 65 años o más como proporción de la población en edad de trabajar de 15 a 64 años— de los adultos mayores alcancen 25% y 27% en 2030”, señala un informe de la calificadora Moody’s que divulgó recientemente el diario El País. En la actualidad, el porcentaje de población de 65 años o más en Uruguay equivale al 23% de la población.

La reforma que viene en Uruguay

El sistema de seguridad social es insostenible en el mediano plazo, admitió el presidente Tabaré Vázquez en noviembre de 2017. 

En abril del año pasado Danilo Astori advirtió que el próximo gobierno deberá modificar el sistema, incluida la edad de retiro. El ministro de Economía dijo que el número de jubilaciones creció 23% entre 2008 y 2016, una tasa enorme, y significó un “sobrecosto no previsto de 100 millones de dólares anuales”.

Luego, en agosto, Astori incluso aconsejó sobre cuándo debería realizarse ese cambio. “Hay que hacerlo en el comienzo de un gobierno, cuando hay un capital político como para encarar una reforma importante”, sostuvo en el programa “Desayunos Informales” de Canal 12.

La flexibilización del acceso a las jubilaciones a partir de la ley 18.395 de 2008 provocó un gran aumento en el número de pasivos, al menos durante un quinquenio. La ley redujo la cantidad de años de servicios exigida, de 30 a 35, aunque mantuvo la edad de jubilación en 60 años para ambos sexos. También facilitó la adquisición de derechos por edad avanzada e incapacidad total, y sumó un año de servicio adicional para las mujeres por cada hijo, hasta un máximo de cinco.

Pero entre 2015 y el presente, el déficit del Banco de Previsión Social se duplicó.

Los aportes personales, que rondan el 15% de los salarios, son muy altos en una comparativa mundial, y también los aportes patronales, de 7,5%. Así que la reforma se concentrará en la edad de retiro y en la cantidad de años de contribución al sistema. Los países europeos, que son más prósperos y tienen una población más envejecida, tienden a fijar la edad de retiro en 65 a 67 años, en tanto exigen alrededor de 40 años de aportes.

En agosto del año pasado el presidente de República Afap, Luis Costa, dijo al semanario Crónicas que “con solo subir la edad (de jubilación) no alcanza”, y adelantó: “Se van a tener que pedir 65 años (de edad) y 35 de aportes” para hacer sostenible el sistema.

Otros expertos han coincidido en que deberá aumentarse la edad de retiro en Uruguay, pues simplemente la gente vive más años. Otra opción sería reducir la “tasa de reemplazo”: el monto de las pasividades en función de los aportes.
 

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