1 de agosto de 2014 21:55 hs

Las esperanzas del mercado está ahora centradas en la posibilidad de un acuerdo entre privados, concretamente que un grupo de grandes bancos de inversión compre la deuda a los “buitres”, espere hasta 2015, cuando haya vencido el plazo de la cláusula RUFO y, recién entonces, negociar un canje de bonos con el gobierno argentino.

La versión es que quien lidera esa gestión es el JP Morgan junto con Citibank y HSBC, que pondrían US$ 1.300 millones para comprar los bonos. Con esta operación, el juez Griesa repondría la medida cautelar que le permitiría a Argentina pagar y salir del default.
No deja de ser irónico que el JP Morgan, nombre emblemático del establishment financiero mundial, sea quien acerque la solución, luego de que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner haya desestimado una propuesta de mediación hecha por bancos privados argentinos.

El argumento oficial fue que los bancos no querían, en realidad, poner dinero propio, porque pedían como garantía de recupero un fondo de estabilización del sistema bancario hecho para respaldar los depósitos. “Si ser generoso con la plata de otro es malo, serlo con la de todos los argentinos es mucho peor”, fue la descalificadora observación del ministro Alex Kicillof.

Más noticias
Pero las versiones de los bancos apuntan a otro motivo: señalan que hay una razón política para haber boicoteado esta propuesta. Ocurre que quien la lideraba es Jorge Brito, el dueño del banco Macro, y uno de los enemigos favoritos del kirchnerismo, frecuentemente acusado de promover devaluaciones. Y Cristina Fernández de Kirchner no estaba dispuesta a cederle el rol de ser quien salvara al “modelo K”. No en vano, en su último discurso hizo una alusión sarcástica hacia “algunos que parecían generosos, pero para ser San Martín no alcanza que te pongan en un diario como salvador de la patria”.

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos