Reflexiones liberales > CARTA DEL DIRECTOR/ RICARDO PEIRANO

La Argentina que puede ser

La tarea que tienen los argentinos por delante –gobierno y pueblo- es la reconstrucción de la plena institucionalidad republicana

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29 de octubre de 2017 a las 05:00

Las elecciones legislativas de medio término del pasado domingo 23 y los sucesos judiciales de esta semana, generan una bocanada de aire fresco para la recomposición institucional de la República Argentina. Cambiemos, el partido de Mauricio Macri y sus aliados, obtuvo una cómoda victoria a nivel nacional y en los principales distritos como Ciudad de Buenos Aires, Provincia de Buenos, Córdoba, Mendoza, Santa Fe, con el 40% de los votos.

Cristina Kirchner fue derrotada en su feudo más favorable por Esteban Bullrich, candidato de Cambiemos y figura poco carismática. No son pocos los que pronostican el ocaso definitivo de la otrora poderosa presidenta que, además, está asediada por la justicia en varias causas de corrupción y en el caso de acuerdo con Irán para ocultar la autoría del atentado contra la mutual judía AMIA.

Tampoco les fue muy bien a los dirigentes peronistas renovadores, lo que para algunos analistas es motivo de preocupación porque le quita a Macri una necesaria oposición. Por último, el desafuero de Julio de Vido, el poderoso ex ministro de Transporte de los Kirchner y su reclusión por decisión judicial, parece poner coto final al manto de impunidad que había armado el kirchnerismo.

Ahora la justicia sigue su trabajo con la ex presidenta y con su hijo Máximo. Y el Penal de Ezeiza se ha convertido en alojamiento de la plana máxima de jerarcas del ministerio de Transporte y Obras Públicas y de los beneficiarios directos de las mismas. Elisa Carrió y Margarita Stolbizer, firmes denunciantes de estos y otros casos de corrupción en épocas en que no era fácil realizar esas denuncias, tienen motivos para estar satisfechas.

Macri tiene un camino despejado para recuperar a la Argentina pero no es un camino fácil. Es preciso superar muchas décadas de estancamiento, deterioro institucional y auge de la corrupción. Hace un par de meses estuvo en Uruguay el economista argentino José Luis Espert, autor del libro "La Argentina Devorada", y expuso claramente los motivos del deterioro e involución del vecino país.

El libro, convertido en un gran éxito editorial, es por demás elocuente. Las medidas económicas adoptadas casi sin solución de continuidad desde 1930 –cierre de la economía, continuos déficit fiscales, recurso al endeudamiento y/o a la emisión monetaria para financiarlos, interferencia estatal en el manejo de los negocios privados, rechazo a la competencia, etc.- han llevado a que Argentina cayera de un sitial de privilegio en el ranking mundial si se toma como medida el PIB per cápita a un mediocre puesto 55.

También es preciso recuperar la estabilidad política, sacudida por numerosos golpes de Estado desde 1930 en adelante. Asimismo, será vital restablecer la plena vigencia del estado de derecho, con independencia judicial, con duro combate a la corrupción pública y privada y con un cambio social donde el saltarse las reglas no sea visto como un deporte ni un aplaudido como un éxito, donde cumplir los contratos y los tratados sea bien visto, y donde no se festeje con algarabía en el Congreso la declaración del default de la deuda externa.

En ese contexto, será necesario dar mayor valor a los emprendedores, a los pioneros, a los que asumen un riesgo, que a aquellos que buscan protección y prebendas en los pasillos ministeriales.
Si queremos resumir en pocas palabras la inmensa tarea que tienen los argentinos por delante –gobierno y pueblo- es la reconstrucción de la plena institucionalidad republicana. La Constitución Argentina de 1853-60 es un magnífico documento que estuvo vigente muy pocas décadas.

Las suficientes para que Argentina diera pasos de gigante en desarrollo económico y social y se posicionara en los albores del siglo XX entre los cinco principales países del mundo por su potencial económico.

Volver a esos niveles no será fácil –hoy un tercio de la población depende del Estado para vivir o subsistir- y es preciso cambiar una cultura de la avivada que está muy enquistada en la sociedad. No es cuestión de un presidente ni de uno o dos períodos presidenciales. Será necesario actuar con realismo pero con firmeza. Macri no es un firme partidario de la economía de mercado o, al menos, aún no lo ha demostrado.

Pero hoy, antes que nada, es preciso limpiar la corrupción y dejar que funcione la "república" con sus pesos y contrapesos. Que funcione que la justicia. Que la ley sea pareja. Con eso, se habrá dado un paso de gigante en la recuperación argentina. El resto tienen que ponerlo los propios argentinos, que tienen creatividad de sobra, tanto para hacer el mal como para construir el bien.

Y así conviven los bolsos llenos de dólares de López por encima de los muros del convento con los "cuatro unicornios", es decir, cuatro startups que hoy valen más de U$S 1000 millones.

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