Es posible que los nódulos se hayan formado a lo largo de millones de años. Se trata de fragmentos sólidos –dientes de tiburón, espinas de pescados– depositados en fondos marinos que crecieron a un ritmo muy lento por la acumulación de minerales presentes en concentraciones muy bajas, explica.
Actualmente miden una veintena de centímetros: son como “galletas de metales”, como los denomina el Instituto francés para la Investigación para la Explotación Marina.
En las profundidades abisales del océano Pacífico, pobre en alimentos, el ritmo de sedimentación es prácticamente nulo. Una de las razones que explica que los nódulos estén diseminados en el lecho oceánico como “papas” en un campo, dice Adrian Glover.
Los nódulos polimetálicos se encuentran en la superficie de las planicies abisales a entre 3,5 y 6,5 kilómetros de profundidad.
Los más abundantes están en la Zona de fractura Clipperton, también conocida como Clarion-Clipperton (CCZ) –frente a las costas de México, en el Pacífico–, en el centro del Océano Índico y la cuenca de Perú, según la AIFM.
La AIFM ya concedió contratos de exploración de estos nódulos a una veintena de empresas, entre ellas Nori, sobre una superficie de unos 75.000 kilómetros cuadrados en la CCZ.
A esta profundidad, la ausencia de luz impide la fotosíntesis y por tanto la presencia de vegetación, pero las especies animales son abundantes, y los científicos siguen descubriendo nuevas especies. Una fauna única que, para los defensores del medio ambiente, es el auténtico tesoro.
Codicia
Los nódulos están compuestos, principalmente, de manganeso y de hierro, pero también contienen minerales estratégicos como el cobalto, el níquel y el cobre.
Según la AIFM, la CCZ cuenta con unos 21.000 millones de toneladas de nódulos, es decir, una posible reserva de 6.000 millones de toneladas de manganeso, 270 millones de toneladas de níquel y 44 millones de cobalto, “lo que supera las reservas conocidas” de estos tres minerales en la superficie terrestre.
Los defensores de la extracción submarina destacan su potencial para las energías verdes, en particular, las baterías para autos eléctricos.
“Una batería en una piedra”, resume el eslogan de The Metals Company, que sostiene que son la “vía más limpia hacia los vehículos eléctricos”.
Un argumento que rechazan de plano las ONG defensoras del medio ambiente y algunos científicos.
Para Michael Norton, esta afirmación tiene que ver más con las “relaciones públicas que con hechos científicos”. Es “engañoso” decir que la demanda no podrá cubrirse sin los minerales submarinos, dice a la agencia de noticias AFP este científico del Consejo Consultivo de las Academias Europeas de Ciencias.
Succionar en las profundidades
A diferencia de los otros dos tipos de recursos mineros submarinos regulados por la AIFM –sulfuros polimetálicos y piedras de ferromanganeso rico en cobalto– los nódulos no necesitan en principio cavar o cortar. Lo que no significa que la extracción no tenga ningún impacto.
“La minería de aguas profundas podría ofrecer un costo financiero más bajo y una huella de carbono más ligera que las fuentes terrestres convencionales de estos minerales; también tiene el potencial de dañar significativamente uno de los últimos desiertos naturales de nuestro planeta”, afirma el Word Economic Forum en un informe reciente exponiendo el dilema.
En las pruebas efectuadas a finales de 2022, Nori sumergió a 4,3 kilómetros de profundidad un vehículo para succionar los nódulos y los sedimentos en un área de 80 kilómetros. En el interior de la máquina se separan los nódulos y los sedimentos. Un tubo gigante lleva los nódulos a la superficie donde está el buque y los sedimentos vuelven a caer al lecho marino.
ONG’s y científicos están preocupados sobre todo por el impacto de estos sedimentos y la destrucción de la biodiversidad presente en la materia absorbida.
Para Catherine Welle, de Fauna & Flora, la composición única de los nódulos, que atrae a las industrias, es también un hábitat único para la vida submarina.
“Son en sí una parte importante del ecosistema de los grandes fondos”, sostiene.
A favor y en contra
Un análisis realizado por el Instituto para el Futuro Sostenible, en Sydney, Australia, analizó varios escenarios de descarbonización y encontró que la demanda podría satisfacerse con fuentes terrestres conocidas y un mayor reciclaje.
“El resultado es siempre el mismo: en realidad, no necesitamos la minería en aguas profundas”, dijo Sven Teske, profesor asociado de la Universidad Tecnológica de Sydney y director de investigación del instituto.
Pero aquellos que lo estudiaron, como Craig Smith, ecólogo de aguas profundas y profesor emérito de la Universidad de Hawai, dicen que la CCZ se encuentra entre los lugares con mayor biodiversidad en el océano abisal.
“El 90% de las especies son nuevas para la ciencia. Cada vez que ponemos una muestra, sacamos a la luz especies que los científicos nunca antes habían visto”, dijo Smith.
Eliminar los nódulos, que tardan un millón de años en crecer sólo unos pocos milímetros, destruiría el hábitat de cualquier criatura que dependa de ese trozo de fondo marino. Las columnas de sedimentos que nublan el agua y la contaminación acústica también son motivo de preocupación.
Un artículo reciente de Smith, en Science, estima que una operación minera produciría ruido a niveles conocidos por perturbar a las ballenas a unos cinco kilómetros de distancia y superaría los niveles de ruido ambiental hasta a 500 kilómetros de distancia.
La ISA estableció áreas protegidas de no minería en la CCZ, que según Smith ayudarán a mantener la biodiversidad en la región. Sin embargo, le preocupa lo que sucedería si a las 17 empresas con permisos para explorar en la zona se les permitiera minar a la vez, con el ruido viajando largas distancias y llegando a los peces y las ballenas migratorias.
Citando estas preocupaciones, los grupos ambientalistas, incluido MiningWatch Canadá, solicitaron al gobierno canadiense que apoye una moratoria sobre la minería en aguas profundas.
“Definitivamente, necesitamos detener el cambio climático y el calentamiento del planeta. Pero tenemos que pensar en hacerlo de tal manera que no saltemos de la sartén al fuego”, dijo Catherine Coumans, del programa de Asia-Pacífico, coordinador de Mining Watch Canada.
En un comunicado, Global Affairs Canada dijo que el gobierno está trabajando con la ISA en la negociación de “regulaciones sólidas sobre la minería en los fondos marinos, que brindarán una protección efectiva del medio ambiente marino y un monitoreo continuo de los impactos ambientales”.
Si se permite la minería, Smith preferiría ver sólo una operación al principio, y que los científicos “estudien al máximo” para comprender el impacto en la CCZ de las perturbaciones crónicas a lo largo de los años.
(Con información de AFP y Mining Press)