13 de agosto 2021 - 21:40hs

Las desgracias derivadas de la pandemia del covid-19 afectaron sobremanera a América Latina y es probable que los perjuicios sociales, políticos y económicos perduren por un largo tiempo.

El desastre del coronavirus dejó al descubierto su fragilidad democrática, que se refleja en un débil funcionamiento de su institucionalidad política, y cómo la formidable expansión económica de la primera década del siglo XXI fue desperdiciada para encauzar reformas estructurales que hoy serían instrumentos idóneos para enfrentar la crisis y el posterior periodo pospandémico.

La Cepal proyecta para este año un Producto Bruto Interno (PBI) promedio de 5,2%, una cifra insuficiente para recuperar el nivel prepandémico en un ambiente de incertidumbre por el avance lento y muy desigual de la vacunación y la falta de capacidad real para revertir los problemas estructurales que ya reflejaba el mediocre desenvolvimiento de la actividad económica antes de la irrupción del coronavirus.

Debido a la pandemia es que Latinoamérica tuvo en 2020 la mayor contracción del PIB desde 1900 (6,8%) y registró el peor desempeño entre las regiones en desarrollo. Por si fuera poco, cargando con el mal sexenio 2014-2019, comparable a los períodos particularmente graves de la primera guerra mundial o la Gran Depresión, según el organismo internacional.

Es evidente el golpe del declive económico en un estado de bienestar bajo presión en áreas como la salud, la seguridad social -aumentos desorbitados en las coberturas de desempleo o de enfermedad- y sistemas educativos sin infraestructura para asegurar una relativa calidad del proceso enseñanza-aprendizaje de modo virtual -un grave perjuicio de consecuencias incalculables en la formación de capital humano. 

Y en una región calificada como de las más desiguales del mundo se disparó la violencia en una sociedad estresada por el confinamiento, la falta de trabajo -en economías altamente informales-, inseguridades alimentarias y de vivienda, y deficiencias en la atención médica.

La resolución de problemas tan profundos convierte en migajas las tasas de crecimiento que estiman los organismos internacionales para un 2021 en que sigue muy vivo el covid-19 por la inalcanzable inmunidad colectiva.

En países con debilidad institucional como los de América Latina, los períodos aciagos son lamentablemente momentos propicios para que muchos gobiernos, aunque elegidos democráticamente, viren hacia un autoritarismo que profundiza la crisis, de enormes consecuencias negativas de largo plazo.

También son coyunturas que pueden facilitar el camino a líderes autocráticos o populistas que se alimentan de la crispación social, un fenómeno que, por otra parte, agudiza los problemas de gobernabilidad y dificultan aun más las administraciones con falta de liderazgos.

En América Latina, el decenio de 1980 del siglo XX pasó a la historia como la “década perdida” por la crisis provocada por una deuda externa imposible de honrar, un abultado déficit fiscal, alta inflación y volatilidad cambiaria.

¿Cómo será definida la crisis que provocó la pandemia? Es muy pronto para saberlo, pero no es descabellado pensar que la recordaremos como la década infame, por el covid-19 y haber dejado pasar la oportunidad de concebir reformas para un desarrollo cada vez más lejano. 

Temas:

editorial Opinión pandemia Latinoamérica Member

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos