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La despedida a la médica de familia que dedicó 30 años a los vecinos de Carrasco Norte

"Yo tengo población que justifica (el funcionamiento de la policlínica)", afirmó su única doctora, Adriana Bacigalupi

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09 de junio de 2018 a las 18:00

Por Federica Chiarino

Las persianas estaban abiertas hasta la mitad y, entre la tranquilidad del barrio, no se podía identificar si en la Policlínica Lancasteriana había gente o no. Cerca del mediodía golpearon la puerta. Era Marcela Cardozo, una vecina que vive en el Pasaje B, pegado a la policlínica. “La doctora todavía no llegó”, le dijo la conserje, al tiempo que abría la puerta. “No, ya sé. Igual venía solo a despedirme”. Y es que este viernes fue el último día de en que funcionó el centro de salud de ASSE y el último día en que atendió la médica de familia, Adriana Bacigalupi, que atendió allí durante casi 30 años y que desde febrero lo hacía sola ante la renuncia de sus colegas, que se fueron yendo de a uno.

Marcela se sentó en uno de los bancos de madera de la sala de espera. Tres pequeñas estufas eléctricas intentaban, de manera casi infructuosa, calentar el ambiente.

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Unos diez minutos después llegó la doctora Bacigalupi. Entraron las dos a la vieja enfermería, que hoy oficia un poco de recepción o de administración, donde trabaja la conserje. Marcela comenzó a llorar y abrazó a la médica. Charlaron un rato y, cuando se despidieron, el abrazo fue largo.

“Ella es nuestra doctora de familia”, dijo Marcela a El Observador, y respiró hondo para calmar el ahogo del llanto. “La que nos atiende, la que nos recibe, la que nos cuida”, añadió. Y es que Bacigalupi no solo atiende a Marcela desde niña, sino que también atendió a su mamá, y hasta a su hija de tres años.

El 15 de mayo, la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE) le comunicó a Bacigalupi que cerraría la policlínica, alegando que su funcionamiento no se justificaba, debido a una “baja” asistencia de pacientes.

Pero ella asegura que recibe, todos los días, un promedio de entre diez y doce personas. Marcela contó, además, que en algunas ocasiones fue a atenderse a la policlínica –que, en general, no trabaja con agenda de turnos, sino a demanda– y no pudo ver a la médica porque había mucha gente que había llegado antes que ella. “Yo tengo población que justifica (el funcionamiento de la policlínica)”, aseguró Bacigalupi.

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La noticia del cierre no cayó bien y los vecinos quisieron evitarlo. Tal fue así que un día, en avenida Italia y Cooper, a dos cuadras de la policlínica, apareció colgado un pasacalles: “Policlínica Carrasco Norte. NO AL TRASLADO de nuestra doctora de familia. ASSE NO RESPETA nuestro derecho a la salud”. Allí sigue.

Poco después, José Martínez, llegó acompañado de algunos otros pacientes, con una hoja de cuadernola a la que ni siquiera se habían molestado en sacarle el desprolijo borde. “Estamos juntando firmas, doctora, para que usted no se vaya”, le dijeron. Enternecida, Bacigalupi se rió y les dijo: “Esto es un cheque en blanco. No pueden firmar una hoja de cuadernola que no dice nada”.

Lo volvieron a intentar. Hoy, en su carpeta, tiene cuatro hojas A4, impresas, que explican el motivo de la junta de firmas y en donde muchos pacientes firmaron para mantener la policlínica.

Martínez, de 61 años hace 16 que se atiende con Bacigalupi. Está preocupado porque no sabe qué va a hacer ahora. “Si cierran acá se va a complicar todo”, dijo. Los usuarios tienen la opción de ser trasladados al Centro de Salud Cruz de Carrasco, que es el centro más cercano. “La Cruz no va a dar abasto, mirá que hay gente”, advirtió el paciente.

En familia

La Policlínica Lancasteriana fue testigo del crecimiento profesional de Bacigalupi. Y no solo del de ella, sino también del de su esposo. Ella con 27 años y él con 29, siendo novios empezaron a trabajar allí hace 29 años, cuando comenzaban a dar sus primeros pasos en la medicina familiar.

Los dos pasajes, A y B, que rodean la policlínica, son una zona delicada de Carrasco Norte. Allí se han presentado, en reiteradas ocasiones, problemas de drogas y delincuencia. Bacigalupi conoce a los vecinos desde que eran niños. “Se generó un vínculo re lindo, realmente, y jamás tuve un problema. Todo lo contrario, son bárbaros conmigo, son amorosos, son solidarios”, aseguró.

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Tiempo después, a su esposo le ofrecieron trabajo en una clínica de la calle Acosta y Lara, en el mismo barrio. Allí trabaja hasta el día de hoy, en una clínica que empezó en un centro comunal, y ahora ha sido reformada y mejorada. ASSE evalúa esa policlínica como otra opción para derivar hacia allí a los pacientes. Pero el esposo de Bacigalupi es también el único médico en ese consultorio, y tiene llena su agenda diaria de consultas.

A ella le preocupa que los pacientes “van a quedar muy desperdigados”. “No van a tener esa atención que tuvieron conmigo, que podían venir cualquier día, llegaban y yo los veía”, añadió. Luego de tantos años en el barrio, Bacigalupi ha pasado de ser médica de familia a oficiar, también, como psicóloga y consejera de muchos vecinos.

A Bacigalupi la opción que le dio ASSE fue trasladarla al Centro de Salud Cruz de Carrasco. El miércoles pasado, autoridades le dijeron: “El lunes le abrimos agenda en la Cruz”. “No me abran agenda porque es horrible. Va a haber pacientes anotados y yo no voy a ir”, les contestó. Después, pretende renunciar.

Por su parte, los pacientes de la Policlínica Lancasteriana se manifestarán el lunes a las 12 del mediodía en avenida Italia y Cooper para tratar de revertir el cierre que se concretó este viernes.

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