Bernard Hopkins fue delincuente en las calles de filadelfia, recibió una puñalada y lo condenaron a prisión donde cambió su vida hasta coronarse como el campeón másviejo de la historia
En las calles de Filadelfia llegó a ser temido. Una puñalada en el metro de la ciudad elevó su nivel de agresividad. Estuvo a punto de morir. Pero volvió a la ley de la selva. Robaba cadenas, dinero, ropa. La prisión fue su destino. En 1982 fue encarcelado por asalto a mano armada y condenado a cumplir 18 años en una cárcel de Pensilvania. Cumplió solo 56 meses entre 1984 y 1989 por buena conducta. Dentro de la cárcel B-Hop, como le conocen, aprendió a boxear, y por todos lados pregona con orgullo que la prisión cambió su vida. No fue sencillo. Es dura la vida en prisión. Un simple aspecto: se come mal. Pero aprendió y comía solo verduras y frutas. Su vida tuvo un giro. Ganó tres campeonatos interprisiones de los pesos medianos y se convirtió al Islam. Entre rejas se moldeó la nueva personalidad de Bernard Humphrey Hopkins. Fue su escuela. Los errores del pasado moldearon su carácter. En 1988 empezó a entrenar con Bouie Fisher y en 1990 debutó en los pesos medios. Durante los siguientes dos años Hopkins gano 20 combates, 15 por ko y de estos 11 en el primer round. Su foja despertó interés.
“La pregunta que la gente se hace es cómo traduje esa mentalidad a la sociedad y nunca me desvié. Esa es mi cuenta de banco, mi impulso, mi fundación”, explicó. Agregó: “Tomé algo de un sitio que es considerado y es malo y tomé esa disciplina de ese lugar y la añadí a mi vida. Trabajé situaciones que nunca había enfrentado en la sociedad. Y las enfrenté con eso que aprendí (en la cárcel)”.
En 1995 la vida le regaló una caricia a Hopkins. Alcanzó su primer título al vencer al ecuatoriano Segundo Mercado. En el camino sufrieron la furia de sus guantes boxeadores de la talla de Tito Trinidad y Óscar de la Hoya. No volvió a perder hasta 2005, con 31 años. Es obvio que cuando se llega al nivel que alcanzó las tentaciones están a la vuelta de la esquina. Mujeres, amigos, bares, dinero. Hopkins lo tenía claro: “Mire, usted tiene el dinero, la fama, las correas. Esa es la disciplina de cuidarse uno mismo y no usar atajos, sea en la vida personal o profesional”.
El pasado sábado el relator de Space, Juan Larena, detacó de su cuidado y su dedicación en el gimnasio. “No bebo, no fumo, no me acuesto tarde, no voy a barras. Lo más fácil es que no fue una inquietud para mí una vez que regresé a casa de la Penitenciaría Graterford Stat. Tomé esa mentalidad, esa mentalidad militar, de que estás bajo un reloj y te dicen no puedes hacer esto, no puedes hacer lo otro”, respondió.
El pasado sábado aquel delincuente juvenil se consagró como el boxeador de mayor edad en conseguir una corona Mundial con 46 años, cuatro meses y seis días de edad. Fue a la casa de Jan Pascal, en Canadá. Saltó al cuadrilátero como un verdugo, apenas se divisaban sus ojos. En juego estaba la cinturón semipesado del Consejo Mundial de Boxeo. Lo ganó por decisión unánime brindando una verdadera clase de boxeo. Se paró con clase y categoría. Y hasta tuvo tiempo de provocar a su rival. “Para mí, cuando me dicen que hay cosas imposibles, que nadie puede hacer lo que yo hice cuando llegas a los 40, los escuché y mírame seis años después”.