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Presidente de la Fundación Konrad Adenauer, Norbert Lammert

Mundo > Presidente de la Fundación Konrad Adenauer:

“La estabilidad del sistema político depende en gran medida de la estabilidad de las estructuras de los partidos”

Norbert Lammert habló sobre los resultados de las elecciones alemanas, el empoderamiento de China, el populismo en el mundo, los problemas globales y los de América Latina.

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30 de octubre de 2021 a las 05:03

Por Ricardo Peirano y Micaela Vallarino

Norbert Lammert ha estado involucrado activamente en la política alemana. Fue miembro del Parlamento Federal alemán entre 1980 y 2017, siendo presidente desde 2005 hasta 2017.

El alemán, que en los gobiernos de Helmut Kohl fue secretario parlamentario de Estado en los ministerios federales de Educación e Investigación, Economía y de Transporte, se desempeña actualmente como presidente de la Fundación Konrad Adenauer, activa en Uruguay desde 1967.

La Fundación Konrad Adenauer celebra anualmente encuentros en cada continente para que los representantes puedan reunirse e intercambiar opiniones, compartir experiencias y planificar las actividades en los distintos países. Después de una pausa por la pandemia, se eligió a Montevideo para resumir estos encuentros.

En diálogo con El Observador, durante esta conferencia, Norbert Lammert se refirió a los resultados de las elecciones alemanas, cómo está posicionado China en el mundo, cuáles son los retos en América Latina, qué implican los populismos y por qué se dan en el mundo.

A continuación, un resumen de la entrevista.

Las elecciones en Alemania estuvieron marcadas por la fragmentación de votos. La Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU) mostró su peor resultado desde la Segunda Guerra Mundial, ¿cuál es su impresión de los resultados?

A pesar de que hubiera preferido otro resultado, no estoy sorprendido. En realidad, lo inusual es que en sociedades democráticas el electorado le dé al partido de gobierno 16 años de continuo mandato. Esto ha pasado con Angela Merkel y antes, también con Helmut Kohl. Luego de tan largo tiempo no es extraño que el electorado tenga interés en un cambio.

Sin embargo, los partidos principales perdieron electorado

Estoy convencido que esta elección marcó un punto de referencia en la historia de nuestras elecciones. Por primera vez, los dos partidos principales, es decir, la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y el Partido Social Demócrata (SPD) obtuvieron menos del 50% de los votos juntos. Ganaron los partidos más pequeños, los liberales y los verdes. Por primera vez, también, un próximo canciller de Alemania será instaurado cuyo partido no ha sido votado por el 80% del electorado. Esto es inusual para los estándares alemanes, pero no inesperado.

¿Cree que van a haber cambios políticos en Alemania por la llamada coalición “Semáforo”?

En la política interna sí, mientras que en el ámbito europeo y de Relaciones Exteriores diría que serán más bien marginales. Una de las características del sistema partidario alemán es el hecho que las políticas que estableció la CDU cuando fue gobierno hoy están prácticamente aceptadas por todos los partidos que  aspiran dirigir el país. Por ejemplo, la Economía Social de Mercado, la integración de Occidente, ser miembro de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), la cooperación transatlántica y la integración europea. Todos estos puntos fueron controvertidos en el momento en que se establecieron. El ejemplo más claro fue el del Partido Verde. Yo fui miembro del Parlamento alemán cuando los verdes entraron por primera vez en el 1983. Y entraron como un movimiento antisistémico: ni querían ser un partido ni un pilar del sistema. Estaban prácticamente en contra de todo pero no cambiaron nada y se fueron moviendo hacia el centro del sistema político.

¿Y qué cree que va a pasar con la política interna?

Creo que podría haber alguna ambición adicional, por ejemplo con las metas climáticas. Quedará por ver qué medidas y herramientas concretas acordarán. Ahora están comenzando las negociaciones sobre el acuerdo de coalición y ya han acordado no aumentar ni reducir los impuestos. Esta parte de la política interna probablemente no cambiará.

Dejando a Alemania de lado, ¿cómo ve la situación de los países de Occidente frente al desafío de un país como China?

Sigue habiendo diferentes intereses dentro de Europa, entre Europa y los Estados Unidos, dentro de la Unión Europea, dentro del sistema transatlántico. Lo positivo es que ya estos distintos intereses no se resuelvan a través de la guerra como históricamente había sido durante siglos. Esto es un logro histórico. Lo malo es que  después de haber alcanzado este logro histórico, la mayoría de los países europeos parecen satisfechos y no ven la necesidad de lograr más ambiciones. Esto es una percepción errónea de los retos del siglo XXI. La necesidad de respuestas europeas a los desafíos globales nunca ha sido mayor que ahora y la preparación de los estados miembros de la Unión Europea para encontrar esas respuestas comunes nunca ha sido menor.

¿Qué ocurre con la polarización entre China y Estados Unidos?

Más allá del interés en desempeñar un papel dominante en el mundo, no se debería olvidar que las claves políticas para lidiar con un mundo global son diferentes entre el mundo occidental y Asia, particularmente China. Hay dos preguntas importantes que tenemos que respondernos. La primera es si un mundo global necesita reglas globales. La segunda es que si las necesita, pensar de dónde vienen. Mi convicción en primer lugar es que necesitamos reglas globales porque estamos en un mundo global y entonces no hay posibilidad de aislarse del resto. Y en segundo lugar, estas reglas no caen del cielo, tienen que establecerse en la tierra. Pensamos en las sociedades y los sistemas políticos desde la perspectiva del individuo y cualquier organización estatal tiene que justificarse por su capacidad de cumplir los derechos individuales. La cultura asiática entiende el papel del individuo desde la perspectiva de la sociedad y desde la perspectiva del estado. Si no establecemos las reglas globales con cuidado y en forma conjunta, por ejemplo entre Uruguay, América Latina y Europa, no deberíamos sorprendernos que otros llenen este vacío con sus reglas.

Presidente de la Fundación Konrad Adenauer, Norbert Lammert

¿Pero quién establece estas reglas globales?

Los chinos cada vez aceptan menos la dirección occidental. Un ejemplo importante es la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas después de la Segunda Guerra Mundial. No creo que la misma declaración podría ser aprobada hoy en día. Desafortunadamente vivimos en un período de la historia en que la necesidad de respuestas globales ha crecido, pero también ha aumentado la tendencia de insistir en la soberanía nacional. Y el ejemplo más claro es el mandato de Donald Trump con “America First”, el cual sienta las pautas de otros países, “Hungría First”, “Polonia First”. Si los países insisten en sus prioridades nacionales, obviamente no se podrá encontrar soluciones comunes para problemas comunes. China desde hace un buen tiempo no acepta reglas impuestas por la comunidad europea o americana, y con la influencia de su crecimiento económico está cada vez más dispuesta para poner sus propias reglas.

Como pudimos ver durante en la pandemia

No solo allí. Un punto importante, y desde mi punto de vista subestimado, es que China usa las leyes internacionales y acuerdos cuando le favorecen a sus intereses y rechaza las mismas leyes cuando perjudican sus intereses. Esto pasa hasta en desconocimiento de tribunales internacionales. Por ejemplo, en materias del derecho marítimo, de derechos de propiedad intelectual o de reglas para el comercio internacional. En los acuerdos internacionales, también con China, cabe preguntar qué sentido tienen si una de las partes las cuestiona cuando considera que ya no le sirve: Pacta sunt servanda (se traduce como “lo pactado obliga”).

Volviendo a América Latina, ¿cómo ve…

(Interrumpe) Cuando la Fundación Konrad Adenauer comenzó sus actividades internacionales en los años 60, entendimos que en América Latina podíamos cooperar con los partidos políticos. Sin embargo, hoy la mayoría de los partidos políticos desaparecieron o perdieron mucha influencia política. Uruguay es una de las poquísimas excepciones a las reglas. La estabilidad del sistema político depende en gran medida de la estabilidad de las estructuras de los partidos. Siento que mucha gente subestima la importancia de los partidos para una democracia. La estabilidad del sistema político en Uruguay definitivamente tiene que ver con el sólido sistema de partidos que existe. Mejor dicho, la inestabilidad de otros sistemas latinoamericanos tiene que ver con la inexistencia de una estructura partidista estable.

¿Este es solo un problema en América Latina?

No. Lamentablemente esta es una de las principales tendencias que podemos observar en todo el mundo: los países asiáticos, africanos incluso en los Estados Unidos, así como Europa. La elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos es un ejemplo particularmente evidente de la debilidad del sistema de partidos políticos en este país. La tentación del populismo es dar respuestas simples a preguntas complejas.

¿Por qué pasa eso?

Hoy tenemos que ver constantemente con una combinación de problemas económicos y ecológicos, sociales y políticos. Por ejemplo cada vez que trato de encontrar una respuesta convincente a los desafíos ecológicos, creo inevitablemente efectos sociales que me gustaría prevenir. Y aquí nuevamente se puede ver la tendencia de estar fijo en la perspectiva particular, hay que encontrar soluciones, lo que significa criterios económicos, ecológicos, sociales y políticos simultáneamente. La frase que siempre digo es de un famoso autor irlandés, George Bernhard Shaw, que ya hace un siglo escribió en una de sus cartas: “para cada pregunta complicada existe una respuesta simple y esta respuesta suele ser incorrecta”.

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