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Los rescatistas en acción

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Hanna y Zarcko, los hermanos labradores que son los primeros guardavidas caninos uruguayos y "los reyes de la playa"

Dos perros son los protagonistas de un plan piloto que se desarrolla en Las Cañas, Río Negro, y trabajan junto a los guardavidas en tareas de rescate y salvamento marítimo

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08 de enero de 2023 a las 05:05

El inicio oficial de la temporada veraniega en el balneario Las Cañas, en Río Negro, el pasado 8 de diciembre, fue además el principio de un plan piloto para incorporar perros de asistencia y rescate acuático. Ese día, Uruguay tuvo a sus primeros guardavidas caninos: Zarcko y Hanna, dos hermanos labradores entrenados desde cachorros para esta tarea.

Aunque es habitual ver perros que “trabajan” en otras áreas, desde los perros de ataque hasta los rastreadores o los entrenados para detectar drogas que utiliza la policía, en Uruguay no se habían utilizado hasta ahora para rescate y salvataje acuático. Si se veían en los países vecinos, Argentina y Brasil, así como en países de Europa, una situación que el entrenador de Zarcko y Hanna, Fabián Cordara, se propuso cambiar.

Hanna y Zarcko, los primeros perros guardavidas uruguayos

Cordara, integrante de la asociación civil Grupo CCR (Cursos de Capacitación y Rescate), fue miembro del Ejército uruguayo, donde se desempeñó como buzo táctico e instructor y ahora trabaja en la Policía, aplicando sus conocimientos para entrenar en rescate acuático. En 2017, Cordara y su colega Quedri Márquez, comenzaron a contactarse con escuelas de perros de rescate europeas, para tantear el panorama y ver si había posibilidades de establecer un programa similar en Uruguay. “Estábamos lejos, pero al ver también que en Argentina y Brasil se usaban, lo vimos como algo más cercano”, comentó a El Observador.

A fines del año pasado, Cordara recibió un llamado de la Intendencia de Río Negro para mejorar el servicio de guardavidas en el departamento, en el que no se realizaba educación formal de salvamento. Entre las novedades que se generaron, además de intercambios con academias de entrenamiento argentinas, y tener el apoyo de Prefectura para las tareas de salvamento, iniciaron la experiencia de estos guardavidas caninos, que ya habían sido entrenados en los años previos, y que estaban listos para empezar la actividad.

Uno de los perros cargando con un kayak

El reclutamiento

Zarcko y Hanna fueron elegidos para ser rescatadores cuando tenían pocos meses de edad. La selección vino determinada por lo que se llama Test de Campbell, una prueba que realizan los adiestradores caninos para determinar el carácter y el temperamento de los animales. Por ejemplo, se hace un ruido fuerte, y se observa si los cachorros se esconden, se quedan quietos, o se acercan a jugar. Estos últimos son los que pueden convertirse en perros de asistencia.

La otra característica que se tiene en cuenta es la raza. Los canes tienen que ser lo que se conoce como animales de cobro (retrievers, en inglés), los que pueden ser entrenados para recuperar “presas” para su dueño, que en este caso son las personas que deben ser rescatadas del agua. “Todos los perros nadan, pero hay fenotipos que tienen más dinámica, y traccionan mejor en el agua. Los terranova, los boyeros de Berna, los Golden, y los labradores, como Hanna y Zarcko. Son perros que, por genética, son buenos para estas tareas”, explica.

¿Cómo se entrena a un perro de rescate?

Hanna y Zarcko llegaron a la casa de Cordara cuando tenían tres meses. Al mes siguiente empezó su educación canina, para mejorar su equilibrio y el control de su cuerpo. Y poco tiempo después el entrenamiento de rescate, para que ya desde pequeños se acostumbren al agua. “Siempre se enseña con trabajos lúdicos, que lo tomen como un juego. Y se entrena con límites positivos, nunca hay castigo ni nada por el estilo. El perro siempre se siente lleno, él ayuda con el rescate, cumple su objetivo y recibe recompensas cuando vuelve, porque eso es un perro de cobro”, explicó el entrenador. “Y en el entrenamiento se trabaja en cuestiones como corregir la postura, o se les agrega peso para que aprendan a nadar con él encima”, de cara a una de sus tareas al momento del rescate, que es cargar equipamiento para ayudar a los guardavidas humanos.

Cuando tienen un año, ya comienzan a nadar al menos 2 kilómetros diarios, junto a sus entrenadores, para ejercitar sus músculos y su capacidad de resolución dentro del agua. “Se los potencia para que físicamente estén lo mejor posible, pero es un entrenamiento a largo plazo, porque recién a los dos años llegan a su plenitud física y ahí pueden trabajar, es algo progresivo, a diferencia por ejemplo de los perros que ayudan en terremotos, que a los diez meses ya pueden trabajar”, explicó. “Esto lleva más tiempo y más dinero”, comparó.

Los entrenamientos se hacen con juegos, tirando sus juguetes al agua para que aprendan a ir a buscarlos, enseñando los comandos de voz y los significados de la postura corporal. Luego se entrena con equipamiento, y después los ejercicios en el agua, primero solo y luego con figurantes que simulan ser víctimas para hacer los pasos correspondientes: primero lo rodean nadando en sentido horario y antihorario para que la persona se haga del equipamiento necesario, y luego los ejercicios de tracción. En el agua, los perros como Hanna y Zarcko pueden cargar hasta con siete veces su peso, es decir, entre 210 y 270 kilos.

Además del entrenamiento más físico, hay que llevarlos a distintos lugares, que se expongan al ruido, a la gente. Que se acostumbren a estar en distintos lugares y entre multitudes, y también a permanecer en el lugar que les corresponde. “Una vez que les ponés el chaleco se activan y saben que tienen que estar ahí, con el guardavidas, no puede estar entrando y saliendo. Trabajan mediante órdenes”, dijo. “Pero ellos están ahí y se los puede tocar, pueden interactuar con la gente y con los niños. La única limitación es que no entran al agua hasta el momento que tienen que hacerlo, porque ahí necesitamos que exploten. Pero a nivel social no es tan riguroso”.

Al rescate

Al momento de un rescate, los perros entran al agua para cumplir la tarea de asistente, no de socorrista. Cargan equipo, ayudan a traccionar (un kayak varado, o un torpedo, como se conoce al implemento tradicional de los guardavidas que ayuda a la flotación), pero no toman contacto con las personas, ni se permite agarrarse a ellos.

Es un trabajo que se reparte “50 y 50” entre can y humano, explica Cordara. Y agrega un aporte clave que hacen los animales: tienen la capacidad innata de leer las corrientes y nadar por los lugares más favorables, por lo que los guardavidas solo deben seguirlos para ser más rápidos en el rescate.

Por fuera del trabajo, tienen una vida “normal” como cualquier otra mascota, con la misma dieta, los mismo cuidados y el mismo tratamiento que un perro familiar.

Las estrellas de la playa

Zarcko y Hanna tienen ahora 7 años, por lo que les quedan dos años de actividad. Cordara explica que a los 9 años tienen que retirarse porque es en ese momento que los labradores entran en su cuarta y última etapa hormonal, en la que ya se convierten en animales más sedentarios y empiezan a aparecer algunos problemas de salud vinculados a la edad. “Son como atletas, llega un momento que por edad se tienen que jubilar”, explica el entrenador.  

Mientras Cordara busca una madre para criar nuevos reclutas, los hermanos pioneros cumplen con su primera temporada que, hasta ahora, ha sido tranquila. “Por ahora no han tenido que hacer ningún rescate y esperemos que no tengan que hacerlos. Pero si pasa algo, ellos saben que hacer”, asegura el experto.

Además de la experiencia en Las Cañas, hay gestiones y reuniones previstas con la intendencia de Canelones y la alcaldía de Punta del Este para que, a largo plazo, haya otros Hanna y Zarcko en otras playas del país. Aunque, aclara el responsable de esta iniciativa, no hay nada oficial aún.

Mientras tanto, el plan piloto también tiene como objetivo el acostumbrar al público a que estos animales en la playa sean algo habitual, y eliminar el “estigma” de que haya perros en la playa y en el agua. La zona en la que Zarcko y Hanna están apostados fue declarada de libre acceso para mascotas, y también se hizo un trabajo para que el público los reciba de brazos abiertos.

“La gente se arrima, se saca fotos, interactúa con los perros. Fue un boom que no esperábamos, fueron muy aceptados. Ya solo de verlos con los chalecos a la gente le llama la atención, porque son algo nuevo”, comenta Cordara. “Son las estrellas de la playa”, dice.

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