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La impuntualidad como problema

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26 de mayo de 2020 a las 05:02

Por Jaime Clara

Me molesta profundamente la impuntualidad. ¿De dónde viene esta maldita costumbre tan uruguaya de citar a las 20 para empezar a las 20:30 hs? ¿Quién la inventó? No lo marco como un mérito personal, pero siempre fui puntual. No se me ocurre otra cosa. Si alguien me cita a esa hora, debo estar a esa hora y no a otra. Las 15 son las 15 y no las 15:20, pero tampoco son las 14:30 hs. Es tan impuntual el que llega tarde como el que llega temprano. Tampoco nunca entendí esa costumbre que si un evento social, llámese cumpleaños, casamiento, graduación o bautismo, por ejemplo, está citado a las 21 hs. los invitados aspiran llegar más tarde porque, según argumentan, “no vas a ser el primero…”.

Citarse con alguien a determinada hora y esperar se hace eterno. El francés Nicolás Boileau dijo “procuro ser siempre muy puntual, pues he observado que los defectos de una persona se reflejan muy vivamente en la memoria de quien la espera”. Y es verdad. Los minutos de espera parecen más largos aguardando al que está por venir.

Tanto que nos gusta a los uruguayos vanagloriarnos de nuestras virtudes, que justamente la puntualidad no está entre esos méritos. A los recitales de música, en el teatro o en actos con público, la impuntualidad es el sino que nos caracteriza. Y lo más grave, es que el problema forzó la aparente solución: citar a un horario para comenzar media hora más tarde. Me parece un atrevimiento y hasta una deshonestidad.

El respeto por los compromisos asumidos es respeto por los demás. Leí que “igual puedes robar el dinero de una persona si robas su tiempo”. Tanto se asume la impuntualidad, que en lugar de hacer más eficiente la gestión o ser más previsores, lo que se hace es hacer más agradables los lugares de espera, llenándolos de televisores, revistas, caramelitos, cafeteras y expendedores de líquidos varios, desde agua hasta el alcohol en gel. Pensemos en otros ámbitos: ¿cuánta gente pierde un avión? Proporcionalmente poca. Entonces hay que pensar hasta dónde influye el interés propio.

Está claro que la tolerancia tiene que existir. Minutos más minutos menos. Pero no confundir esa tolerancia con la impuntualidad endémica que habla mal de nosotros mismos.

Posibles razones

Un artículo del diario español La vanguardia (*) de hace algún tiempo, se preguntaba justamente, qué lleva a algunas personas a ser impuntuales en forma sistemática.

Además de algunos testimonios personales, se consultó a algunos técnicos. Por ejemplo, Pau Obiol, psicólogo de Isep Clínic Barcelona especialista en bienestar emocional, asegura que son muchos los impuntuales que son tardones crónicos por la falacia de la planificación, porque subestiman el tiempo que necesitan para hacer una tarea. «Son personas con un sesgo cognitivo, que hacen juicios ilusorios, incorrectos, del tiempo y de sus recursos», indica. «De hecho, diversos experimentos han constatado que los tardones crónicos no perciben el tiempo de la misma manera que quienes acostumbran a ser puntuales. «En realidad, como el tiempo es algo que no existe, siempre se procesa de forma subjetiva, y hay muchas variables internas y externas que modulan esa percepción subjetiva, desde la edad, la personalidad, el estado de ánimo, los fármacos, la temperatura o los desórdenes psiquiátricos hasta la complejidad de la tarea que hacemos, la cantidad de información y estímulos que recibimos, la familiaridad o si recibimos estímulos auditivos o visuales», explica Judit Castellà, investigadora de la UAB especializada en memoria, atención y percepción.»

Según la especialista, cada persona tiene un tempo interno, una tasa metabólica propia, marcado por factores medioambientales pero también fisiológicos, que está relacionada con su ritmo de vida y se correlaciona con la puntualidad. «Si tienes un tempo interno muy elevado, tienes tendencia a sobrestimar el tiempo, y si te dicen que aprietes un cronómetro cuando calcules que han transcurrido 60 segundos, lo pararás unos segundos antes de que haya pasado el minuto; en cambio, si tienes un tempo más lento, subestimas el tiempo y creerás que han pasado 60 segundos cuando en realidad hayan pasado varios más», ejemplifica.»

Finalmente, Diane DeLonzor, que ha sacado partido a su impuntualidad crónica con el libro Never be late again (No vuelvas a llegar tarde), que organiza talleres sobre el tema, realizó un ejercicio similar para justificar que hay motivos fisiológicos y psicológicos que hacen muy difícil dejar de retrasarse. DeLonzor pidió a un grupo de personas que leyeran un pasaje de un libro y parasen cuando creyeran que llevaban un minuto haciéndolo. Y constató que para los puntuales los 60 segundos pasaban antes que para los impuntuales, y si los primeros dejaban de leer a los 58 segundos de media, los impuntuales lo hacían a los 77. «Quienes tienen un tempo más lento subestiman el tiempo y sobreestiman lo que pueden hacer en ese tiempo, y piensan que hacen algo en cinco minutos cuando en realidad tardan ocho o diez», dice Castellà.»

Puedo llegar a entender los motivos psicológicos y personales que pueden tener algunas personas, pero los uruguayos no hacemos del respeto a la puntualidad, uno de los nuestras virtudes. La irresponsabilidad con la que manejamos el tiempo de los otros -que son los afectados, cuando somos impuntuales- da la sensación que está demasiado arraigado en nuestro adn. El mundo y la consideración por el prójimo, urgen cambiar la actitud.

(*) http://www.lavanguardia.com/vida/20150712/54433372488/impuntualidad-esconde-razones-fisiologicas-psicologicas-sociales.html

 

Esta nota fue publicada originalmente en Blog Delicatessen*.

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