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La libertad, algo que se entiende muy poco

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26 de enero de 2020 a las 05:00

No suelo responder a los ataques personales, incluso a los que incluyen calumnias y difamaciones, y muy pocas veces a los que involucran a este periódico. “Ladran, Sancho”, diría el bueno de Don Quijote. Prefiero debatir sobre ideas y propuestas para el país y el mundo pero el debate es algo que escasea en este país. Es más fácil arrojar piedras que manejar argumentos y usar la lógica.

El semanario La Mañana, nueva versión del otrora prestigioso matutino riverista, se ha dedicado en los últimos meses, con ocasión y sin ella, a insultar, calumniar, difamar y criticar a mi persona, a instituciones allegadas como Ceres y, por supuesto, a este periódico. En ninguno de esos me pareció oportuno responder a esas criticas, inventos, e insultos porque no valía la pena gastar tiempo ante personas o medios que solo intentaban agredir y no les interesaba un cambio de ideas que, aún en la discrepancia, pudiera generar algo positivo para la sociedad.

Este pasado miércoles La Mañana ha renovado esos ataques, pero no van contra mi persona sino contra el medio que dirijo y contra gente que trabaja aquí, a la que se identifica con nombre y apellido.

Ha tenido el “ingenio” de publicar una nota de opinión firmada por Redacción. Allí se ataca al periodista Leonardo Haberkorn, de trayectoria destacada en nuestro país, que trabaja en forma independiente para El Observador, por su información sobre el caso Gavazzo que generó una enorme ola de estupor que sacudió a la Presidencia, al Ministerio de Defensa y a altos mandos de las Fuerzas Armadas. Pese a que nadie cuestionó la veracidad de la información, muchos querrían que esa nota no se hubiera publicado. Se insinúa maliciosamente que recibió la información a cambio de vaya a saber que favores era acreedor. Leonardo Haberkorn tiene muy buena pluma y mucho conocimiento de causa de los enfrentamientos entre tupamaros y Fuerzas Armadas y los desarrollos posteriores, plasmada en varios libros que son referencia ineludible para quien quiera conocer a fondo del tema, y ha dado su respuesta este viernes 24 de enero de 2020, que esta dirección suscribe en su totalidad.

También La Mañana dirige sus baterías a nuestro periodista Javier Conde, que escribió sobre un hecho del pasado, los 50 años de la llegada al país del derrocado presidente de Guatemala Jacobo Arbenz. La “Redacción” de La Mañana tiene muy buena memoria al recordar ese hecho. Y en su afán de atacar a El Observador, relaciona ese artículo con otro titular de portada que hace referencia a la posición que adoptará la coalición de gobierno respecto al pedido de desafuero del Gral. Manini Ríos.

Con un buen manejo de Google, La Mañana ofrece datos personales del señor Javier Conde que no vienen a cuento de nada, pero que hacen recordar el señalamiento tan propio de regímenes autoritarios. Algo que ocurrió en nuestro país hace tiempo, y que se ha vivido recientemente en la Argentina, tanto bajo el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner como bajo el de Alberto Fernández, que señaló a varios prestigiosos periodistas como confabuladores con el Poder Judicial. Esperemos que esta mala costumbre argentina, de señalar a los periodistas que no legustan, no cruce el río.

Por lo demás, la Redacción de La Mañana me acusa de lavarme las manos para que “los periodistas hagan la faena sucia”. Vaya uno a saber qué entiende ese redactor por “faena sucia”. Seguramente sea la de informar con rigor e independencia profesional. Ejemplos sobran, especialmente para los que no son “recién llegados”, y los lectores conocen de sobra esa trayectoria.

Pero, en definitiva, ¿qué es lo que subyace detrás de este articulo? Lo que subyace es una falta total de comprensión de lo que es la libertad. De la libertad en la función periodística y en la vida de las personas. De la libertad ejercida con responsabilidad, con honestidad y con respeto a los demás. Eso es lo que va a encontrar el lector en El Observador. Lo que es triste es que el redactor de La Mañana que escribió una nota de opinión, con calumnias y falsedades hacia sus periodistas y a su dirección, no entiende para nada lo que es la libertad. Y piensa, al igual que muchos dirigentes de izquierda, que los periodistas solo escriben lo que la dirección les dicta. Triste es también que un medio de la trayectoria de La Mañana dé cabida a estas notas. Demuestra que, al menos en esta etapa de su trayectoria, tampoco entiende lo que es la libertad.

Pero bueno, por suerte la libertad es libre. Y cada uno es libre de entenderla o no. De escribir lo que le parezca en tanto no viole los derechos fundamentales de las personas, por lo que puede ser responsable ante la ley

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