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El empleado y el patrón está dirigida por Manuel Nieto

Espectáculos y Cultura > Cine

La lucha de clases aterriza en el campo uruguayo y en las salas con El empleado y el patrón

El realizador uruguayo habla sobre su tercera película, la más ambiciosa de su carrera, y reflexiona sobre el atractivo que tiene para él mirar hacia el universo rural del país

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27 de abril de 2022 a las 05:04

Hace mucho tiempo, cuando el realizador uruguayo Manuel Nieto Zas pensó en el título de su tercera película, El empleado y el patrón, no sabía quién iba a ser el empleado, ni quién el patrón, pero los quería a los dos. Los necesitaba a los dos. Y quería esa oposición: una que en medio del campo uruguayo se gestara a partir de la enorme brecha socioeconómica, cultural y hasta emocional de estos dos hombres, pero que no los convirtiera, al mismo tiempo, en arquetipos maniqueístas, fáciles de encajonar, útiles para los discursos superfluos. Seis largos años de trabajo después, Nieto tiene el resultado ante los ojos de todos: El empleado y el patrón se presentó primero en 2021 en la Quincena de realizadores del Festival de Cannes, pasó por los cines del mundo, cosechó elogios, cerró la 40° edición del Festival de Cinemateca y, este jueves, abre su camino en salas uruguayas. “Manolo” Nieto dice que es su película más ambiciosa. Y está satisfecho de que así sea.

Como es evidente, el argumento está encerrado de manera explícita en el título. Rodrigo, el hijo de un productor rural –más bien un latifundista que tiene enormes extensiones de campo en Minas de Corrales, en la frontera seca de Rivera– necesita un peón que maneje uno de los tractores para completar la cosecha del campo que le administra a su padre, y por una recomendación llega hasta Carlos, un muchacho humilde y de pocas palabras, con una familia a la que mantener y bien dispuesto para trabajar de sol a sol. Durante uno de los primeros días de trabajo, Carlos sufre una tragedia y las cosas entre los dos hombres, el patrón y el empleado, se van a enredar. En el medio habrá amenazas, litigios legales, carreras de caballos y, debajo de todo eso, un vínculo extraño que se gesta entre Rodrigo y Carlos, y que estira su arco entre la empatía y la contención, la desconfianza y el resentimiento de clase.

Nahuel Pérez Biscayart y Cristian Borges

El empleado y el patrón no marca la primera vez que Nieto pisa el campo uruguayo para contar las historias que le interesan. En su película anterior, El lugar del hijo (2013), ese contexto y sus características estaban presentes y jugaban un rol importante. La “escapada urbana”, además, también era parte de la historia de su primera película, La perrera (2006).

Y el campo también forma parte de la vida personal de Nieto. Y, con el campo, llegan también las sensaciones y los retazos de la experiencia propia, que se entremezclan con la creación y le dan forma a personajes, ambientes y paisajes.

“Mi padre tenía un pequeño campo cerca de San Ramón, y durante un tiempo lo administré. También mis primos tenían campos en Varela, cerca del Cebollatí, y pasé mi adolescencia yendo, pasando veranos, inviernos, yerras. Ahí conocí un Uruguay más profundo, y de eso me quedaron impresiones, imágenes. Digamos que desde 2010 tengo un vínculo fluido y estable con el campo producto de querer llevar mi cine ahí, de buscar allí las tramas, los paisajes, las personas. A mí me inspira el campo. Para mí es muy bueno alejarme de mi realidad cotidiana y salir a descubrir algo. Se trata de tener otro tipo de aproximación al cine. Es algo que me hace la cabeza siempre”, cuenta Nieto, que además marca distancia con el terreno en donde el cine nacional suele pararse: el urbano. 

Nahuel Pérez Biscayart

La temática rural en términos de historia, personajes y paisajes no ha sido muy transitada por la cinematografía nacional. No digo que no haya películas que vayan por ahí, pero hay pocas. Tenemos una cinematografía urbana y costera, porque también tenemos muchas películas que suceden en la playa. También hay muchas en torno a pueblos, pero en el campo no. La ciudad vive de espaldas a lo que pasa en el campo. Y eso me interesa. Ir a lugares poco transitados es una manera de ser diferente”.

El empleado y el patrón, además de ser una contraposición de figuras que busca evidenciar una crítica social clara, también es una producción que contrapuso las experiencias de sus dos actores principales y que busca sacarle jugo a esa distancia. Rodrigo es Nahuel Pérez Biscayart, actor argentino que hizo carrera en Francia y que el cine regional ha “repatriado” en los últimos años; Cristian Borges es quien se pone en la piel de Carlos, y su situación está en el otro extremo: la carrera como intérprete no estuvo nunca en sus planes.

Manuel Nieto Zas

“Cristian es un tipo muy inteligente. Tenía 18 años cuando lo contraté para hacer la película. Enseguida supo entender que Nahuel tenía esa experiencia, y que todo lo sabía él, por lo que observó muchísimo e hizo las cosas sin preguntarle a nadie. Es hermético como su personaje, pero para mí fue muy fácil trabajar con él. Yo vengo trabajando con protagonistas no actores en anteriores películas y sé cómo es el paño. Hay un pacto antes de arrancar en donde yo le digo: ‘vos tenés que permitir que yo me sirva de lo que sos, yo te voy a robar lo que sos para ponerlo en la película, pero confiá en mí que no vas a quedar mal, y que si algo sale mal lo vamos a trabajar juntos’”.

Las evidentes destrezas de Borges también ayudaron a que las escenas con caballos –la película tiene varias– tengan mayor naturalidad. El hombre sabe lo que hace y queda claro, en especial durante el tercer acto, que incluye un raid en el que todos los personajes se juegan mucho y donde se resuelven los conflictos planteados anteriormente. La tensión generada hasta el momento, sumado a la manera en la que la cámara de Arauco Hernández explora la carrera, generan una de las mejores secuencias de la película y, seguramente, del año. De todas maneras, es curioso –o lógico, en realidad– que el raid haya estado más cerca del registro documental que de la ficción. 

Así lo cuenta Nieto: “La carrera se corre en una mañana y había que obtener todo el material en ese tiempo, aproximadamente cuatro horas. Y la única forma de poder filmarla era anotándonos. La Federación Ecuestre del Uruguay nos había pedido expresamente que participáramos en la carrera si queríamos filmar, porque extraños no querían. No tuvimos más remedio que inscribir dos caballos, federar al jinete, prepararlos e ir ahí con todas las aparcerías y las camionetas. Por suerte dimos con Pio Olascoaga, un jinete y campeón nacional de raid que cría y prepara caballos para enduro en Emiratos Árabes, y él se copó con la idea de que hubiera una película que atendiera el tema, y con estar en ella. Ese caballo que está en la película es suyo y hoy está en Emiratos Árabes.”

Olvidar al punk

Dice Nieto que ya no patea las sillas y que su cine hoy es menos punk. Ve líneas de continuidad entre La perrera, El lugar del hijo y El empleado y el patrón, pero en esta última también ve señales de una madurez que lo tiene en la búsqueda de nuevos pliegues temáticos. 

“La juventud de los personajes es un tema recurrente en mis tres películas, por ejemplo, más allá de que cada una retrata diferentes etapas. Siempre está eso de asumir ciertas responsabilidades del universo adulto. Pero uno va madurando a medida que hace cine, a medida que pasa el tiempo. Madurás como director y como persona, te interesan otras cosas, siempre hay algo de la experiencia personal que se cuela. Entre la última película y esta tuve tres hijos, y eso está muy presente en El empleado y el patrón: la preocupación y el sentimiento nuevo de que les pase algo, el miedo a su muerte. Es un sentimiento terrible, pero por otro lado muy natural para todos los padres”.

Con dos de tres películas insertas en el campo uruguayo, Nieto no pretende irse –si puede– de ese lugar. Como le pasó con El empleado y el patrón, lo primero que sabe de su próxima película es que quiere titularla, por ahora, Los ladrones de ganado. Y que estará allí: en esos paisajes en los que sigue encontrando historias que para él vale la pena contar y donde ha visto madurar, también, sus ideas como realizador.

“Por lo menos lo intentaré una vez más. Voy a empezar a escribir una idea que tengo hace tiempo, y que tiene de fondo el tema del universo rural y el misticismo. Quiero ver dónde está lo místico en el universo rural”, concluye.

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