25 de noviembre de 2011 21:03 hs

Criatura es una editorial recién nacida en la librería La Lupa (ubicada en la calle Bacacay, a metros del Teatro Solís), y empezó con seis títulos. Todos se enmarcan en la categoría ficción, pero ninguno de ellos es simplemente eso, salvo Injuria, un relato crudo, el alma y la carne expuestas al lector.

Cuatro de las obras tienen ilustraciones y en todos los casos es algo más que una historia bien contada. En cada uno hay un condimento de provocación, de cultura alternativa, de modernidad.

El porqué de cada cosa, del autor argentino Luciano Saracino, con ilustraciones de Aleta Vidal y El vestido de mamá, de Dani Umpi, con dibujos de Rodrigo Moraes, son libros para niños. No huiré de mi vida, de Gabriela Armand Ugón, es para adolescentes, en tanto que Injuria, de Apegé (Álvaro Pérez García) y Mi pequeño mundo porno, de Gabriel Calderón, son para adultos. El libro-objeto Granítico Palman Zum, de Levedad (Rodrigo Camy Betarte) es una exposición gráfica de una variedad incesante.

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Descubrir una prenda
El libro de Dani Umpi cumple con las convenciones de un libro para niños chicos. Es una aventura con dibujos coloridos y un final feliz. Umpi se las ingenia, sin embargo, para incluir datos autobiográficos y para desmitificar la curiosidad natural de un niño.

Es un relato en primera persona de un niño que descubre un vestido de fiesta de su madre y le encanta.

Se lo ve puesto y luego imagina esa tela en un guerrero y en un futbolista. Pronto decide ponérselo y salir con él, con lo que se da cuenta de que provoca rechazo. Para colmo cuando vuelven, sus padres ponen el grito en el cielo, y entonces todo se complica. Es una fábula de final abierto, con el protagonista que no acaba de entender, pero tiene el vestido puesto y una sonrisa dibujada en el rostro.

El porqué de cada cosa es una suerte de poema en prosa para niños, una mitología creada para el asombro de un nieto, con dibujos que acompañan esa alegría del cosmos que refleja el texto. Es un libro muy agradable de ver y tocar, más allá de la astronomía fantástica que postula.

La luz y la sombra
No huiré de mi vida desnuda sus intenciones desde el título. Pronto se entiende que la protagonista tiene una situación familiar muy escabrosa y deberá hacer gala de toda su fortaleza para enfrentarla.

Injuria, en cambio, postula a un personaje que se mira en el espejo y no le gusta lo que ve. Se siente avejentado para sus 35 años de edad, pero le preocupan más otras cosas, más oscuras, que el espejo no puede mostrar.

“Debo volver a la redacción y acomodar la cara, seguir redactando noticias que le importan al mundo. Miro alrededor y estoy rodeado”, dice el protagonista de esta ópera prima de Álvaro Pérez García.

Lo obsceno
Gabriel Calderón conoce la técnica. Mi pequeño mundo porno es una obra escrita para ser representada pero se deja leer con fluidez.

Durante 77 escenas, que al principio forman historias paralelas y luego se funden, el autor va acorralando al lector hasta que ya no hay salida.

Los diálogos –y las situaciones que esos diálogos postulan– son muy crudos, y las ilustraciones de Sebastián Santana, en fucsia, blanco y negro, acentúan esa ferocidad; van un paso más allá.

En la obra, Calderón mantiene el control de ese “sistema caótico”, que él ha definido como la vida. Le da un sentido, sin disimular su obscenidad esencial.

Un libro objeto de 450 copias
Grántico Pálmani Zum es un libro gráfico que empieza bien: la calidad del papel está a la altura de las ambiciones de Levedad (Rodrigo Camy Betarte), un ilustrador con una estética indie que maneja muy bien distintas técnicas, como el dibujo a lápiz, a crayola, a tinta y digital, blanco y negro, color, collages y fotos intervenidas.

El libro tiene dibujos ya publicados y otros inéditos, y se maneja entre el humor, lo experimental, lo poético y el homenaje a músicos tan disímiles como The Beatles, Jorge Drexler y Travis.

Cada uno de los 450 ejemplares viene con un marcador, un pegotín cuádruple y un lagarto volador para recortar y armar.

El resultado de tantas ambiciones es un libro muy bien logrado y sobrio: un objeto de arte y a la vez un juego.

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