18 de febrero de 2015 17:09 hs

Una de las portadas de discos más emblemática de la década de 1970 muestra a un barbudo Paul McCartney sonriendo en la luz anaranjada de un atardecer, mientras la carita de un bebé se asoma desde la apertura de su campera de corderito. El disco se llamó simplemente McCartney y lo grabó él solo, tocando todos los instrumentos y luego mezclándolos con la ayuda de su amigo George Martin.

Para 1970, el beatle era ahora un exbeatle, peleado con el resto de los integrantes de la banda más maravillosa de la historia, viviendo en una casa que estaba construyendo con sus manos en Escocia y con problemas económicos, porque los líos de abogados no le permitían tocar sus ahorros generados con Los Beatles. Fue en esa situación de retiro y de depresión donde McCartney cranea la posibilidad de armar otra banda y de seguir existiendo a nivel musical más allá que los cuatro de Liverpool.

El bebé que aparece en la portada del disco es Mary McCartney, la hija mayor de Paul y Linda Eastman, que se habían casado solo un año antes. Y es ante esta misma hija que McCartney rinde cuentas de toda esa época de indecisión y aislamiento, de críticas y de dudas, en un documental que se filmó en 2001 y se tituló Wingspan.

La película es una larga entrevista (aunque por momentos se transforma en una charla íntima y familiar) entre padre e hija, donde Paul repasa mentalmente y con un completísimo trabajo de archivo fotográfico y de cine los momentos de la separación de Los Beatles.

También abarca la formación de Wings, las primeras giras con su nueva banda por universidades de Inglaterra y por Europa en un ómnibus double-decker, y la recuperación como un Sísifo del rock de las máximas cimas de éxito, para volver al llano cuando en 1980 lo apresan en Japón por posesión de marihuana.

Wingspan es un relato por momentos sorpresivo. A modo de ejemplo, lo que produjeron McCartney y su esposa Linda en esa década entre 1970 y 1980 es asombroso: cuatro hijos, diez discos, once giras por todo el mundo con seis formaciones diferentes de la banda y más de cien shows en vivo. Claramente, es el retrato de una familia especial.

Pero además narra las intimidades de la casa, el origen de las ideas que determinaron los movimientos de los McCartney en esos años y las travesías gigantescas, tanto a nivel humano como musical que debieron sortear para una nueva aventura en el rock.

El retrato que se desprende del documental es el de una pareja obsesionada con la música como forma de supervivencia. Luego de la beatlemanía y la fama absoluta, luego del olvido, el retraimiento y el autoexilio, el músico lo hizo de nuevo. Volvió a estar en el Everest a base de grandes canciones.

A pesar de las críticas y las miradas desdeñosas de varios, McCartney logró dominar a la bestia interior y lanzarla hacia afuera en forma de hits. Si bien a lo largo de la película se lo ve, incluso en las situaciones más complicadas, con su típica risita ingenua, un viejo Paul reflexiona y pone las cosas en perspectiva frente a la mirada cándida de su hija.

Wingspan funciona como documento de un momento de la música en el mundo, cuando se demostró que se puede ser una estrella de rock y viajar con niños chicos que piden la mema y que les cambien los pañales. De forma inconsciente, los McCartney demostraron que el rock también puede ser familia y la película los muestra más humanos y sinceros, en el día a día de unos padres enamorados que solo quisieron tomar el escenario por asalto. Y lo hicieron.

El documental está disponible en diversos formatos en internet y dura aproximadamente unos 90 minutos.

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