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La memoria de Ansina y Mediomundo: una exposición revisita las historias de quienes fueron desplazados

Una exposición de fotografías, documentos y pertenencias rescata la memoria de los desalojos de Barrio Sur y Palermo

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04 de junio de 2022 a las 05:01

Eran las 6 de la mañana del 3 de diciembre de 1978 cuando llegaron los camiones a la puerta de Cuareim 1080. Olguita Celestino tenía 15 años cuando presenció el desplazamiento forzado de su familia y los otros cientos que les seguirían con el desalojo de Ansina en enero de 1979. Los doce hermanos tienen una mirada diferente de lo que sucedió aquel día y a pesar de que pasaron 43 años cuando trata de recordarlo se le cierra la garganta. “Lo único que quiero es que no se vuelva a repetir”.

Desde el 28 de mayo se expone en el Museo de la Memoria Biografías ocultas de Montevideo al Sur, una muestra biográfica que tiene por objetivo presentar historias, fotografías y documentos que han sido celosamente custodiados por las familias desalojadas de los sitios de memoria Conventillo Medio Mundo y barrio Reus al Sur [Ansina] durante la dictadura uruguaya. Son miradas familiares, cercanas, de las trayectorias de algunos de sus residentes y el traslado forzado que cambió sus vidas. “Trajimos humildemente nuestro pequeño acervo. Cada familia tiene su propia historia y su propio sentir”, señala Celestino mientras recorre el espacio.

Las fotografías y documentos fueron cedidos por las 80 personas que forman parte de Volver a mi barrio, un grupo de vecinos que fueron desplazados de los conventillos Mediomundo y Ansina. La representante de la agrupación dice que los eventos y las consecuencias de los traslados todavía son invisibilizados en el imaginario social del Uruguay, y que viene siendo hora de escuchar su historia.

La antropóloga Alejandra Guzmán empezó a trabajar en torno a los desalojos de Barrio Sur y Palermo hace ocho años con la convicción de que es un tema trascendental, no solo para la comunidad afrouruguaya sino para toda la ciudad. Guzmán indica que desde mediados del siglo pasado se conformaron una gran cantidad de conventillos en la zona sur de Montevideo por la cercanía a al puerto. “Cualquier libro de texto dice que los afrodescendientes ocuparon el lugar de los europeos inmigrantes que vinieron a los conventillos. Esa es una historia subliminal de la construcción racista y clasista de nuestra sociedad que ha dejado a las personas afrodescendientes de la diáspora en un lugar de significación subvalorado. Es una cuestión del propio racismo con que se ha construido toda la memoria de Montevideo”, considera.

"Hay un arraigo histórico muy importante que va hasta el tiempo de la esclavitud durante el período colonial en toda esa zona, donde tenían las salas de naciones y después tenías un conventillo. Son zonas ancestrales negras. Eso es lo que no se entiende. Son zonas de mucha fortaleza y por eso tienen tanta importancia" - Alejandra Guzmán, antropóloga.

La antropóloga destaca que el conventillo, esta construcción de habitaciones con servicios en común, era la forma más económica de acceder a una vivienda para un núcleo familiar. “Lo más viable para vivir eran los conventillos o lo que llamaban casa-habitación. Estamos hablando de un período de mucha carestía. La particularidad que tiene Mediomundo es que dentro de ese contexto son una familia extensa donde conviven varias generaciones que tienen un arraigo en la zona de más de 50 años", sostiene.

Las fotografías recorren la historia desde mediados de 1900 tanto en Ansina como en el Mediomundo repasando algunas figuras significativas y actividades cotidianas en la comunidad. “Vivíamos en un crisol de razas. La mayoría éramos afro pero también había descendientes de españoles y de italianos. Eran personas que no tenían un buen pasar económico y se acercaban a estos lugares donde por unos pesos podías convivir de una forma familiar”, recuerda Olguita.

Mientras el Mediomundo tenía una construcción semicircular en la que todas las habitaciones se comunicaban con un patio central, Barrio Reus al Sur se conformaba en torno a la calle Ansina. “Definitivamente éramos muchas familias concentradas en un lugar y compartíamos mucho más que el decirnos buenos días y buenas tardes. Éramos casi todos familiares. A lo que una mamá o una abuela salía a trabajar otra abuela u otra mamá cuidaba a esos chicos y los mandaba a la escuela". Esto que la antropóloga llama "maternidad extendida" es una característica de la forma de vida que se compartía en aquel entonces.

"En Mediomundo éramos aproximadamente 173 familias constituidas por padre y madre y familias monoparentales. En Ansina se habla de 800 familias porque el núcleo era mucho mayor", puntualiza Celestino y da una idea de la magnitud del impacto de los desalojos.

Guzmán ha pasado los últimos años tratando de rastrear documentación y derribar algunos mitos: “También tenían documentación, también se casaban, también pagaban luz, agua e impuestos. Eso hace al derecho a la ciudadanía. Una cosa que argumentaba el último dueño de Mediomundo para desalojarlos era que poco menos que estaban de arriba”. La antropóloga sostiene que si hubo un proyecto urbanístico para la zona no prosperó, pero "lo que sí hubo fue un deseo de desalojar a todo componente no blanco". "Todos los países tuvieron movimientos de segregación racial durante las dictaduras de Latinoamérica. Se estaba construyendo la imagen de sociedad que querían mostrar”, dice.

– En el Montevideo de la época Sur y Palermo era periferia, comenta Guzmán.

– Éramos centro, pero no estábamos adecuados económicamente ni éramos la figura representativa del Montevideo que querían mostrar. Éramos “el bajo”, replica Celestino. 

A pesar de que Ansina era más grande y más poblado, Mediomundo era más conocido popularmente. El modo de vida comunitaria, la referencia cultural en la que se convirtió, el estilo de vida y de relacionamiento particular que llama la atención. Se desarrollaron allí varios programas de televisión, y Pipo Mancera, Cristina Morán, Horacio Guarany, Carlos Páez Vilaró, Lágrima Ríos, Rosa Luna y Juan Ángel Silva son todos referentes de la cultura que pasaron por el conventillo de Cuareim.

Además se había construido y difundido una mirada peyorativa sobre los conventillos vinculada al "desorden" o la "desviación social" que al poner luz sobre el estilo de vida desde el recuerdo de sus habitantes se resignifica. “Se desmitifica eso de que los conventillos eran lugares sucios, solamente promiscuos donde uno iba a beber y a comer a piacere. No. Los conventillos eran lugares habitacionales donde había familias completas con buenas costumbres. Nos desterraron de ahí como si fuéramos cosas”, dice Celestino.

"Los niños  son la herencia, los que llevan la voz de la diáspora" - Olguita Celestino, ex habitante del conventillo Mediomundo

Cuareim y Ansina estaban además en el centro del sostén económico de las familias. "Caminando teníamos todo. Mi papá trabajaba en la Compañía del Gas y mi madre hacía las limpiezas a las señoras y señores del barrio y tareas de lavandería. Casi todas las familias estaban constituidas con los oficios cerca", explica Celestino. Después del desalojo algunos vecinos caminaban durante dos horas y media para poder volver a encontrarse.

Una foto detrás de otra permite aproximarse a una composición casi familiar de vecindad, de socialización, de comunidad. Cumpleaños infantiles, partidos de fútbol, carreras de embolsados en el Día de Reyes, reinas de belleza y niños jugando en el patio.

Se exhibe además la partida de nacimiento de la última persona nació en Mediomundo: Mariana Celestino. La hermana de Olguita nació el 2 de diciembre de 1978, apenas horas antes de que iniciara el desalojo que ya estaba asignado desde el 26 de noviembre, cuando se les entregó a los habitantes del conventillo un documento con un plazo de una semana para desalojar por sus propios medios o enfrentarse al traslado forzado. "Ahí fue cuando se reunieron los mayores para ver qué decisiones iban a tomar", explica y señala que la foto de aquella reunión se confunde año a año con la imagen del desalojo cuando no sonó ni un tambor.

La antropóloga señala que el problema de acceso a la vivienda digna se había agudizado en la época y marca como punto de quiebre el 6 de octubre de 1978 cuando un derrumbe dejó 19 muertos y personas lesionadas. El Consejo de Seguridad Nacional (Cosena) elaboró entonces un acta en la que otorgó potestades a la Intendencia de Montevideo para "resolver" la situación de fincas en "estado ruinoso" o con peligro de derrumbe. Pero para Guzmán, de acuerdo a su investigación, la inclusión de los conventillos de Barrio Sur entre los edificios en peligro fue una "excusa". "Tuvieron que destruir algo que te dijeron que estaba cayéndose solo y eso también duele. Duela esa humillación", comenta Celestino.

Olguita es una de las personas que después de la expulsión del conventillo fue trasladada hacia los galpones de la exfábrica Martínez Reina en el barrio Capurro y de allí a Cerro Norte en 1980. Los habitantes de los conventillos fueron enviados a lo que llamaron "hogares de emergencia": Hogar Uruguayana (Martínez Reina, antes fábrica La Aurora), el Hogar Garibaldi y el Hogar Arenal Grande. Cuenta que con lo poco que pudieron llevar consigo fueron ubicados en un edificio de tres pisos con horarios de entrada y salida, en donde no podían quedarse en los pasillos ni en las áreas comunes, con un horario para apagar las luces y la seguridad de que cualquier noche podrían entrar a la habitación para revisarla con una copia de la llave y una linterna. “Estábamos presos pero sin rejas. Con una supuesta libertad pero con condiciones"

“Este es el quiebre de nuestra historia”, dice Celestino mientras señala un montaje de objetos que pertenecieron a los habitantes de los conventillos: el último dominó de Cuareim 1080, una valija de mano, un tambor chico con la lonja rasgada. "Nos sacaron sin nada". 

"Lo que nos prometieron era devolvernos al mismo lugar", recuerda Olguita y recogen artículos de prensa de la época. "Obviamente que hay un sentimiento de pertenencia, pero también somos muy reales de que en 40 años uno pasó duro en otro lugar donde también se hace querencia porque mi hogar hoy por hoy está en Cerro Norte. Si bien eso era de mi familia hoy no lo es y no pretendo que la gente que vive ahí y compró con su trabajo salga porque yo existo, sería una locura. Sí quiero que mis ancestros sean honrados en decir que ellos y nosotros que sobrevivimos somos víctimas de ese oprobio", agrega.

Aunque quisieran borrarlos, Cuareim y Ansina siguen siendo un símbolo más de 40 años después. "Es el bastión negro. El municipio B en todas sus características tiene una trayectoria de bastión netamente negro, aunque la mayoría de los afrodescendientes no vivan ahí. La cultura de esa zona, Barrio Sur y Palarmo, es donde comenzaron los toques madre más conocidos popularmente, así como la zona de Cordón".

El desarraigo, la segregación territorial y el dolor atraviesan a más de una generación de uruguayos y uruguayas que se organizan para reivindicar su identidad y su memoria. Después de 40 años Celestino volvió junto a otras mujeres al lugar de donde había sido desalojada y señala que lo único que se conserva es el patio. "Yo recuerdo Cuareim 1080, hoy es Zelmar Michelini 1080".

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