Una foto al presidente: Camilo Dos Santos, el primer fotógrafo presidencial y el detrás del retrato oficial de Yamandú Orsi
Una foto al presidente es un ciclo de entrevistas de El Observador que ahonda en la historia de los retratos presidenciales y el rol de la fotografía en cómo se cuentan tanto los gobiernos como los mandatarios, con el testimonio de quienes capturaron la historia
Embed - La foto oficial de Yamandú Orsi: historia, debate y el ojo del fotógrafo presidencial
Mira directo al lente de la cámara y lo que queda plasmado, una vez que se cierra el obturador, es la imagen que lo definirá a lo largo de la historia: así era él, Yamandú Orsi, el presidente número 43 de la República Oriental del Uruguay.
Mano izquierda sobre la mesa. Apoyados todos sus dedos salvo la palma. Mano derecha en el bolsillo del pantalón —arrugado, hay que decirlo—, en un tono azul lo suficientemente sobrio, lo suficientemente brillante. Una luz tenue le ilumina el lado izquierdo de la cara. Él sonríe, con una sonrisa sutil, pero perceptible. Atrás, los pabellones patrios. Atravesando su cuerpo, la banda presidencial, inmaculada, protagonista.
Camilo Dos Santos es el autor del retrato que recorrerá durante los próximos años las oficinas públicas del país, los despachos de políticos y se sumará a la historia inmortalizada de los retratos presidenciales que tiene su resguardo en el Palacio Estévez.
“Soy el primer fotógrafo que entra con un presidente a un mandato de cinco años”, dice Dos Santos desde la misma sala donde hace un año el jefe de gobierno estrenaba su investidura. Lo que quiere decir, también, es que es quien lo acompaña todos los días en todas sus actividades, casi como un guardaespaldas, como un celador de toda imagen que merezca ser guardada, recordada, relatada a través del tiempo. Es nada menos que un documentador. Un archivador. Un retratista.
Sin más intención que una preocupación estética, histórica e institucional, los retratos de los presidentes uruguayos han pasado a la historia y se alinean en una pared del museo. Desde una pintura al óleo hasta una fotografía en alta definición. La historia de sus gobiernos no había sido contada aún, cuando sus rostros pasaron a ser parte de la colección nacional.
Esta vez, sin embargo, el retrato presidencial estuvo en boca de todos. Que si la pose era la adecuada, que qué mensaje daba la mano en el bolsillo, que por qué está apoyado sobre la mesa. Comidilla de especialistas, comentarios de fotógrafos. No es retrato para un presidente, o es un gran retrato para un presidente. Críticas y alabanzas. Todo eso, para su autor, solo podía interpretarse de una forma: la gente estaba prestando atención al retrato, y eso era bueno.
Antes de cerrar el obturador, Dos Santos investigó. Estudió fotos oficiales de Uruguay y otros países del mundo. Su intención era que el retrato oficial fuera plasmado en el interior del país y que estuviera cargado del simbolismo que sus antecesores habían condensado, por lo general, en la banda blanca y azul que les cruzaba el pecho.
En definitiva, ¿qué tiene que contar el retrato de un presidente? Algunos dirán que tiene que ser solemne, que tiene que tener los pabellones patrios, que debe transmitir seriedad y hasta cierta rigidez. Otros, como Dos Santos, creen que debe resaltar los atributos de quien ostenta la banda: “En mi caso, lo pensé más por un lado horizontal, de una persona más empática, humanizar esa figura. Si le hubiese tocado a otro, quizás te dice otra cosa. Pero bueno, me tocó a mí y es lo que entendí que debería tener”.
Primero pensó en lugares históricos que podían servir de escenario, como la Meseta de Artigas, en Paysandú; o en la Piedra Alta, en el departamento de Florida. Hizo pruebas en el jardín bajo la sombra de un Ceibo, como testigo natural de la historia de este territorio. Pero el retrato oficial de un presidente es, además, resultado de una serie de decisiones conjuntas.
"Yo presento las fotos, pero la discusión se da en equipo y es un ejercicio precioso. Se descarta, lo que se descarta vuelve a estar arriba de la mesa, se lo ve con lupa, lo ve una persona, lo ve otra persona. Dudás, te reafirmás, te convences, viene otro y lo tira abajo. Así se va construyendo también lo que viene a ser la foto final, la foto oficial, que es la que conocen".
Al final, el retrato se hizo en la sala de reuniones de la Residencia Presidencial de Suárez y Reyes, cerca del mediodía, en uno de los días más calurosos de 2025. Fue un día en el que el presidente tenía muchas reuniones, y Dos Santos tenía que trabajar rápido: dos cámaras, dos lentes distintos, dos flashes. Una coreografía fotográfica aceitada para obtener la imagen que buscaba, en el menor tiempo posible.
Entonces disparó. Una, otra, otra. Otra foto. Intentaba que cada vez que el obturador volviera a pestañear capturara al Yamandú Orsi descontracturado, que escucha, atento, el que sonríe; al Yamandú Orsi cercano que fue conociendo a medida que sumaban kilómetros en la campaña electoral.
Hasta que ahí estaba: la foto del presidente. "Le mostré la foto. Es esto. Le gustó esa. Bárbaro".
“La mirada de Yamandú en esa foto es muy potente, en el sentido de que es atrapante. Es una mirada suave, horizontal. Alguien dijo por ahí que en la foto se ve a un profesor a punto de arrancar una clase. Es Yamandú con una mirada de escucha, como lo conozco, lo veo todos los días, es una persona que escucha mucho. Siento que esa foto resume muy bien su manera de ser, y ese es el logro más importante de lo que es esa foto”, describe Dos Santos.
“Lo único que te salva es tu mirada”
Un trazo azul y fluido cruza el dorso de la fotografía. Para que veas la línea que cruza por casa. Del otro lado, la imagen de un ómnibus que circuló frente a la casa familiar en el departamento de Artigas. Sobre la foto doméstica, la estampa de un sello deja marcada la dureza de la censura sobre la correspondencia que entraba al Penal de Libertad en la década de 1970: Controlado.
Esa foto que su abuela envió a su abuelo, quien por aquellos tiempos era uno de los tantos presos políticos del país, es parte del archivo fotográfico familiar de Camilo Dos Santos. Allí, en las fotos en blanco y negro de rostros cálidos y sonrisas amables que todavía mantienen señales de su propia historia, radica también su formación fotográfica. Y, al mismo tiempo, el testimonio de una parte de la historia social y política del país.
Un camino, una profesión y un trabajo que comienza en la construcción de la persona detrás del lente.
“Un fotógrafo saca una foto con toda su historia de vida: con su formación profesional, personal, política, con sus angustias, con sus tristezas, sus dolores, sus emociones. Me pasa de todo y estoy muy atento de lo que sucede atrás de la cámara. He llorado, me he reído, me he escondido detrás de la cámara. Se pasa tu vida a través del visor. Y lo que está sucediendo del otro lado de la cámara es un reflejo de lo que se vive en el adentro. Porque son elecciones: yo elijo en qué momento apretar el disparador”, dice Camilo Dos Santos.
Si bien comenzó su carrera fotográfica en el Hipódromo de Maroñas y rápidamente comenzó a trabajar en prensa como reportero gráfico, donde fotografió parte de la historia para El Observador y La Diaria, identifica el inicio de su historia fotográfica mucho antes. En la cámara que su padre llevaba siempre con él y el laboratorio casero que había montado en su casa.
También en las discusiones familiares y las visiones políticas que alimentaron su crianza en el centro de una familia en la que entre sus abuelos se afiliaban tanto al MLN Tupamaros como al Partido Nacional y el Partido Colorado. Así lo entiende: “Todo eso hace a la formación, tanto personal como profesionalmente. Eso influyó poderosísimamente en mi labor como fotógrafo”.
“Tengo un pasado militante político partidario, eso lo aclaro porque yo me aparté de esa militancia hace muchísimos años pero la política la llevo en los poros. Es algo que me acompañó toda mi vida, la fotografía y la política. Ahora los dos caminos se entrelazan y estoy viviendo un momento que siento que es muy importante”, considera el fotógrafo.
En 2024 recibió la propuesta de fotografiar la campaña electoral que llevaría a Yamandú Orsi —hasta entonces intendente de Canelones y candidato frenteamplista por el MPP— a saludar desde ese mismo balcón del Palacio Estévez con la banda presidencial sobre el pecho.
Entonces, después de una década como reportero gráfico, Dos Santos se convirtió en el primer fotógrafo presidencial. Un trabajo riguroso de construcción de archivo, de documentación de cinco años de la historia de esa investidura y del presidente con perspectiva histórica. Esa perspectiva, el peso histórico de cada fotografía, es parte de la lucidez de su trabajo diario: “Estoy documentando un lapso de la historia de una investidura, como es la presidencia de la República, pero también soy consciente de que estoy retratando a una persona, al ser humano, a Yamandú”.
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Dos Santos conoce como nadie al presidente de la República. Lo conoce, naturalmente, como solo un fotógrafo puede conocer a quien se enmarca siempre dentro del visor de su cámara fotográfica. Un acercamiento diferente al de un asesor, un correligionario, un ciudadano o incluso una compañera de fórmula. Un acercamiento fotográfico. Conoce sus reacciones, sus charlas, sus escuchas, su forma de moverse, sus gestos, su sonrisa.
“Yamandú es una persona muy receptiva, cuando escucha, cuando habla, en el contacto con la gente. Eso es lo que veo a través del visor en el día a día. También es lo que más me gusta de mi trabajo: cuando hay mucha gente, cuando hay niños, cuando hay adolescentes, cuando hay ancianos, cuando llega una persona que plantea problemáticas o soluciones para su ciudad, su barrio, su pueblo. En ese intercambio surge lo humano del presidente”, dice.
Es un momento en el aire. Un pensamiento que cruzó por su mente a miles de kilómetros de altura. Había estado en La Paz un año antes, pero nunca imaginó que regresaría en las condiciones en las que lo estaba haciendo: en la cabina del avión Hércules de las Fuerzas Armadas junto al presidente, camino a la asunción de su par boliviano.
Dos Santos destaca la importancia del exhaustivo y minucioso proceso que le sigue a ese momento más o menos extraordinario: el procesamiento y el archivo de las imágenes. Asegurarse que, en uno, diez o treinta años, sea posible volver a ellas.
Pero esa construcción histórica no es exclusiva del fotógrafo que sigue los pasos del presidente. Es, entiende Dos Santos, parte intrínseca de la tarea fotográfica. “No puedo dejar de ver la tarea del fotógrafo como una persona que está documentando el tiempo en el que le tocó vivir. Vivimos bombardeados de imágenes en la era digital. En medio de todo ese ruido visual está el replanteo constante como fotógrafo de cómo me debo parar frente a los hechos que estoy retratando, tanto como reportero gráfico o como fotógrafo de boda, socialero. Estás documentando un momento de la historia y eso me parece muy importante”.
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La curiosidad estética y el desafío de hacer algo diferente en un presente bombardeado por imágenes que conlleva el ejercicio de la fotografía es un ejercicio cotidiano para él. Mira fotos constantemente y de todo tipo, pero no deja de preguntarse cómo influyen en su trabajo. “¿Qué es lo que te hace distinto? —es la pregunta que se repite—. Lo único que te salva es tu mirada”.
Yamandú Orsi señala algún punto por encima del horizonte. Mira con detenimiento el zigzagueante camino que traza la Gran Muralla China delante de sus ojos. Entonces, él aprieta el disparador. Y guarda un momento de la historia.