Eduardo Sacheri considera que escribir también es ser lector. Es una lectura más protagónica, más activa e interventora, pero en el fondo las experiencias se parecen, explica el escritor.
"Es una experiencia de catarsis y liberación, que la lectura me la da, pero menos", dice Sacheri, quien se define como un profesor de Historia que acabó escribiendo ficción por "accidente".
Dentro de ese aspecto "terapeútico" que le asigna a la escritura, considera que se ha dedicado a la creación de cuentos de fútbol por la necesidad de escribir de cosas de su vida, de sus propias interrogantes. El vínculo con el fútbol, asegura, viene de su niñez y de una experiencia práctica y emocional. "Práctica" porque le encanta jugar al fútbol y "emocional" porque, tras perder a su padre a los diez años, comprobó que su legado había sido el fanatismo por Independiente y los campeonatos compartidos, algo que de forma "consciente e inconsciente" también hace él con sus hijos.
Sacheri considera que el fútbol, como juego, refleja cosas de la vida. "El juego simboliza cosas profundas, como la vida, la muerte, la angustia y el deseo. El juego le da un cuerpo momentáneo y metafórico a eso, por eso nos exhibe. Hace emerger nuestras profundidades. Y el fútbol es un juego que reúne la condición comunitaria que lo hace comunicable", expresa el autor de Papeles en el viento, cuya adaptación cinematográfica fue estrenada este año.
El fútbol y haber escrito La pregunta de sus ojos, llevada al cine como El secreto de sus ojos, es para Sacheri, un arma de doble filo. Por un lado, le trajo más oportunidades de trabajo y sus libros llegaron a nuevos mercados, algo que espera que se repita con la versión de la película realizada en Hollywood que se estrenará este año. Pero, por otra parte considera que es un limitante. Al que le gusta su estilo o sus temas recurrentes no le va a atraer si escribe de otra cosa, mientras que, al que no le interesa, jamás lo va a leer porque lo encasilla en eso que lo lanzó a la fama internacional.
Los superlectores
"Nos ganamos un Oscar", le decía Sacheri a su esposa mientras miraban la transmisión de los premios de la Academia por televisión desde Buenos Aires. Más allá de la felicidad y la sorpresa por el triunfo de El secreto de sus ojos, Sacheri afirma que no estaba cumpliendo un sueño, porque no se considera ni se siente una persona del cine.
Y sin embargo, varios directores le han dicho que sus historias tienen algo cinematográfico, que las hace fácil de adaptar, como ya ha sucedido con La pregunta de sus ojos y Papeles en el viento.
"El director de una película es un superlector que procesa y resignifica, pero además de eso, genera una película, devuelve un producto todavía más grande y ambicioso que el original. En el fondo, una película que se basa en un libro es un acto de lectura", dice Sacheri.
El argentino intenta no pensar en las causas de esta cualidad visual de sus novelas. No obstante, sí considera que cuando un libro se centra en contar una historia, con personajes a los que les suceden cosas, se hace más fácil adaptarlo al cine que cuando el texto se enfoca en los procesos mentales de los protagonistas.
El historiador convertido en escritor trabaja también como guionista, pero siempre a pedido. El impulso tiene que salir del director. Al momento de adaptar las historias, considera que hay que "destilar el libro y tomar los elementos esenciales que lo hacen como es". Así, al llevarlo a otro lenguaje, mantiene su "aroma".
"Hay quienes consideran que de un libro a una película no tiene que haber una referencia fuerte o respetar una esencia. Yo no pertenezco a ese grupo, yo soy más conservador", dice, y vuelve sobre un personaje ya mencionado: "Voy con mi mirada de lector y quiero que el lector encuentre ciertas referencias en la adaptación".
Más allá de no considerarse un hombre del cine, Sacheri tiene ahora una relación más cercana con este medio. Actualmente está trabajando en una novela, pero también en el guion de una serie de televisión chilena y discute un nuevo proyecto fílmico junto a Juan José Campanella. El argentino es el director de El secreto de sus ojos y la animación Metegol, ambos textos creados junto con Sacheri.
Sobre la relación entre ambos medios, considera que no es una relación imprescindible, que a veces es fecunda y a veces es un fracaso, cuando no queda claro el objetivo del cineasta. "No es lo mismo inspirarse que adaptar", dice.
Un docente moderno
En la cuenta de Twitter de Sacheri se ven de vez en cuando mensajes destinados a sus alumnos de historia de bachillerato. "La educación requiere una carga afectiva muy fuerte y me da la impresión de que una de las grandes dificultades de los pibes de hoy es que están sumidos en una fuerte soledad disfrazada de independencia y la mirada cuidadosa del adulto es algo valioso para ellos", dice el escritor.
Y agrega: "Entonces, si se encuentran con un tuit que los incita a estudiar, a alguno le puede servir", se explica el escritor.
El otro secreto
Eduardo Sacheri leyó el guión y vio el trailer de la versión estadounidense de la película basada en su libro y le pareció "muy diferente, aunque hay puntos de contacto". El escritor consideró esto como algo positivo y una necesidad de la adaptación. "Deseo que hagan una buena película", manifestó, aunque auguró que tanto en Argentina como en Uruguay tendrá la dificultad de que será comparada con la versión original.
Lo mejor
La pregunta de sus ojos
$ 320
Durante la dictadura militar argentina de los 1970, un funcionario judicial intenta resolver un asesinato, a la vez que lo analiza, 30 años después. Adaptada al cine como la oscarizada El secreto de sus ojos.
La vida que pensamos
$ 460
Se trata de una recopilación de cuentos de fútbol, con situaciones que pasan dentro y fuera de la cancha. Historias comunes de gente común, pero con una profundidad universal y que asocian al deporte con la vida.
Papeles en el viento
$ 350
Un hombre muere y su hermano junto a sus dos mejores amigos descubren que la herencia para su hija fue invertida en un desastroso futbolista del ascenso, al que deberán vender como sea para recuperar el dinero.