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La mística se volvió mainstream: el auge del tarot como herramienta de autoconocimiento

El juego de cartas que se convirtió en una herramienta de adivinación ahora se resignifica como una alternativa terapéutica sobre el impulso pospandémico

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18 de diciembre de 2021 a las 05:02

Un retazo de papel ondea con la agitación del viento. Intenta escapar de la asfixia de la cinta adhesiva que lo mantiene pegado a la columna del semáforo en una esquina del Centro de Montevideo. Está ahí: entre un aviso de clases de guitarra y un cartelito que promociona una habitación de alquiler por seis mil pesos. El anuncio apenas se adivina: TAROT. Así, en letras mayúsculas de un azul quemado por el sol sobre una hilera de flecos con números de teléfono; alternados por espacios vacíos, pedacitos de papel que habrán terminado en algún bolsillo, contra el cordón de alguna vereda y quizás alguno cumplió su cometido y un teléfono sonó en alguna parte de la ciudad.

La historia del Tarot se remonta a las primeras décadas del siglo XIII, cuando los mercaderes europeos se embarcaron en la ruta de la seda y trajeron con ellos el primer mazo de cartas conocido en Occidente desde el continente asiático.

Hacia finales del siglo XIV o comienzos del XV se incorporaron a la baraja de naipes con 56 cartas numeradas de copas, oros, espadas y nuevas figuras llamadas "triunfos”, que representaban arquetipos de la mitología. De esta forma nació un nuevo juego en Italia: el Tarocco. De hecho, según una publicación del Museo Metropolitano de Arte, los primeros registros de una baraja de Tarot se remontan a las décadas de 1440 y 1450 en la zona de las ciudades del norte de Venecia, Milán, Florencia y Urbino. Sin embargo, los especialistas reconocen que es probable que haya comenzado a evolucionar a principios de siglo.

Tarot del Marsella

Desde su aparición, las cartas han representado la jerarquía social e intereses de cada época. Y lo siguen haciendo hasta la actualidad. Uno de los mazos de cartas que sobreviven desde mediados del siglo XV fue encargado para Filippo Visconti, duque de Milán, antes de su muerte en 1447; se trata de una serie piezas con grabados en oro que están desperdigadas por museos y colecciones privadas.

Pero la historia no termina allí. A comienzos de 1900 se encontraron cartas del siglo XV con el típico diseño del Tarot marsellés en una excavación en Milán. Algo que reforzó la teoría de que el Tarot en realidad nació en la ciudad francesa de Marsella.

Mirar hacia adentro

“La mejor opción para salir de dudas. Consulte su futuro”, rezaba el folleto del semáforo que ondeaba en 18 de Julio y Convención. Es que durante años el tarot se asoció especialmente a la adivinación. En cambio, hay otra corriente que se está imponiendo entre las nuevas generaciones, que implica revalorizar el uso más lúdico de los naipes y dejar de buscar predecir el futuro para enfocarse en el conocimiento del presente. 

La tarotista Lucía Salsamendi afirma que a través del Tarot se pude buscar un encuentro personal. "Se busca algo de clarificación, como si pudiéramos ver en las cartas con esos dibujos que se nos ponen arriba de la mesa parte de lo que estamos viviendo, parte de lo que podemos llegar a vivir y parte de lo que ya vivimos”. Lo compara con un mapa que se despliega sobre la mesa, se observa, se interpreta y se conversa. “No soy muy afín al Tarot predictivo sino que trabajo más el tarot terapéutico. La gente lo que busca básicamente es una guía”, sostiene.

Lua Franco, creadora y directora de Corazón del sur, también utiliza el Tarot como una herramienta de autoconocimiento. “Me gusta decir que accede al inconsciente de la persona, a esa parte no visible, lo que está más oculto o más en sombra. Hay gente que dice que la carta es como una llave que abre un portal a una información que está en algún lado”.

Ambas descreen de la suerte y un futuro marcado por el destino, y más bien se inclinan hacia la idea de que cada uno es el arquitecto de su propia vida. “En el camino de autoconocimiento, sea a través de la astrología, del Tarot, de la terapia, las plantas medicinales, uno entiende más la fuente de por qué le está pasando lo que le está pasando”, señala Franco.

Las dos notan además un interés renovado por el Tarot. Una conjunción de una moda, un posicionamiento mainstream y una necesidad real de mirar hacia adentro e impulsar un cambio profundo después del paso de una pandemia mundial.  "Con el tema de la pandemia tuvimos mucho más tiempo para estar con uno mismo y mucho menos ruido de afuera. Ahora también, más allá de la moda, hay una necesidad de hacer un cambio. Todo nos llevó a cuestionarnos muchas cosas sobre la vida y la muerte. Cuestionamientos que invitaron a las personas al mundo de la espiritualidad y el autoconocimiento", cuenta Franco.

Este camino de autoconocimiento siempre estuvo, pero convivía con las líneas 0800-Tarot y los programas televisivos de trasnoche. "Tal vez circulaba mucho más lo adivinatorio, la bruja, el turbante y la bola de cristal. Ahora hay un auge diferente. Me parece que ese volantazo es de las generaciones más jóvenes", dice. Una resignificación de un arte renacentista en pleno siglo XXI. Demás está decir que los folletos, como el que sobrevive en medio de la ciudad, son parte de ese testimonio de lo oculto. Ahora el Tarot está en las redes sociales, en el arte, en la moda, en la vida cotidiana. 

Para Salsamendi es propio de la naturaleza del Tarot. "Hoy en día como todo a nivel globalizado se vuelve mainstream, esto también se volvió mainstream. Pero creo que hubo una necesidad. El 2020 generó un cambio en el que la gente estuvo obligada a estar encerrada, tuvo que conocerse a sí misma y a las personas que tenía alrededor, y se dio cuenta de que necesitaba un montón de respuestas y que la vorágine en la que vivimos no nos permite siquiera pararnos a preguntar". 

El "boom" tiene como epicentro, según la tarotista, a los uruguayos en sus 30 y advierte que el creciente interés es una arma de doble filo: aumenta las posibilidades de exponerse al engaño.

Los juegos de cartas fueron mal vistos desde el comienzo. Un decreto de París del 22 de enero de 1397 decía que los trabajadores no podrían jugar cartas, entre otras formas de entretenimiento, en los días de trabajo. En cambio, los nobles encargaban marzos artesanales para sus colecciones personales. Vale recordar también el fenómeno de quema de brujas, que entre el siglo XV y el XVII miles de mujeres fueron ejecutadas por practicar “brujería”. Los siglos se sucedieron, y el estigma sobre el mundo esotérico encontró la forma de arraigarse en las sociedades occidentales. 

Ahora, considera la directora de Corazón del Sur, hay una apertura diferente hacia el Tarot, la astrología y las terapias alternativas. "Hay lugar a que se pueda volver a esto y no estés loca ni seas una bruja", señala.

Las cartas están echadas

La idea de la tarotista como una mujer que heredó un don misterioso y tira las cartas frente a una una bola de cristal ya pasó de moda. Franco explica que cualquier persona puede aprender a leer Tarot, porque se trata simplemente de un lenguaje de símbolos: “se aprende así como se aprende un idioma”.

"Si no sabés nada de Tarot y yo te muestro una carta, vas a ver algo. Es un lenguaje pictórico, que cualquier persona puede aprender a leer. Hay una parte que es estudiar y tomar clases teóricas, pero también hay otra que es práctica y tiene que ver con la intuición. También es importante saber que lo que me viene a mí es diferente a lo que le viene a otra persona. No es que una esté bien y otra esté mal. Hay muchas maneras de leer, lo importante es tener una base teórica pero también practicar para poder desarrollar cada vez más la intuición", explica.

El Tarot se estudia y se entrena la intuición



Salsamendi coincide: “Todos podemos introducirnos en el Tarot”. Considera que el nivel de profundidad de la lectura depende de la capacidad de la persona para entregarse al hecho de que hay cosas que no se explican mediante la lógica. “No es algo que esté hecho para unos pocos ni mucho menos. Creo que depende de qué tan sensible sea el lector o cuán profunda va a ser la lectura que hace. Pero más allá de eso, todos podemos", apunta.

"Las figuras, los elementos, los colores: todo nos genera sensaciones, emociones o recuerdos. El tema es estar lo suficientemente abiertos a que la carta no te va a decir solo lo que ves; tenés que abrirte un poco más y ver qué es lo que tu cabeza te está diciendo, para poder discernir qué cosas podrían ser tuyas y qué cosas no. Eso sí se entrena", señala Salsamendi.

El método 

Lua saca una carta: La Papisa. Interpreta de ella lo que le puede estar pasando en este momento a su interlocutora. Saca una segunda para buscar un consejo: La Luna. Se fija en los colores, en los detalles, en las figuras. Las relaciona. Ayuda a observar. Las cartas tienen mensajes que se develan a quien las lee. Y, según explica, todos tienen una forma diferente de mirar, por lo que la lectura de las mismas cartas podría variar de intérprete a intérprete.

Repasemos algunos conceptos básicos. En total hay 78 cartas: 22 arcanos mayores y 56 arcanos menores. A su vez se manejan cuatro energías: la energía de los bastos que es la energía del fuego, la energía de los oros que es la energía de la tierra, la energía de las espadas que es el aire y la energía de las copas que es el agua. 

 

Una persona puede llegar a una consulta con una inquietud particular, una pregunta precisa, y hay determinados modelos básicos para disponer y leer las cartas, pero todo se puede ir modificando en el encuentro con el consultante. "El Tarot te va hablando si estás abierto a escuchar lo que dice", dice Franco.

William Pooley, profesor de Historia Moderna Europea de la Universidad de Bristol, indicó en un artículo de The Conversation que muchos de los problemas que el Tarot solía abordar en sus inicios siguen siendo familiares en la actualidad: la salud, emprendimientos laborales o cuestiones del corazón.

Los arcanos mayores hacen el viaje del héroe, que empieza con la primera carta que es El Loco y termina con la carta 21 que es El Mundo. "Estas 22 cartas son arquetipos que habitan en nosotros, entonces es entender que un día estoy como El Loco, que quiero irme de viaje y no tener ninguna responsabilidad. De repente otro día estoy como la carta de La Justicia, super mental, y otro día estoy Emperatriz, que es la gozadora del Tarot, y otro día estoy re Ermitaño, que es como el cierre de ciclo y el duelo”, explica Franco, y señala que todos esos arquetipos conviven en una danza interna.

Arcano sin nombre

El Tarot no remplaza la terapia. "Es como una guía, así como una carta astral. Es como un mapa que tiene una brújula que te va abriendo el camino pero de ahí trae un montón de información y después la persona tiene que hacer algo con eso", señala la directora de Corazón del Sur. El Tarot ilumina un camino, pero queda a disposición del consultante la decisión de actuar en consecuencia. En este sentido, Salsamendi pone una alerta: "el rol del tarotista no puede ser nunca decirle a la persona qué es lo que tiene que hacer".

“El lector de Tarot no quiere decir que sea vidente, ni que sea médium, ni que vea el futuro. No somos Nostradamus. Me parece que es importante decirlo porque la gente va con tantas expectativas a una lectura que a veces se va frustrado porque el tarotista no le dijo su futuro. Creo que es importante pensar en por qué queremos saber tanto del futuro”, advierte Salsamendi.

Franco sostiene también que no hay que olvidar el componente lúdico del Tarot. Al fin y al cabo todo empezó como un juego. "Habilita espacios de profundidad pero también tiene toda una parte pictórica, lúdica, a veces no sabés nada de Tarot pero agarrás las cartas y algo vas a decir".

Eso que durante años siempre fue tan misterioso, que se recomendaba en voz baja, que no se contaba fuera del círculo familiar, ahora salió a la luz. Y está en todos lados. El Tarot encontró un lugar privilegiado en el mundo pospandémico de hoy.

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