8 de marzo 2024 - 5:01hs

Para un país de 3,4 millones de habitantes la inserción internacional es cosa seria. Y, puntualmente, la apertura de mercados se ha convertido en un capítulo de redundante frustración cuando de nuevos acuerdos comerciales se ha tratado, se mire el gobierno que se mire, sin distinción de color. Parece que Uruguay, en buena medida, se quedó en el tiempo mientras corre el reloj de la integración global. 

Entendámonos, hablar de inserción internacional no solo implica comercio. Hay factores cuantitativos y cualitativos: pesa tener una voz respetable en ámbitos internacionales, ser considerando un socio estratégico en las negociaciones o un país creíble y estable que atraiga inversiones. Eso no está en duda. En esta nueva entrega de “En Suma” te propongo pasar raya a los principales objetivos comerciales que se propuso esta administración, identificar en qué se avanzó y pensar qué alternativas quedan por delante. 

Seamos francos, las expectativas eran altas: la flexibilización de las condiciones del Mercosur para que Uruguay pueda cerrar acuerdos bilaterales sin que el bloque regional le pise los callos; un Tratado de Libre Comercio (TLC) con China, uno de los principales clientes del país; y un Acuerdo de Asociación Unión Europea-Mercosur, con componentes de diálogo político, cooperación y comercio que se negocia hace 24 años.

Pese a la proactividad de esta administración en poner los temas arriba de la mesa, trabajarlos, avanzar en un acuerdo de prefactibilidad con el gigante asiático y patearle el tablero a la Argentina de Alberto Fernández reclamando dinamizar el bloque regional, la expectativa y la realidad, al día de hoy, no conectan sus puntas. Queda sabor a poco.

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“¿El gobierno intentó? Sí. ¿Lo logró? No. Porque en el fondo Uruguay no tiene un manejo totalmente independiente de su política comercial”, me dijo el director del Instituto de Negocios Internacionales de la UCU, Ignacio Bartesaghi, en referencia a las trabas que imponen los vecinos: “No podés avanzar bilateralmente porque no resolviste tu pertenencia al Mercosur”.

Y la posibilidad de que ese camino se destrabe en los 359 días que le quedan a este gobierno es limitada, inclusive con la llegada de Javier Milei a la presidencia argentina, porque el Brasil de Inácio Lula Da Silva ya no ofrece el beneplácito de Jair Bolsonaro en la negociación bilateral con China. Es público: la administración de Fernández primero y la de Lula después le bajaron el pulgar al deseado TLC y China se corrió del lío entre los sudamericanos. Además, Paraguay tiene relaciones diplomáticas con Taiwán. 

Amén de los motivos y la incidencia de los factores internos y/o externos, no hay medias tintas: el TLC no salió. Pero es cierto, se obtuvieron otras cosas: Uruguay firmó con China 24 acuerdos con alcance arancelario y fitosanitario que redundarían en mayores colocaciones y menos erogaciones, así como un salto de su categoría al de “asociación estratégica integral”, lo que puede repercutir en inversiones, más cooperación y la esperanza aún lejana del TLC.

En ese punto hace énfasis el vicecanciller de Uruguay, Nicolás Albertoni: “La concreción de acuerdos es la vedette, pero no es menor cuánto hizo el país para tratar de alcanzar ese horizonte (…) Parte de lo concretado es habernos acercado a esos objetivos trazados. Este gobierno se propuso estar más cerca de China ¿Estamos o no estamos? Estamos”.

Los astros tampoco se alinearon en las negociaciones bloque a bloque entre la Unión Europea y el Mercosur. Una ventana se abrió cuando se imprimió mayor velocidad a las conversaciones en 2023 y parecía que los socios más rebeldes -de un lado y otro del océano- estaban a punto de darse la mano, pero entonces Brasil puso un pie atrás ante las “imposiciones” medioambientales y ahora Francia vuelve a tirar del freno de mano mientras atiende los históricos reclamos de sus productores agrícolas. 

A esto se suma el calendario electoral de los parlamentarios europeos, que cierra cualquier chance en el corto plazo. Lamentablemente es una crónica en deja vù. Académicos, funcionarios y empresarios coinciden en que aquí Uruguay no tiene más opción que esperar. La cancillería hizo los deberes para poner la firma, pero está atada de manos. 

Hoy un frente de negociación es el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (CPTPP): Uruguay es candidato y se encuentra en cuarto lugar en una lista “de espera” donde lo anteceden China, Taiwán y Costa Rica, país que está próximo a ingresar. De concretarse esto, sería una buena señal ya que abriría la posibilidad de que el acceso de Uruguay se anticipe, considerando los problemas geopolíticos de los otros dos candidatos.

“Sería poner el bochín un poquito más cerca. Sabemos que es un camino difícil, pero si Costa Rica se concreta, lo vemos como un elemento positivo”, dijo Albertoni, que sostuvo que las conversaciones por este asunto son de frecuencia semanal.

Mercosur: la piedra en el zapato

El orden parece claro: para abrirse camino a lo nuevo primero hay que resolver los viejos asuntos. Las condiciones en que funciona el Mercosur y los impedimentos para transitar alternativas laterales condicionan el resto del mapa de posibilidades. Bartesaghi insiste en el tema: “Uruguay tiene escasísimo margen de acción para abrir mercados porque no quiere dar la discusión de fondo que es el Mercosur”.

En el gobierno saben que la cuestión tarde o temprano deberá plantearse, aunque no es una alternativa abandonar el vecindario de un portazo porque muchas exportadoras uruguayas tienen al Mercosur como cliente. Bartesaghi aclara que la discusión no es “blanco o negro” y que el camino no es irse del bloque y perder las preferencias, sino apelar a un mecanismo previsto en la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) que ofrezca garantías. 

Mientras el analista sostiene que se impone es una “mentalidad el status quo” donde “nadie quiere hacer olas o dar discusiones profundas”, Albertoni afirma que la toma de decisiones tiene que ser con “todo el panel de control a la vista” y que “la diplomacia no es para ansiosos”.

El Ministerio de Relaciones Exteriores defiende lo actuado y subraya otros logros que se obtuvieron en esta administración, como el acuerdo de zonas francas con Brasil o el dragado de 14 metros del Puerto de Montevideo, que lo posicionará como una alternativa más conveniente en la región. “Hubo una concreción que por años no se cerraba. Esto es un paso más en el camino hacia la apertura del mundo”, dijo Albertoni, que calificó el dragado como un logro “irrefutable”. 
Uruguay también tiene la posibilidad de sumarse como país piloto al acuerdo comercial entre Estados Unidos, Canadá y México (ex NAFTA), lo que podría materializarse en 2026. En Estados Unidos el proyecto de ley que allanaría el camino para profundizar los lazos comerciales y estratégicos ingresó el miércoles al parlamento. 

Asimismo, Uruguay es candidato para sumarse al sistema de preferencias comerciales unilaterales de Estados Unidos con los países de la Cuenca del Caribe (CBERA) y podría recibir el beneficio del programa de visas para que los uruguayos sean exentos de tramitarla para ingresar al país norteño.
Un cambio de impronta

Albertoni dice que Uruguay tiene una “excelente diplomacia” pero reconoce que “le faltaba músculo en la negociación bilateral” y asegura que este gobierno cambió la pisada, inclusive en un escenario de pandemia y con conflictos internacionales que afectaron la agenda y le sumaron incertidumbre.  
“Capaz que me decís ´no obtuviste la medalla´. Bien, pero fue un partido en el que llovió torrencialmente, en el camino se apagaron las luces, los otros jugaron fuerte. Saliste segundo, tercero o cuarto, pero diste la pelea (…) Sería poco realista negar que este gobierno cambió la impronta”, dijo el subsecretario. 
Pero ante la vara de los objetivos planteados, la inserción internacional sigue siendo un “puede y debe rendir más”. Tanto el ámbito empresarial, como académico y político reclaman una estrategia nacional que no depende del gobierno de turno y que sea transversal a los distintos actores y sectores, tanto de bienes como de servicios. ¿Qué más podrá materializarse en esta administración? ¿Y qué proponen quienes competirán en la carrera electoral para asumir en marzo de 2025? Por ahora, el tema ni se asomó en la agenda de los precandidatos. ¿Lo hará? 
 

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