El lunes pasado se conocieron los resultados de los premios Pulitzer, los galardones que reconocen los trabajos más destacados de periodistas y artistas en diferentes categorías de la creatividad en Estados Unidos. Por supuesto que el New York Times y el Washington Post, los dos grandes del papel en ese país, ganaron varios de los premios.
Pero quiero destacar el premio en la categoría Reportaje de último momento (Breaking news reporting, en su denominación original), que le correspondió al Seattle Times, de esa ciudad del noroeste sobre la costa del Pacífico, casi lindera con Canadá.
El premio para este diario de dimensiones “pequeñas” para el mercado estadounidense (tiene un tiraje promedio de 230 mil ejemplares) y que se consigue en Seattle y algunas localidades del estado de Washington, le correspondió por la cobertura que realizó de un desastre natural que ocurrió en marzo de 2014, cerca en una localidad llamada Oso.
Allí la ladera de una colina se desplazó por las intensas lluvias y produjo un movimiento de tierra, barro, malezas y troncos de árboles, a una velocidad de casi 100 kilómetros por hora, que arrasó con una pequeña localidad ubicada a los pies de esas colinas y produjo la muerte directa de 43 personas.
Los periodistas del Seattle Times se trasladaron hasta el lugar de los hechos y comenzaron la tarea de hormiga para tratar de “reconstruir” en su máxima complejidad lo que había sucedido en Oso.
Los primeros reportes intentaron explicar los hechos concretos: qué había sucedido exactamente, de quién era la responsabilidad, si es que había alguna a nivel humano, cómo habían sido las tareas de rescate y de búsqueda de posibles sobrevivientes. Pero luego, a medida que pasaban los días, la cobertura del diario fue volviéndose más fina y certera.
A través de la página web se reconstruyó la tragedia con una animación, mientras que mapas y gráficos ayudaron a comprender la naturaleza y dimensión del fenómeno, al tiempo que entrevistas con los protagonistas de la comunidad y con testigos de los hechos completaron partes de la historia.
Pero, por si todo esto fuera poco, donde realmente los cronistas del Seattle Times brillaron fue en las historias de las víctimas, las que no pudieron contar en primera persona el final trágico de sus vidas.
La página web del Seattle Times, aprovechando la premiación, ofrece una muy completa recopilación de todas las notas que se publicaron a lo largo de marzo y abril de 2014.
Un botón basta de muestra. Por ejemplo, nos enteramos de la anécdota de la enfermera Amanda Lennick, de 31 años, que se había comprado una casa muy cerca del río Stillaguamish, a metros de donde se produjo el desplazamiento.
El día de la tragedia, un sábado, la enfermera había llamado a un electricista, un plomero (todavía no tenía agua caliente) y un técnico para que le colocara una antena para ver televisión. Las cuatro personas fueron borradas de la faz de la tierra por el lodo de la ladera de la colina.
El electricista, de 66 años, era veterano de Vietnam y se estaba por jubilar. Había llamado a un plomero amigo, que hacía changas los fines de semana, porque no estaba fijo en su compañía. A través de los testimonios de los compañeros del hospital donde trabajaba la enfermera, la crónica cuenta que Amanda se dedicaba a controlar que los médicos hubieran diagnosticado correctamente a los pacientes.
Mientras esperaba a tener agua caliente, se duchaba en lo de una compañera, a quien le confesó que había encontrado un hombre de quien se había enamorado.
Todo este drama está contado por los periodistas, quienes además investigaron que había ocurrido un evento similar en 2006 y no se podía construir en esa zona.
La editora jefa del Seattle Times, Kathy Best, declaró que estaban muy contentos por el premio a pesar de la tristeza por las 43 vidas perdidas. “Tuvimos que hacer preguntas duras para sacar las mejores historias”, confesó Best.