Aunque esté harto de hablar de la crisis que asuela Grecia desde hace casi una década, el escritor de novelas policiales Petros Márkaris reconoce que la situación lo favorece: sigue escribiendo novelas y estas se venden como pan caliente.
Márkaris estuvo un par de días en Montevideo. Su llegada se conectó con el tino y el timing de la Fundación María Tsakos, que, aprovechando su presencia en la capital argentina por el festival Buenos Aires Negra de novela policial, lo hizo cruzar el charco.
Presentó una conferencia titulada El escritor y sus ciudades (ver recuadro)en esa fundación de origen griego y recibió a El Observador para conversar sobre su obra, su vocación y sobre las sucesivas decisiones tan influyentes que ha tomado a lo largo de su vida.
Lo irónico del asunto es que Márkaris reconoce que esas decisiones siempre fueron erróneas, aunque sus consecuencias hayan sido positivas.
“¡Me equivoqué en todo y me ha ido bárbaro! ¿Para qué sirven las decisiones correctas?”, se pregunta Márkaris, con un dejo claramente irónico. “No es lo más común extraer éxito de la vida por decisiones no queridas, conseguir cosas por hechos no deseados”, agrega el autor, que hoy tiene 77 años de edad, es viudo y tiene una hija, que no se llama Katerina, como la hija del comisario Jaritos, su máxima creación literaria.
“Si ni siquiera quería escribir novelas”, dice Márkaris mientras toma una taza de café y mira hacia más allá del horizonte, con un ojo sano y uno blancuzco y perdido detrás de sus lentes pequeños. Pero, de nuevo, una mala decisión lo catapultó al éxito. Habría que inventar una palabra concreta para definir el sino de Márkaris. ¿En vez del “tiro por la culata” sería el “tiro por el caño”, pero sin haber apretado el gatillo? Algo así.
Cuando a mediados de los años de 1960 se decidió a escribir, Márkaris tuvo una vida como dramaturgo, luego fue colaborador y guionista de varias películas de Theo Angelopoulos y, hacia principios de la década de 1990, guionó una serie de televisión llamada Anatomía de un crimen.
Pero realmente saltó a la fama cuando en 1995 publicó Noticias de la noche, la primera novela de la serie del comisario Kostas Jaritos, un policía honesto y con personalidad que disfruta y sufre Atenas al mismo tiempo, casado con Adrianí, hábil cocinera y dueña de un sentido común que influye sobre su marido, y padre de Katerina, una joven que con el tiempo se hace psicóloga.
A partir de allí, Márkaris publicó nueve libros más sobre casos de Jaritos, con un orden cronológico que permite acompañar la vida del comisario y la de la época contemporánea en Atenas y en Grecia.
Como antagonistas del trabajo de Jaritos, en cada novela aparecen muertos o enredados en ilícitos una camada de empresarios que ganan licitaciones y obtienen contratos estatales, y que provienen de un pasado de militancia en grupos de izquierda.
“Esta generación se benefició mucho del poder. La corrupción está muy extendida en Grecia. Tiene que ver con muchos aspectos de la vida cotidiana de mi país”, dice Márkaris.
En paralelo con el crecimiento de Márkaris, surgieron una serie de autores de sagas policiales que se ambientaron fuera del perfil clásico de las ciudades de Estados Unidos.
Manuel Vázquez Montalbán en Barcelona, Andrea Camilleri en Sicilia, Henning Mankell en el sur de Suecia o Leonardo Padura en La Habana forman parte de este policial renovador, del cual Márkaris es un exponente fundamental. Sus últimas tres novelas, de las que se acaba de publicar Pan, educación, libertad, se denominan “la trilogía de la crisis” y Jaritos y su familia debe lidiar con la falta de sueldos y la pesadumbre social.
A pesar de que el escritor vive en Atenas en el barrio de Kypseli, un populoso distrito céntrico, una férrea rutina lo hace escribir la mayor parte del día. En medio de ese caos que es Atenas, Márkaris construye su refugio y escribe. No puede dejar de vivir en la ciudad, pero debe aislarse. “Un escritor que se precie de sí debe aceptar la soledad. Un escritor está solo. Es diferente a trabajar en cine o en teatro, donde se trabaja en grupo. Esto es solo tú y la página”, concluyó Márkaris.