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La política de estado para que los chinos tomen mate con bombilla

La visita del canciller Wang Yi esta semana fue mejor de lo esperado

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27 de enero de 2018 a las 05:00

Jorge Batlle acomodó la bombilla adentro del mate y juntó los labios para mostrarle a su contraparte china como es que se hacía para que ese dispositivo funcionara. En aquel octubre del 2002 la yerba mate no era totalmente desconocida para los chinos que, aunque nada sabían sobre ese tubito de metal, bebían la infusión volcada en un vaso con agua caliente. Y lo siguen haciendo cada vez más.

La imagen del expresidente uruguayo y sus mímicas explicativas provocaron risas entre quienes miraban un video preparado por la embajada de China en Uruguay el miércoles pasado en kibón, cuando el canciller Rodolfo Nin Novoa y su par chino de visita en el país, Wang Yi, brindaron por el inicio de las celebraciones de los 30 años del establecimiento de las relaciones diplomáticas de ambos países.

El video mostró la visita al gigante asiático de cada uno de los presidentes uruguayos que les tocó gobernar desde el establecimiento de las relaciones, el 3 de febrero de 1988. También documentó algunas visitas de autoridades chinas a Montevideo en eso años. Y al final solo una palabra: "gracias"
.
Esa sucesión de imágenes hablaba por sí mismo. Con ninguna de las otras potencias mundiales se dio el caso de repetir una visita de estado en cada nueva administración, desde la vuelta de la democracia.

Esa continuidad es el rasgo que más destacan lo chinos. Es lo que el video significaba y lo que el canciller chino había puesto de manifiesto horas antes durante una conferencia de prensa conjunta en el Palacio Santos, donde subrayó la "alta estabilidad" como la característica más destacada de las relaciones sino-uruguayas.

"Quiero expresar nuestro agradecimiento a todos los presidentes y líderes de diferentes generaciones de Uruguay por sus excelentes aportes a las relaciones", dijo.

En la celebración en Kibón estaban dos de esos expresidentes: Julio María Sanguinetti y José Mujica.

Fue durante la primera presidencia de Sanguinetti que los dos países formalizaron la relación, 17 años después del voto en Naciones Unidas que admitió la representación de la República Popular de China y excluyó a la República Nacionalista de China (Taiwán).

El reconocimiento uruguayo fue tardío y luego que la inmensa mayoría de los países del sistema se hubieran volcado por Pekín en vez de Taipei. En Nueva York, en Buenos Aires, en Brasilia y en Santiago de Chile las representaciones diplomáticas chinas se habían acercado a sus pares uruguayos que, al pedir instrucciones a Montevideo, siempre se habían encontrado con la negativa de la dictadura. El lobby taiwanés era tan insistente como potente.

Pero el gobierno chino fue paciente –¿cuándo no?– y a base de un intercambio comercial creciente con visitas de delegaciones incluidas se fue abriendo la puerta para que en la sede de Naciones Unidas se asumiera el compromiso que se había negociado durante meses de forma secreta en Buenos Aires.

Desde ese punto en adelante todo fue en subida para la relación bilateral. Y por eso no resultó extraño que Wang Yi y Nin Novoa se hayan llamado "amigo" frente a todos los que estaban en ese acto en Kibón.

El canciller chino –quien fue condecorado por Nin– honró esa amistad demostrando un interés genuino que va más allá de las palabras. Fue él quien pidió para visitar la Fortaleza del Cerro para conocer más del país y su historia. Wang fue recibido por el comandante en jefe del Ejército, Guido Manini Ríos, con quien dialogaron sobre el rol de Uruguay en las misiones de paz de Naciones Unidas.

Desde el cerro de Montevideo, el jefe de la diplomacia china miró la bahía a la que, en conversación con el presidente Tabaré Vázquez, le asignó tanta importancia como la puerta de ingreso de su país en esta región del Atlántico Sur.

En sus dichos, tanto a puertas cerradas como en público, Wang fue mucho más profundo de lo que la diplomacia uruguaya podía suponer. Fue quirúrgico para decir que su país es defensor del libre comercio y que con Uruguay le interesa avanzar de forma bilateral o con todo el Mercosur.

"La pelota está en nuestra cancha", comentó una fuente de la cancillería a El Observador. Esa interpretación es dominante: el gobierno uruguayo tiene que decidir si recoge el guante y se aventura a una negociación bilateral (a esta altura es innecesario explicar porque no puede esperar por el Mercosur).

La apuesta china es nítidia. Ellos ya planificaron los próximos 30 años de relación. Es probable que para ese entonces ya estén usando bombilla para el mate.

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