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La primavera se demora para el agro uruguayo

La mayoría de los sectores atraviesa una coyuntura adversa y la luz al final del túnel se hace desear

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06 de septiembre de 2018 a las 05:04

La 113 edición de la Expo Prado encuentra al grueso de los sectores del agro con el viento de frente, números en rojos para varias explotaciones de la lechería, el arroz y rubros de la agricultura golpeados por la pésima zafra de verano. Solo la forestación muestra otra cara. Ese diagnóstico y preocupación seguramente sea el eje central del intercambio que la Asociación Rural (ARU) mantendrá la próxima semana en el tradicional almuerzo con el equipo económico de gobierno y que quedará estampada en el discurso de cierre a cargo de su presidente saliente Pablo Zerbino. 

Además de una coyuntura interna adversa por la pérdida de competitividad que ha derivado en el cierre de empresas y retracción en la contratación de mano de obra en la cadena agroindustrial, las gremiales agropecuarias están enfrentadas con el gobierno por las pautas salariales que fijó para negociar los convenios colectivos del sector. Fue así que los delegados de los productores patearon el tablero y se retiraron de las mesas de negociación de Ministerio de Trabajo.

Finalmente, en el frente externo el clima está enrarecido. A las complicaciones que atraviesan los socios y vecinos (Argentina y Brasil) se suma el enfrentamiento que EEUU –bajo la batuta de Donald Trump– ha desatado con potencia como China, cuyo final es aun incierto para la mayoría de los expertos. 

El arroz pone reversa y se repliega 

El sector del arroz está calentando los motores para iniciar la siembra para el ejercicio 2018/19 con una perspectiva claramente adversa. Hace una semana la industria arrocera Samman cerró dos plantas en la ciudad de Río Branco (Cerro Largo). En tanto, espera que el cereal ocupe en su próxima zafra –que comenzará en aproximadamente dos semanas– la menor superficie de los últimos 25 años, con una caída del 30% en la intención de siembra (a unas 135 mil hectáreas).  Pese a que Uruguay es uno de los líderes en productividad a nivel mundial, los crecientes costos del cultivo encadenan ya cinco campañas consecutivas con números rojos.

Muchos productores han abandonado el sector, mientras que los que se quedan se preguntan cómo será el futuro de un sector en el que una parte mayoritaria de la producción se realiza  arrendando tierra y agua y con escasas alternativas productivas.

Nos ingresa menos dinero de lo que nos cuesta hacer una hectárea de arroz”, había dicho a El Observador el presidente de la Asociación de Cultivadores de Arroz, Alfredo Lago.

El ingeniero agrónomo e integrante de la consultora Apeo, Ignacio Buffa, indicó que esta reducción en el área a sembrarse, por su efecto dinamizador de los campos y naturaleza, afectará la inversión de las economías regionales del país (si se toma un costo de US$ 1.900 por ha) hasta en US$ 63 millones. 

La lechería bajo un panorama sombrío

La cadena lechera viene de una tormenta que parece no tener fin. Los mercados internacionales para la exportación de lácteos no reaccionan e incluso en los últimos meses fueron más las malas noticias que las buenas. La leche entera en polvo cayó por debajo de US$ 3.000 la tonelada en la licitación de Fonterra de esta semana. En tanto, Conaprole –la principal industria láctea del país– bajó $ 0,25 el precio por litro de leche que paga a sus remitentes desde agosto. Esta noticia cayó como un balde de agua fría en la fase primaria que incluso pretendía que se elevara el precio para compensar la suba de costos y los números rojos que tienen muchos tambos.

Los datos crudos muestran que el número de tambos en Uruguay continúa reduciéndose, aunque la remisión a planta viene creciendo a una tasa de 6% en el acumulado enero-julio. Esto básicamente porque las explotaciones de mayor porte son las que tienen espalda para elevar sus niveles de productividad. En tanto, de yapa Conaprole está lidiando con un conflicto con su gremio que reivindica mejoras en los pagos por antigüedad y régimen laboral que le ha provocado pérdidas millonarias.  Por otro lado, la Justicia acaba de aprobar el concurso voluntario de acreedores por unos US$ 60 millones que presentó el pasado mes la sanducera Pili. El futuro de esta industria es todo una incertidumbre, porque requiere de la llegada de un inversor externo y un mayor volumen de leche para mantenerse a flote. 

Nubarrones para la ganadería

La ganadería uruguaya ha sido uno de los sectores que menos vaivenes ha sufrido en el último quinquenio, en parte porque tiene un riesgo menor frente a adversidades climáticas como el caso de la agricultura. Las exportaciones de la cadena cárnica continúan mostrando dinamismo en parte gracias al boom de la demanda china que se lleva 4 de cada 10 kg de la proteína vacuna que zarpa del puerto de Montevideo. La faena de agosto fue la más abultada desde que hay registros y las exportaciones sumaron US$ 152 millones, un crecimiento de 27% sobre igual período del año pasado.

Pese a que su contexto no luce tan desfavorable, en las últimas semanas emergieron algunos nubarrones. Turquía, el principal destino para el ganado en pie uruguayo (85%), devaluó 30% su moneda el último mes. Esto encendió una luz de alerta para la fluidez de los negocios a futuro, además de un lógico reacomodo de precios. En tanto, la fuerte devaluación argentina volvió sensiblemente más barata la carne vacuna de ese país en destinos donde Uruguay jugaba cómodo como principal abastecedor: China. Hay cortes donde los frigoríficos argentinos ofrecen US$ 200 menos por tonelada.

La agricultura busca la revancha

La agricultura de secano acaba de salir de la peor zafra de soja desde que hay registros en materia de productividad. Las pérdidas de la última cosecha del cultivo estrella de ese sector superaron los US$ 800 millones, dejaron a varios agricultores endeudados y serios problemas en las cadenas de pagos de empresas de servicios. Pese a esta mochila, el área de cultivos de invierno que hoy está en la chacras (trigo, cebada y colza) creció 10% este año a unas 460 mil ha. El clima, por ahora, viene siendo una aliado de lujo para pensar en una buena cosecha, aunque todavía resta un trecho para confirmar ese escenario.

En tanto, las perspectivas para la próxima zafra de verano todavía no están del todo claras. La encuesta de la Dirección de Estadísticas Agropecuarias de julio proyectó una caída de casi 165 mil ha en la intención de siembra de soja, a unas 934 mil ha, unas 2 mil ha menos de maíz (69 mil ha) y 5 mil ha más de sorgo (34 mil ha). En el caso de la soja, el área podría aumentar si hay condiciones de precio en los mercados internacionales que haga atractivo que los agricultores eleven la superficie a implantar. También juegan otras variables como el precio del gasoil y arrendamientos.

 

 

La madera va por otro carril

No hay dudas de que la forestación mira de afuera las dificultades que pueden atravesar otros rubros de la pecuaria nacional. Quizás por la naturaleza del negocio -los árboles no se cosechan en un año, sino en 8 o hasta 15 años-. La exportaciones de madera sumaron US$ 759 millones en el período enero-agosto y crecieron 21,5% respecto a igual período del año pasado. En el sector se estima que la superficie a forestal todavía tiene espacio para trepar de 800 mil a 1,1 millones de ha. El precio de la celulosa se mantiene firme, por encima de los US$ 650 por tonelada.

Se estima que este año la agroindustria forestal, con la celulosa como gran motor, puede generar ingresos por sus exportaciones en el orden de los US$ 1.900 millones a US$ 2.000 millones, relegando a un segundo plazo el liderazgo histórico de un rubro como la carne. Todo esto en un contexto donde el gobierno avanza para cumplir con el acuerdo que firmó con UPM para instalar una tercera pastera en Paso de los Toros, la mayor inversión en la historia del país. Esta semana el Ejecutivo dio un paso fundamental con la apertura del llamado a licitación para construir una vía férrea desde esa ciudad a Montevideo.

 

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