15 de febrero de 2015 16:13 hs

Breaking Bad, la serie de Vince Gilligan sobre un docente que química transformado en un cocinero de metanfetamina de Albuquerque, ayudó a definir la nueva época dorada de la televisión no simplemente con la fuerza de sus personajes terriblemente avasallantes, sino también gracias a su audacia visual.

En el momento en el que la televisión estaba reclamando su lugar en el panteón artístico, Breaking Bad desarrolló un claro lenguaje visual, yuxtaponiendo el naranja del desierto de Nuevo México con el azul del cielo del Sureste. A esto se sumó la metanfetamina pura de color celeste que el programa hizo famosa, el amarillo y verde de la ropa de “cocina” de Walter White (Bryan Cranston) y el verde fuerte de los químicos, para lograr un efecto tonal llamativo. De hecho, el show ayudó a varios directores a convertirse en personalidades tan famosas como sus contrapartes cinematográficas.

Eso fue un legado significativo que heredó Better Call Saul, la precuela de Breaking Bad que se estrenó el otro lunes.

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Pero desde los primeros momentos de Better Call Saul, que sigue el ascenso del abogado de Walter White, Saul Goodman (Bob Odenkirk), a su papel como el abogado más popular de Albuquerque, fue claro que Gilligan y su colega Peter Gould, no se sentían intimidados por la idea de igualar sus logros previos.

El corto en blanco y negro que sirvió como puntapié inicial para la nueva serie fue un sorprendente alejamiento del estilo de Breaking Bad.

Ver al anteriormente engreído Saul esconderse detrás de un bigote y de un trabajo en Cinnabon (una cadena de panaderías estadounidense) marcó la apuesta para el episodio que siguió: cada paso del ascenso de Saul estará eclipsado por el que ya sabemos que será su destino eventual.

En una conferencia de prensa de la Asociación de Críticos de Televisión, le pregunté a Gilligan y a Gould como planeaban distinguir a una serie de otra. Algo que para ellos era crucial era el rol de la cámara para determinar la atmósfera.

Gilligan dirigió los episodios piloto de ambos shows, “para que pudiéramos sentarnos y hablar realmente de qué es igual y qué es diferente. Una de las cosas de las que hablamos fue de cómo Breaking Bad se manejaba con cámara en mano”, explicó Gould.

Y agregó: “Siempre había un poco de movimiento. Si estabas en nuestro set, habrías visto a dos operadores de cámara con estos grandes aparatos de filmación en sus hombros. En Better Call Saul, la cámara tiende a estar más estática y bloqueada, lo que cambia la sensación que brinda. A veces da la sensación de que Saul lucha contra los bordes del plano”.

Mientras rodaba el piloto de Breaking Bad, Gilligan dijo que “pensaba en William Friedkin y en la forma en la que filmó Contacto en Francia”. Esta también se asocia con las viejas filmaciones de noticieros, “que no solo tenían la habilidad de llevar la cámara con ellos, sino también la de sostenerla tan quieta como fuera posible y aún así seguir respirando”, agregó.

“Pero estaba pensando en Friedkin. Y también pensaba mucho en Sergio Leone”, detalló el director.

Otra influencia fue Bernardo Bertolucci, particularmente su película sobre un asesinato político de 1970, El conformista. Gilligan dijo que particularmente amaba la forma en la que la película tiende a atrapar a sus personajes cuando están solos en las esquinas, una elección que incrementa la sensación de paranoia del filme.

Gould y Gilligan tienen libros de estilo, llenos de composiciones de imágenes que les gustan y de imágenes inspiradoras. Y tal como sucede en Breaking Bad, también piensan en una paleta de colores.

Ya que Saul pasa tanto tiempo en garages y oficinas, no tienen que tener el azul brillante de la increíblemente pura metanfetamina de Walter como ancla. “Tratamos de pensar en formas de usar el color en este show que tal vez fueran un poco diferentes en cuanto a la temática o a los elementos”, dijo Gould, sugiriendo que aún están buscando, “realmente todo lo que surja del personaje de Saul, de verdad, su punto de vista y cómo ve el mundo”.

Pero hacer todo bien no significa empezar desde cero cada vez. “Es muy difícil reinventar la rueda”, reconoce Gilligan. “Solo hay unos cuantos lugares donde ubicar la cámara porque, realmente, al final del día, esto” (y al decir “esto”, Gilligan enmarca su rostro con sus manos) “es todo lo que importa cuando estás contando una historia sobre personas”.

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